Gobernar.

Hemos acudido a una reciente moción de censura por parte de Podemos en contra del Gobierno de Mariano Rajoy. Se pueden sacar las conclusiones que se deseen: es razonable criticar a Iglesias ya que estaba cantado el resultado, y es razonable criticar a Rajoy en tanto no parece dar la sensación de hacer todo lo que puede contra la lacra de la corrupción. De lo que se trata es de valorar la estrategia de la moción en sí misma: ¿a quién beneficia?
Habrá que esperar hasta que pase un tiempo suficiente, aunque ya se sabe: si Podemos sube en las encuestas, la estrategia ha sido un éxito. En caso contrario, no. Sea como fuere, se han ganado unas páginas de periódico. Y es que quizás hacer oposición sea esto: lograr salir en los medios.
La alta política ha pasado de ser un medio para lograr un fin (gobernar a los miembros de una comunidad buscando el mayor beneficio conjunto) a ser un fin en sí mismo (tener el poder por el hecho de tenerlo). No es difícil observar muchos gobiernos en los que las políticas que se llevan nos dejan completamente sorprendidos ya que no son coherentes con las ideologías teóricas que dábamos como seguras. Por tener el poder, cualquier promesa se convierte en agua de borrajas en aras de un bien superior que siempre comprende tener cierto puesto.
Los puestos, los cargos. A menudo escuchamos en casos en los que existe sospecha fundada de corrupción la frase “pongo la mano en el fuego por Fulanito”. Propongo cambiar la frase por “pongo mi puesto en el aire por Fulanito”. ¿Quién lo hace? Nadie. El coste de abandonar un puesto a nivel de reputación y de pérdida de influencia es tan grande que sólo se hace por razones de fuerza mayor.
Hoy en día, vemos una competencia feroz entre los partidos, de manera que cada uno vende su relato, y mientras las ideas brillan por su ausencia. Un desastre. Y es que en el mercado de la política ocurre algo que no es válido en ningún otro: se puede mentir impunemente y se puede soltar cualquier tipo de insulto hacia otra persona u organización política (si una empresa miente acerca de las características del producto que vende o insulta a otra tiene los días contados; existe un respeto que debería ser llevado a todos los órdenes de la vida). Eso sólo tiene una explicación: la política es un mercado podrido que no cumple las condiciones teóricas de eficiencia. ¿Cómo sería la calidad de los productos que consumimos si fuese legítimo mentir acerca de los mismos? Simplemente las empresas compiten, intentan sacar bienes de más calidad a menor precio, y las que lo hacen mejor y saben adaptarse a los tiempos sobreviven, de forma que con ello logran crear un mundo que progresa. No ocurre eso con los gobiernos, ¿verdad?
Sí: gobernar es vender un relato puede ser real o ser una ficción. Pero no importa mientras suene bien. Así, “los otros” son unos corruptos, unos populistas, una izquierda o derecha rancia y trasnochada, unos nacionalistas o unos inútiles. No importa. Al final, el menos malo gana.
Esta estructura de incentivos existentes en los partidos no presagia nada positivo para el bien común, pues no es eso lo que piensan los buscadores de rentas que suelen ocupar los puestos más altos. Saben que si su jefe se va, ellos están en el mismo carro. Y los que pueden cambiar esa estructura de incentivos no lo van a hacer debido a una razón obvia y sencilla: no les interesa.
Hasta ahora se ha valorado qué es gobernar. ¿Por qué no valorar lo que debería ser gobernar?
La definición más sencilla es la siguiente: crear reglas de convivencia en las que prime la meritocracia a partir de una igualdad de oportunidades real (tristemente, el factor que mejor explica la riqueza futura de los jóvenes es la riqueza presente de los padres) de manera que nadie se quede atrás: todas las personas de la comunidad debe tener un mínimo bienestar.
Sí, lo más difícil es el cómo. ¿Por qué no intentar unas reglas?
Uno.- Respetar los aspectos más personales de cada sujeto, los cuales suelen ser la religión y la identidad. Salvo circunstancias inevitables, no se debe legislar acerca de las mismas ya que pertenecen a la esfera individual de cada individuo.
Dos.- No mentir. No es lo mismo que decir siempre la verdad.
Tres.- Ser transparente: cuentas claras. Indicar de dónde se van a obtener recursos para cumplir promesas. De hecho, en algunos países existen organismos independientes que verifican el cumplimiento de promesas a priori. Basta hacer números.
Cuatro.- Afrontar los problemas que llegarán a medio plazo sin rodeos, indicando los posibles sacrificios que se deberán afrontar para hacerlos más llevaderos.
Cinco.- No confundir el Congreso, el Parlamento o el Consistorio con un Teatro.

Dataísmo.

Hasta hace poco, los países más influyentes eran los que tenían más recursos energéticos, en especial gas y petróleo. Sin embargo, estamos asistiendo a un cambio que está revolucionando las relaciones entre las personas y por extensión, entre los países. Hoy en día, el principal activo de la economía digital son los datos. El volumen de información en circulación aumenta a un ritmo del 40% anual. Eso quiere decir que en tan sólo 20 años dicho volumen se habría multiplicado por 836,68 (matemáticamente, 1,4 elevado a 20). Otras estimaciones nos llevan a decir que en año 2020 el almacenamiento de datos será equivalente a 10 veces el número de estrellas observables en el Universo. Son cifras tan excesivas que escapan a nuestra comprensión. ¿Qué implicaciones tiene todo ello?
A nivel de relaciones internacionales, la información es poder. Y cuidado, hay muchos posibles tipos de información, no sólo la relacionada con asuntos de corrupción o interferencias externas que se hayan realizado en diferentes campañas electorales. Por ejemplo, saber cómo se produce un medicamento, tener la música de un disco que va a salir próximamente a la venta, una película que va a estrenarse (recientemente han robado una película a Disney), la fabricación de un aparato electrónico, o incluso la composición de un algoritmo.
Toda esta información está conectada en la nube, y eso nos genera una duda razonable: ¿es posible que algún malévolo terrorista pueda crear un caos en asuntos tan sensibles como las centrales nucleares, la gestión de hospitales o las cuentas bancarias? Es muy complicado, ya que existen muchos cortafuegos que avisan los centros de procesamiento para que en el caso de tener algún imprevisto se corte el flujo de información. Después de los ciberataques recibidos en muchas empresas de diferentes países, surgen dudas. Por este lado, poco más que confiar en los gestores de estos centros tan delicados para nuestros equilibrios sociales es lo que podemos hacer.
A nivel de personas, también el manejo de datos (recordemos el concepto de Big Data, el cual expresa la capacidad de procesar y manejar ingentes cantidades de datos sabiendo obtener de ellos la información más relevante) tiene un peso gigantesco. El aspecto publicitario va a cambiar cada vez más, y la evolución del marketing es un claro ejemplo de ello. Inicialmente la publicidad era genérica: “busque, compare y si encuentra algo mejor cómprelo”. Después pasó a denominarse por “targets” o segmentos de mercado particulares; por ejemplo, solteros entre 40 y 50 años con poder adquisitivo medio que vivan en ciudades. Hoy estamos en una transición a una publicidad que será completamente personalizada: según las páginas webs en las que navegamos, los “me gusta” que pinchamos en las redes sociales, los lugares a los que solemos ir y las cosas que compramos a menudo se puede predecir lo que vamos a desear en el futuro. Por esa razón muchas veces nos sorprende recibir ofertas de bienes o servicios que nos atraen sobremanera.
Por supuesto, hay más posibilidades. La salud es muy importante, cada vez existe más conciencia acerca de ella, y el manejo de datos relacionados con nosotros mismos (lo que comemos, lo que bebemos, nuestro tipo de trabajo, el tipo de deporte y el tiempo que realizamos haciéndolo, nuestros genes y otros indicadores relacionados con nuestro cuerpo) sirve para predecir la posibilidad de desarrollar una determinada enfermedad. Así, la prevención irá ganando cada vez más terreno.
Los datos relacionados con nuestras finanzas, en particular con el manejo del teléfono móvil, el coche, o los aparatos electrónicos de casa nos harán ser cada vez más eficientes en su manejo. Sabremos si por una carretera hay un atasco, o la hora a la que nos merece la pena poner en marcha la lavadora. Incluso existen aplicaciones que enseñan a ahorrar una cantidad determinada de dinero al mes, de manera que nos pueden echar la “bronca” por tomar un café de más.
No se vayan todavía, falta lo mejor. El imprescindible libro de Homo Deus (Yuval Noah Harari; Editorial Debate) nos lleva a un futuro en el que todas las ciencias se funden en una: el dataísmo. Y es que en todas las ciencias se procesa información. Se trata de unificarla. Incluso cada vez se relacionan más aspectos tan separados como la biología y la tecnología. Si se desarrollan los ordenadores cuánticos, el flujo de información alcanzará magnitudes exponenciales. Por otro lado, aparatos como el marcapasos son comunes para las personas. Los humanos podemos funcionar mejor con silicio, el silicio puede funcionar mejor con carbono.
Hoy en día, es capital seleccionar correctamente la información que recibimos. Aprender es ya más importante que el conocimiento, ya que éste lo llevamos en el móvil. Y gestionar el futuro al que nos llevan estas tendencias, comenzando por la gestión de las personas que no encontrarán su sitio en este nuevo mundo, el mayor reto al que nos enfrentamos.

El ministerio del futuro.

Existen ministerios para todos los gustos, algunos de toda la vida, como el de Defensa o el de Sanidad. Otros han ido variando con los tiempos: ¿quién no recuerda el ministerio de Igualdad, en la época de Zapatero? Por último, otros se pueden integrar (Medio Ambiente y Agricultura, por ejemplo). En fin, son diferentes estrategias de los gobernantes y cada uno de nosotros tendrá una opinión formada acerca de las posibilidades existentes en cada caso.
Lo que se propone en estas líneas es un ministerio consultivo, que sirva para adelantarse a los retos del futuro. Si los políticos toman las decisiones siempre pensando en las siguientes elecciones, ¿por qué no crear un Ministerio del Futuro que sirva para adelantarse a las nuevas tendencias sin incentivos partidistas? ¿No sería eso de gran utilidad? ¿Qué temas serían los más interesantes?
Podemos establecer 5 niveles para plantearnos el futuro que viene. El matiz es importante, ya que cada una de estas categorías contiene competencias particulares.
El nivel uno somos nosotros mismos como personas. ¿Qué retos vamos a afrontar para el futuro? En un mundo cambiante, ¿es mi puesto de trabajo seguro? ¿Cómo poder mantener un desarrollo personal (con todo lo que ello implica a nivel social y profesional) sostenible? ¿Tengo hábitos que me puedan crear malestar futuro?
El nivel dos estaría formado por las instituciones asociadas a la Comunidad Autónoma, las más renombradas, el Gobierno y los Ayuntamientos. ¿Están fomentando la convivencia social? ¿Está la formación educativa ofertada en consonancia con nuestro tejido industrial? ¿Qué empresas compiten a nivel mundial, cuáles sólo a nivel comarcal? ¿Qué sectores estratégicos existen? ¿Cómo lograr que se invierta en ellos?
El nivel tres es el de las instituciones asociadas al Gobierno Central. Existen muchos retos. Uno: pensiones. Simplemente, están quebradas. ¿Cómo afrontar ese problema? Dos: sanidad. ¿Cómo encajar el tema de que las personas viven cada vez más años aunque eso les suponga, lo cual es pura biología, más dependencia? Relacionados con los dos ejemplos anteriores estaría el tema de la demografía. Tres: energía. ¿Qué podemos hacer? A medio plazo es posible que alguna energía renovable sea la más eficiente. ¿Cuál será? ¿Qué estrategia se debe plantear? Cuatro: educación. Aquí, el equilibrio político y competencial es prioritario. Cinco: trabajo. ¿Qué se va a demandar en el futuro? Está de moda el STEM (acrónimo inglés que acoge las palabras ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas como las ramas con más posibilidades en el futuro). Seis: sostenibilidad territorial y medioambiental. Se analizan dos aspectos: evitar zonas despobladas de gran extensión, buscar equilibrio ecológico. Y no se trata sólo del cambio climático: asuntos como la biodiversidad deben ser también tenidos en cuenta.
El nivel cuatro llegaría a la Unión Europea. Aquí existen muchos aspectos a trabajar: el tema de los refugiados, regulación de la economía digital, la posibilidad de tener una política fiscal común, la creación de un superministerio de finanzas, cómo llevar la defensa conjunta de todos los países, la gestión del Brexit y las relaciones con la nueva administración norteamericana…todo se resume en un único objetivo: cerrar las competencias de la Unión Europea. ¿Por qué no hacer un gran congreso entre los países de la unión para lograrlo? Es necesario saber lo que se puede hacer y lo que no dejando claro cuándo el fracaso de una política es debido al Gobierno de turno o a Bruselas.
El nivel cinco sería global. Aquí nos encontramos con instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), la ONU, el Banco Mundial (BM) la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por cierto, las enfermedades que más matan en el mundo son la tuberculosis, el SIDA y la malaria. Pues bien, la OMS ha gastado más dinero en viajes antes que en erradicarlas. Estos organismos tienen un gran poder, y cada uno tiene su forma de gestión particular. Deberían redefinirse de cuando en cuando. Y la transparencia en su financiación y en su toma de decisiones es primordial.
¿Qué abarcaría un Ministerio del Futuro en Navarra?
Valoraría cuáles van a ser las infraestructuras que más nos van a interesar en el futuro. Tendría en cuenta el coste de oportunidad de las mismas (mejorar una vía de tren supone un dinero que se deja de gastar por otro lado). Pensaría en los estudios que se pueden implantar que generen empleabilidad. Buscaría la presión fiscal asociada al gasto público más eficiente para toda la comunidad. Llegaría a acuerdos con empresas estratégicas. Se implicaría en la vertebración territorial. Estudiaría la necesidad de potenciar las medianas empresas para no quedarnos dependiendo de unos pocos clusters.
Este Ministerio podría ser consultivo, con coste cero. Simplemente emitiría las recomendaciones que considerase pertinentes. Personas de todo tipo, destacando las de alto nivel cultural, empresarial o intelectual participarían en este órgano obteniendo a cambio una gran reputación.
Algunos países, como Suecia, ya tienen este Ministerio.
Y nosotros, ¿por qué no?

La nueva ruta de la seda.

La ruta de la seda nos evoca a los viajes de Marco Polo y al comienzo del comercio entre Oriente y Occidente. Nos recuerda viejas historias en las que los seres humanos no dejaban de disfrutar de nuevos descubrimientos, aventuras y experiencias. Hoy, en un mundo hiperconectado y con una tecnología que nos rodea allí donde vamos, poco parece que queda por descubrir. Y sin embargo, aunque parezca mentira, se está creando el germen de otra ruta de la seda. Y esta ruta puede alterar diversos aspectos relacionados con la economía mundial. Por lo tanto, debemos conocerla.
El presidente chino Xi Jinping está promocionando desde el año 2.013 la denominada “nueva ruta de la seda”. Con un fondo inicial de 40.000 millones de dólares, la idea es impulsar las infraestructuras en primera instancia de su país y posteriormente ramificarlas hacia Europa (como muestra el ejemplo de la posible conexión en tren entre Madrid y Yiwu) o a otros países asiáticos. Para que nos hagamos una idea de la magnitud del proyecto, participan 68 países, los cuales suman más de 4.000 millones de personas y acumulan el 40% del PIB mundial. Pekín espera realizar una inversión de 120.000 millones de euros por año durante el próximo lustro. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), con un capital fundacional de 100.000 millones de dólares, también influye de forma decisiva en este proyecto. Incluso dicho banco se plantea como futura competencia para dos de las entidades internacionales que más influyen en la economía mundial: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).
El fin de semana del 13 y 14 de mayo se reunieron en Pekín los países más involucrados en el proyecto. No faltó Vladimir Putin, y a nivel europeo, por diferentes razones, sólo estuvieron como mandatarios influyentes Mariano Rajoy por España, Alexis Tsripas por Grecia y Paolo Gentiloni por Italia. Desde luego, la potencia de algunas empresas españolas especializadas en infraestructuras les genera oportunidades de negocio: se necesitan carreteras, puertos, autovías, puentes, túneles, aeropuertos o conexiones de alta velocidad.
Si bien este proyecto es conocido desde hace años, sorprende la escasa relevancia con la que ha aparecido en los medios de comunicación. Y la gran implicación china nos lleva a posibles cambios influyentes en la arquitectura económica internacional. Vamos a valorarlos.
Primero, hoy en día el país que pregona el libre comercio es China. Es el mundo al revés. Países en teoría más abiertos como Gran Bretaña buscan apoyar leyes que penalicen a las empresas por contratar trabajadores extranjeros. Sólo pensar algo así hace poco nos habría parecido una discriminación insoportable. Ya no es así.
Segundo, la influencia del FMI y de BM va a disminuir. Los países que forman los BRICs (Brasil, Rusia, India y China) buscan no depender de entidades que perciben gobernadas por los “intereses occidentales”. En caso de apuro financiero es mejor depender de una entidad en la que tengo una participación activa.
Tercero, las infraestructuras favorecen la competitividad de las economías. Llevar un producto en un tiempo razonable de un lugar a otro hace que una empresa tenga más rivales en el mercado y que sólo sobrevivan las mejores. Los consumidores ganan, ya que compran más calidad a menos precio. Eso sí, se corre el riesgo de invertir más de lo debido. ¿Merece la pena un tren de alta velocidad si tiene una ocupación del 30%? Claro que no. Los estudios previos que analicen en profundidad la viabilidad de estos proyectos son imprescindibles y deben realizarse con el máximo rigor.
Cuarto, una apertura global siempre genera empresas o personas que se salen del mercado. Buscar mecanismos compensatorios para evitar desequilibrios sociales futuros es delicado y fundamental. En este contexto, no olvidemos un aspecto delicado: personas con unos privilegios enormes (estibadores) se unen con facilidad para defender sus intereses; personas en riesgo de exclusión (parados de larga duración) no tienen un foro o ámbito que les sirva para poder exigir sus demandas.
Todo esto nos está llevando el centro del mundo hacia Asia. Al paso que vamos, nosotros vamos a ser el “extremo occidente”. Esto genera unos retos enormes para la Unión Europea en general y cada país particular.
Primero y prioritario: se deben cerrar cuanto antes las competencias de las instituciones con más poder dentro de la Unión Europea. El recientemente elegido presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha pedido la creación de un superministro de finanzas europeo, a lo que Alemania ya ha dado su respuesta: no. Como sigamos así continuaremos de foro en foro hasta la irrelevancia total.
Segundo y como país, ¿nos interesa entrar en este proyecto? (Por cierto, España está entre los países fundadores del BAII). En caso afirmativo, ¿qué amenazas y oportunidades se deben tener en cuenta?
En un mundo que avanza a velocidad de vértigo, necesitamos más acciones y menos palabras. Marco Polo está al caer.

Geoeconomía.

Cómo podemos explicar la situación del mundo? ¿Se puede encajar de alguna forma la visión económica, política y social que nos rodea? Sí, se puede encajar mediante la denominada geoeconomía, “la cual aporta una visión global de las relaciones políticas internacionales, con especial énfasis en los factores económicos sin descuidar los actores no estatales” (de la introducción del libro “Los ejes del poder económico, de Eduardo Olier).
El análisis de las matemáticas enseña a desarrollar teorías a partir de unos axiomas determinados. Por ejemplo, los números naturales se definen a partir de unas reglas fijas, a partir de las cuales se generan propiedades y teoremas. Aunque parezca mentira, cada año aparecen más de 100.000 teoremas nuevos en diferentes áreas del conocimiento.
¿Por qué no intentar desarrollar unos axiomas en el área de la geoeconomía? Podrían ser los siguientes:
1.- “Los amigos y los enemigos varían, los intereses no” (palabras de un diplomático inglés a finales del siglo XIX).
2.- Vivimos en un único país: nuestro planeta. Sí, hay Estados con muchos años de antigüedad, pero otros llevan muy poco tiempo con nosotros. Hoy en día, existen entidades supranacionales que están encima: basta pensar en la Unión Europea. Muchas de las leyes a las que estamos sometidos emanan de Bruselas. A eso debemos añadir organismos como el FMI (Fondo Monetario Internacional) o los diferentes Bancos Centrales que tienen un poder enorme. Se podrá argumentar que somos un único país debido a la globalización, la cual ha generado, entre otras cosas, la denominada hiperconectividad. Pero nada más lejos de la realidad: independientemente de vivir en uno u otro país las personas siempre han podido relacionarse entre sí desde hace muchos años. Claro que hace 100 años los transportes no eran los de hoy, pero se podía viajar y comerciar con cualquier parte del mundo con la excepción lógica de las guerras o de los países con fronteras cerradas.
3.- La humanidad ha avanzado a partir de las ideas de las personas que la componen. En unos entornos es más fácil generar ideas que en otros. Desde luego, la clave consiste en traducir la idea a una tecnología, una forma de hacer las cosas, un producto o un servicio concreto.
4.- No existe ningún imperio eterno (aunque existe una gran bibliografía explicando el auge y la caída de los imperios).
5.- La duda no es una condición agradable, pero la certidumbre es un absurdo (Voltaire). En otras palabras: los tiempos cambian.
6.- Las personas responden a incentivos (esta regla explica el 90% de nuestras decisiones, según el escritor Rolf Dobelli). Parece una perogrullada, pero merece la pena tener esta regla enmarcada: el principal incentivo de un político, por ejemplo, es mantener su influencia y poder.
A partir de estos axiomas, podemos exponer las características especiales de los tiempos de hoy.
1.- Por primera vez, los imperios en forma de países se ven sustituidos por imperios en forma de empresas. No pueden pervivir durante mucho tiempo, pero sí a lo largo de varias generaciones humanas. Empresas como Google o Facebook tienen más poder que muchos países.
2.- El Estado del Bienestar ha llegado a su límite. La mayor esperanza de vida conlleva unos gastos en sanidad y en pensiones que son insostenibles a medio plazo. De manera asombrosa, la mayor parte de los Estados tienen unos desajustes en sus presupuestos públicos que están disparando la deuda llevando el sistema al colapso. Las otras posibilidades son que el crecimiento económico aumente o que el Estado de Bienestar baje sus prestaciones. No hay más.
3.- El cambio climático es una realidad demostrada a la que no le estamos aplicando las soluciones adecuadas por simple dejadez. El que venga detrás ya arreará.
4.- La mayor parte de los retos (desigualdad, mafias, terrorismo internacional, refugiados o desempleo estructural) son globales. También de manera asombrosa, muchos países se encierran en sí mismos para resolverlos.
5.- La economía digital y los avances tecnológicos nos llevan a escenarios para los que no estamos preparados debido a que las personas y a las instituciones nos cuesta adaptarnos a los cambios. Esto conlleva gran riesgo para los países que se quedan atrás.
6.- Ya no es necesario declarar una guerra para estar en guerra.
7.- Ya no sólo se lucha por territorios o recursos: la información es cada vez más valiosa.
Por último, podemos valorar cómo se están afrontando estos problemas.
1.- Búsqueda de chivos expiatorios como Bruselas, Madrid o Donald Trump.
2.- Discusiones estúpidas basadas en nacionalismos o cotilleos políticos.
3.- Aplicar teorías macroeconómicas adaptadas a un pasado que ya no existe.
4.- Populismo, autoritarismo, radicalismo.
5.- Científicos o investigadores que dedican su tiempo a buscar mejorar la vida de los demás (¿ya tienen las facilidades necesarias para ello?). También deberíamos incluir o trabajadores, funcionarios, empresarios o voluntarios sociales motivados con sus actividades.
Todos estos escenarios nos llevan a un escenario completamente impredecible.
Nada nuevo bajo el sol.

Cuentos.

Había una vez un partido político que prometió regeneración y un nuevo futuro para todos. Con un discurso lleno de emociones y un relato fascinante, el candidato, lleno de carisma, se ganó a la población de su región y así pudo alcanzar el poder. Pasado un tiempo, el nuevo presidente pareció perder contacto con la realidad. No es algo difícil, ya que en ese tipo de puestos las personas tratan a los gobernantes de otra forma. Finalmente, aparecieron asuntos de corrupción. El partido tuvo problemas y la gente, desencantada, terminó votando por otro candidato. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
La neurociencia enseña que el cerebro de los gobernantes cambia, que muchas veces se toman decisiones sin meditarlas de forma profunda y que uno puede terminar creyéndose imprescindible. Además, hay un problema añadido: los colaboradores más cercanos siempre van a persuadir a su jefe para permanecer más tiempo en el poder. Es la forma de mantener su puesto y su influencia.
Había una vez una persona que tenía un sueño: quería ser actor. Así, desde muy joven hizo lo posible para lograrlo. Sin embargo, la profesión es muy difícil. El 75% de los actores en España cobra unos sueldos ridículos, incluso existen personas dispuestas a realizarlo gratis (¿quién tiene más mérito, éstos actores o los que pasean por alfombras rojas?). No obstante, nuestro amigo perseveró. Un día, un ojeador que estaba viendo la función decidió contratarle ya que le gustó mucho su actuación. Y finalmente logró entrar en la rueda del cine y hacer películas hasta ganar un premio Goya. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Este tipo de cuentos sólo los escuchamos en boca de los ganadores. Y lo mismo vale para empresarios o personas que han salido del país en busca de un futuro mejor. Ocultan la realidad: la mayor parte de las personas no alcanzan esos sueños, ya que las barreras no son fáciles de superar. Es un problema educativo: nos preparan para triunfar y sólo vale el resultado, obviando que lo mejor está en el proceso, en saber que estamos haciendo lo que pensamos que tenemos que hacer.
Había una vez un oso que vivía en las zonas polares de Estados Unidos. Su vida es la típica de estos animales; en el verano se trata de buscar alimento, en el invierno toca hibernar a la espera de tiempo mejores. Es el ciclo de la vida que tan bien narró la estupenda película de Disney “El rey León”. No obstante, el verano parecía adelantarse. La temperatura y el medio ambiente no se adaptaban a sus hábitos naturales. El oso tuvo, pues, que cambiar su hábitat natural. Tuvo problemas de convivencia con otros animales, pero finalmente logró adaptarse y pese a todos estos avatares, hoy es un oso feliz. Colorín colorado, este cuento se ha acabado.
El cambio climático está generando cambios de hábitos en numerosos animales. Es preocupante que el nuevo presidente norteamericano (adicto a la televisión, alérgico a los libros) reitere la inexistencia del cambio climático. No hay mejor prueba para ello: muchos animales están cambiando sus hábitos de vida después de siglos repitiendo sus costumbres de siempre.
Había una vez una pareja que se enamoró cuando eran muy jóvenes. Sin embargo, la vida les dio caminos distintos. Sus ámbitos profesionales eran muy diferentes, él ingeniero, ella profesora. Además, la precaria situación laboral de su país hizo que él tuviese que emigrar. Pese a todo, el amor perduró. Por fortuna, encontraron una posibilidad de vivir juntos. Parecía, muy difícil, pero fructificó. Finalmente se casaron, fueron felices y comieron perdices. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Los cuentos de amor han idealizado la vida de pareja y han creado un triste patrón: inconscientemente, creemos que cuando llega el momento de la boda está todo hecho. Sin embargo, no es así. Es el comienzo. El amor se debe cuidar todos los días ya que cumple una curiosa propiedad: si no crece, decrece. Además, esta idealización nos hace pensar que todo amor debe ser correspondido. Y no es así. Cuando se da esa situación, simplemente podemos pensar que ese no es el amor que nos conviene. Sencillo pero muy complejo a la vez.
Había un niño que perdió sus padres en la guerra. No sabe si están muertos o se encuentran en los campamentos de refugiados en los que tantas personas que antes tenían una vida digna tristemente deambulan como zombis sin esperanza alguna. Al menos, unos tíos se hicieron cargo del pequeño. Pensaron que había una posibilidad: Europa. Era la mejor opción al precio que fuese. Así, los tíos embarcaron con el niño en una patera. Por desgracia, no pudieron llegar. Un temporal hizo volcar la embarcación y todos sus sueños yacen, desgraciadamente, en el fondo del mar. Y colorín colorado, este cuento no se ha acabado.

Expectativas.

¿Qué es más importante, lo que tenemos o lo que esperamos que podemos tener? Sin nos dan a elegir, ¿qué sensaciones tenemos? ¿Estamos buscando mantenernos o deseamos mejorar?
De todo ello tratan de las expectativas. Y sí, las expectativas importan mucho. Son de varios tipos y tal y como demostró el premio Nobel de Economía Robert Lucas, influyen de una forma fundamental incluso en el progreso de un país. Por eso existen índices basados en expectativas, como por ejemplo el índice de confianza de los consumidores o de los empresarios. Un buen indicador implica, para los primeros, que las personas están más dispuestas a ir de viaje o a cenar en un restaurante antes que disfrutar tranquilamente de la vida hogareña. Es decir, más movimiento económico. Para los empresarios eso supone una mayor inversión futura. Sea como fuere, nuestras creencias acerca del futuro influyen en el mismo de forma decisiva. Ya lo decía un asesor norteamericano del presidente George Bush: “a nosotros no nos preocupa el futuro. Lo creamos.” Eso sí, no crearon el mejor futuro posible para la zona de Irak tal y como era su pretensión.
Hay muchos tipos de expectativas. Las más simples son las que tenemos cuando vamos al cine o leemos un libro. Si nos dicen que “La la Land está genial y va a arrasar en la entrega de los Oscar” vamos a ver la película pensando que va a ser una maravilla y puede que salgamos decepcionados. Por otro lado, si nos dicen que un libro es malo pero tenemos curiosidad por el autor puede ser que al final nos parezca una delicia. Sí, es difícil abstraernos pero es aconsejable: cuando tenemos una recomendación de ese estilo lo mejor es ir con la intención de disfrutar de la experiencia. Lo mismo ocurre cuando vamos a comer a algún restaurante o a conocer un determinado país.
Más importantes son las expectativas acerca de nuestra vida futura. Son fundamentales en nuestro ánimo y espíritu. ¿Qué perspectivas tenemos? ¿Qué rango de población lo tiene peor? Por primera vez se comenta que los jóvenes pueden vivir peor que sus padres. Tiene lógica: la tasa de desempleo es preocupante. Los datos son irrefutables, y las estadísticas de los jóvenes sin estudios son desoladoras. El papel fundamental del Estado es garantizar una buena convivencia entre todas las personas que viven en el mismo. En este contexto es primordial preparar, mediante la educación, a la población para afrontar la vida futura creando valor que repercuta en el conjunto de toda la sociedad. Pero eso es un asunto que merece un análisis aparte.
Pensemos en movimientos como los del 15M. ¿Cuándo se generan? Se trata de una cuestión de expectativas: eran negativas. Pensemos en la corrupción. Se puede (no se debe) conllevar si el conjunto de la población tiene perspectivas positivas acerca de lo que les pueda venir. Pero en una situación como la actual ese no es el caso. Por esa razón es difícil aguantar tanto juicio.

Eso sí, merece la pena resaltar un aspecto curioso. Cada vez que aparece un nuevo caso de corrupción se tiene la sensación de que “ese es un asunto del pasado”, “que haya aflorado implica que los controles funcionan” y profundizando en esta argumentación, “es claro que ya no va a volver a pasar”. Sin embargo, no deja de surgir. Una y otra vez. Da que pensar acerca de la condición humana y de los incentivos que hacen que tantas personas caigan en el mismo saco. ¿Tan difícil es crear una estructura en la que sea humillante ser un corrupto?
Para comprender esta idea, pensemos en la educación y en el modelo anglosajón. En esos países los profesores se ausentan de los exámenes dejando a los alumnos solos. No copia nadie. ¿Cómo se explica? Muy fácil: si te cazan, has cometido un delito y posiblemente no puedan volver a estudiar en ninguna universidad. Por otro lado, los profesores indican en el currículum los congresos a los que han acudido sin justificante alguno. ¿Y si mienten? Su carrera académica ha terminado. Es una evidencia: las personas respondemos a incentivos.
Volviendo al 15M, estos movimientos se han generado por la sensación de que existe una clase “privilegiada” (no formada únicamente por políticos) que se está aprovechando de la situación. Hoy observamos, con preocupación, cómo muchas de las personas que iban a cambiarlo todo tenían el mismo objetivo: ingresar en esa clase privilegiada. ¿Y eso es debido a que en política sólo entra lo peor? No. Una vez más, es cuestión de incentivos. Unos hacen que salga siempre lo mejor del ser humano, otras que eso no ocurra.
Sea como fuere, las expectativas influyen en nuestra vida. Y sí, el Estado debe realizar políticas para mejorarlas. Pero también debe decir la verdad, para que así podamos crear, para nosotros mismos, nuestras mejores expectativas.
Feliz viaje hacia el futuro

Políticas macroeconómicas.

Una de las labores principales de un gobierno consiste en elegir las políticas macroeconómicas necesarias para mejorar los indicadores de “salud” de un país. En estos tiempos de alto desempleo e incierto porvenir, ¿cuáles son las políticas más adecuadas? ¿Qué instrumentos tiene un gobierno para lograr este objetivo?
Hasta hace poco, había dos posibilidades. Por un lado las políticas denominadas clásicas, las cuales consisten en estimular la oferta de bienes y servicios que se producen dentro de un país. Para ello se buscan medidas que beneficien la innovación o que reduzcan el coste de producción de las empresas (impuestos más bajos o facilidades regulatorias) ya que si todo lo que consumimos es más barato, todos ganamos. El caso estándar es el teléfono móvil: han mejorado muchísimo las prestaciones con precios semejantes a los de hace años e incluso más bajos. El problema de este tipo de políticas es que sus efectos tardan en ser visibles. Además, se busca equilibrar las cuentas del Estado para no gastar recursos adicionales en pagos de intereses debidos a la deuda.
Por otro lado están las políticas keynesianas, las cuales consisten en estimular la demanda de bienes y servicios dentro de un país. Para ello, el gobierno suele gastar dinero y endeudarse. A corto plazo son efectivas, ya que la economía se activa. A medio o largo plazo depende: puede ocurrir que el crecimiento sea suficiente para pagar los intereses de la deuda generada y en ese caso estas políticas han cumplido su cometido. Pero también puede ocurrir que después del estímulo las cosas queden como estaban…¡con una deuda superior!
No se puede olvidar que las políticas clásicas están más relacionadas con gobiernos de derechas (la prioridad es generar riqueza) y que en el segundo están más relacionadas con gobiernos de izquierdas (la prioridad es repartir la riqueza).
Por desgracia, la aplicación de estas políticas en Europa nos ha generado la peor consecuencia posible en cada caso. Las recetas clásicas (Alemania) han generado más desigualdad y las recetas keynesianas (casi todos los países han gastado más de lo que ingresaban) más deuda.
¿Qué se puede hacer, entonces? ¿Existe alguna combinación de estas políticas que pueda ser efectiva? Diferentes gobiernos han probado combinaciones de estas políticas (incluyendo aspectos comerciales).Vamos a ver varios casos.
Uno, Japón. La política ha sido expansiva a nivel monetario (el BoJ, Banco de Japón, ha introducido mucho dinero en el sistema), a nivel fiscal (más gasto público) y liberalizadora (reducción de trabas para la actividad económica). El nombre de esta política es “Abenomics” ya que la ha realizado el gobierno del primer ministro japonés, Shinzo Abe. Los resultados han sido positivos, aunque no podemos olvidar el problema demográfico del país. Y está el largo plazo, que siempre llega.
Dos, Estados Unidos. La política que va a impulsar el nuevo gobierno tiene tres ejes: un gran plan de infraestructuras, bajada generalizada de impuestos y proteccionismo económico. El nombre de esta política es “Trumpnomics”, ya que la va a realizar el gobierno de Donald Trump. Los resultados están por determinar, aunque la bolsa ha saludado estas medidas con amplias subidas (¿será una burbuja?).
Tres, países escandinavos. Se combinan las facilidades para crear riqueza por parte de las empresas con altos impuestos una vez que se ha generado dicha riqueza. Es la denominada por el analista Víctor Lapuente de forma original como “Política Bisexual”, ya que aplica fundamentos clásicos y keynesianos. Los resultados han sido muy positivos, aunque en economía siempre existen matices. Sin duda, recuerdan a la célebre “Tercera Vía” de Tony Blair en Gran Bretaña.
Cuatro, populismos de izquierdas que ofrecen limpiar la corrupción de la política de “toda la vida” y más intervencionismo por parte del Estado para evitar los desmanes que se generan en empresas de interés general (en especial en áreas relacionadas con la sanidad, la educación, la energía o la banca) debido que sólo tiene un objetivo: ganar dinero al coste que sea.
Ninguno de los dos candidatos franceses que ha pasado a la segunda vuelta está en el modelo tradicional: Fillon (derecha) y Hamon (izquierda) no superaron el corte. Marine Lepen encaja en el modelo de Estados Unidos y Emmanuel Macron encaja en el de los países escandinavos. ¿Será una tendencia global?
Se puede observar que la derecha de siempre sigue manteniendo amplia influencia general. Sin embargo, la izquierda de toda la vida, ¿dónde está? El descalabro en Francia ha sido impresionante. Su debilidad en Gran Bretaña ha generado el sorprendente adelanto electoral de Theresa May. En España, Podemos discute la hegemonía del PSOE. La izquierda necesita un nuevo relato, y lo necesita ya.
Eso sí, es posible que no sea suficiente con un nuevo relato. La ciudadanía debería percibir que el objetivo de la política es el bien común, y lo que se percibe es la búsqueda del poder y de la influencia personal.
Mal asunto.

Carl Sagan y las estrellas.

Pocas veces la ciencia ocupa las portadas de los periódicos. Sin embargo, el descubrimiento en la constelación Acuario  de una estrella enana llamada Trappist – 1, del tamaño de Júpiter, con siete planetas orbitando frente a ella  semejantes al nuestro  y de los cuales tres son especialmente prometedores para albergar vida ha merecido la atención mundial.

Antes que nada, una pequeña apreciación. Este descubrimiento ha sido realizado por un equipo internacional de astrónomos. Eso nos recuerda una evidencia: si colaboramos, podemos ser capaces de lo mejor. Si no lo hacemos y nos enfrentamos, ya se sabe lo que pasa. En una época en la que florecen populismos poco integradores que se dedican a demonizar algún grupo humano, merece la pena recordarlo.

Carl Sagan (Estados Unidos, 1934-1996) está considerado el astrónomo más famoso de la historia. Su serie de televisión “Cosmos” fue un fenómeno mundial y generó múltiples halagos. Por primera vez logró que la ciencia fuese popular; y es que  durante los años 80 muchas personas quedaron embrujadas con los misterios que encerraba el Universo. Por desgracia, cada nueva certeza científica generaba incertidumbres adicionales. Pero es la única forma que tenemos de avanzar.

Existe una cautivadora biografía de Sagan realizada por William Poundstone (Editorial Akal) donde se exponen los aspectos más humanos de su vida. Entre ellos, se pueden destacar varios. El primero y principal: Sagan tenía muy claro su propósito vital. Se trataba, simplemente, de buscar vida en otros mundos.

¿Era una locura? ¿Cómo una persona tan inteligente (el célebre escritor de ciencia ficción Isaac Asimov afirmó que sólo encontró dos personas más inteligentes que él; Carl Sagan y Marvin Minsky, investigador de inteligencia artificial fallecido en enero del año 2016)  podía volcar todo su tiempo y aptitudes a semejante idea?

La clave estaba en la ecuación de Drake, que tiene en cuenta, a partir de todas las estrellas y galaxias (la Vía Láctea es una de los dos billones, con b de barbaridad,  de galaxias estimadas en el Universo), cuántas podrían ser las civilizaciones existentes. Si bien estas estimaciones son muy complejas, científicos como Michael Shermer piensan que podrían existir 5000. Por desgracia, existen muchas dificultades para establecer contacto con extraterrestres. El primero y principal, la distancia. Trappist – 1 se encuentra a 40 años luz, aunque si la teoría de los agujeros de gusano es cierta se podría acortar el tiempo del viaje. Además, recordemos que en un viaje de este estilo el tiempo del astronauta transcurre con más lentitud de manera que a su regreso a la tierra sus familiares podrían haber fallecido. Por otro lado, puede ocurrir que otras civilizaciones estén tratando de contactar con nosotros mediante frecuencias de onda indetectables.

Cuando a Sagan le decían que  fuera de nosotros no existía vida respondía con su célebre frase, “ausencia de prueba no es prueba de ausencia”. Es decir, que no hayamos encontrado pruebas de vida extraterrestre no quiere decir que no existan. Por cierto, las dos hipótesis producen desconcierto. Si estamos solos en el Universo, ¿a qué viene tanto desperdicio? Si no estamos solos, ¿cómo son nuestros “compañeros”?

Por otro lado, en el ámbito de la investigación y en tantos otros existe un riesgo claro: se puede fracasar. ¿No es descorazonador dedicar la vida a algo que resulta no ser cierto? Pues no, ya que la recomendación de Sagan sería semejante a ésta: “si se comprueba que una teoría no sirve, cosa que ocurre a menudo, una persona se puede venir abajo. Eso es un suicidio científico: persona y teoría no son lo mismo”. De la misma forma, muchas veces confundimos un presidente de un gobierno o de una corporación con la persona. Y no, no son lo mismo. No lo olvidemos: una persona ocupa un puesto. No es el puesto. Una persona no es su dinero, ni sus posesiones, ni sus proyectos. Son cosas que cuesta disociar.

Para desarrollar ciencia e ideas la creatividad es fundamental: “con imaginación podemos llegar a sitios que no existen, sin imaginación no podemos llegar a ningún lado”. Respecto de lo que decían los líderes, lo tenía claro: “debemos cuestionar todo”. No se trata de desconfiar, se trata de tener espíritu crítico y constructivo.

Una nave espacial sacó una foto, a miles de kilómetros, de nuestro querido planeta. Sagan la valoró así. “Tal vez no haya mayor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido”.

En un mundo en el que vivimos hiperconectados y acelerados, sería conveniente, de vez en cuando, parar y escuchar señales.

En especial, aquellas que vienen de los mundos más lejanos y de nuestro ser más profundo.

Odebrecht, Banco de España y justicia.

Odebrecht es un conglomerado de empresas de ingeniería, construcción y energía. Esta empresa brasileña ha saltado recientemente a la fama por protagonizar el mayor escándalo de sobornos de la historia: ha admitido pagos de 788 millones de dólares a los partidos entre los años 2.001 y 2.016. La cifra es sobrecogedora. Asusta. Antiguos dirigentes como el expresidente de Perú, Alejandro Toledo, están acusados de cobrar cifras de unos 20 millones de dólares. Al parecer, existen muchos países implicados, en especial en América Latina. Mientras, son conocidos por todos los múltiples casos de corrupción existentes en España. Mientras tanto, recordemos que asuntos como los “papeles de Panamá” o las plataformas de ingeniería fiscal creados por los asesores financieros de las máximas estrellas del deporte siguen estando ahí. Por desgracia, han pasado al olvido.
¿En qué mundo vivimos? Cuesta comprender cómo unas personas que ya tienen todo el reconocimiento social se arriesgan a perder toda su reputación de por vida a cambio de muchos platos de lentejas.
Esto nos lleva a conclusiones importantes. Primero, todas las investigaciones en neurociencia han demostrado que el poder cambia la forma del cerebro de las personas, con lo cual la percepción que tienen del mundo que les rodea es diferente a la real. En muchos casos, se sienten autorizados para cobrar mordidas (que suelen ser para el partido) que se usan para legitimar diferentes obras públicas. Después de abandonar el cargo, cobran pastizales por conferencias donde cuentan evidencias. Segundo, de la misma forma que existe la ONU, la OMC o el FMI ya va siendo hora de crear una gran institución internacional que vele por la seguridad financiera mundial para controlar la gran cantidad de dinero que se mueve en la sombra. Y no se trata sólo de sobornos, ya que hay dos puntos más fundamentales. Uno, la regulación financiera. Si se cumplen los peores presagios Estados Unidos (ya ha dimitido el miembro del Consejo de la Reserva Federal dedicado a la regulación financiera, Daniel Tarullo) puede volver a tener una legislación semejante a la existente antes de la crisis financiera del año 2.008. No lo olvidemos: los incentivos, incentivos son. Dos, los paraísos fiscales son problemas de magnitud mundial. De la misma forma que existen guerras de divisas, pueden existir guerras fiscales para lograr que en un territorio determinado se creen empresas. Si todos los países hacen lo mismo, el Estado del bienestar se derrumbará.
¿Podemos confiar en que se va a crear una institución de este estilo? La respuesta nos la ha dado Transparencia Internacional: el 30% de los eurodiputados, al dejar el cargo, trabajan en grupos de presión (lobbies) de empresas que buscan lograr regulaciones favorables para sus intereses. Está claro, ¿no?

En nuestro país se supone que el Banco de España era la institución que se dedicaba a supervisar las diferentes actividades financieras que se realizan en la economía. Sin embargo, como es conocido, parte de la anterior ejecutiva ya está siendo investigada para saber si cumplió correctamente su papel en el caso de Bankia. Además, la unión entre los trabajadores es admirable: una recogida de firmas a favor de los altos cargos imputados, según el organismo, es algo que merece “comprensión”. ¿Para cuándo una recogida de firmas apoyando a Jordi Pujol o a Iñaki Urdangarín?
Al menos, cuando ocurren cosas de estas siempre está la justicia. Que se lo digan a Pedro Antonio Sánchez, presidente de Murcia. La fiscalía debía debatir si se le imputaba por su participación en la operación Púnica. La cuestión es que Sánchez conoció la decisión de no investigarle por parte de la Fiscalía General ¡antes! de que se haría pública. De hecho, lo adelantó él mismo en una cadena de radio. ¿Cómo puede ser? Es algo inadmisible y deplorable.
Tenemos tres problemas de arquitectura institucional gravísimos. El primero es mundial: se trata de un desequilibrio financiero (si caen los grandes bancos pagamos todos) y fiscal (las rentas medias pagan sus impuestos, las grandes fortunas declaran sus ganancias en otros lugares) enorme. Para arreglarlo, es necesaria una gran institución financiera global con más poder que el BPI (Banco de Pagos Internacional). Por desgracia, la élite que nos gobierna no parece estar interesada en solucionarlo. No podemos olvidarlo: históricamente los grandes cambios han venido dados por grandes descubrimientos científicos o por exigencias sociales (voto de las mujeres o derechos laborales). Segundo y relacionado con el asunto del Banco de España: el gran corporativismo existente en instituciones nacionales e internacionales. Eso crea ineficiencias enormes: si alguien actúa de forma inadecuada, sus compañeros le defienden rápidamente. Tercero, el tema judicial. Sí, claro que Montesquieu, en palabras de Alfonso Guerra, está muerto. Pero a veces ya da la sensación de que no se preocupan ni de disimular. Que un posible imputado adelante él mismo la decisión de la fiscalía es el colmo de los colmos.