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PROPUESTA DE ACTIVIDADES, KRATOS 18/19.

 

1.- Continuar con las reuniones mensuales en Civivox Iturrama.

2.- Próxima publicación del libro “Kratos: un camino para el gobierno interior y exterior” (ya está terminado).

3.- Continuar con la colaboración de los Design Thinking especialmente con Eusko Iskaskuntza y también con otras asociaciones.

4.- Emisión de artículos divulgativos en medios de comunicación.

5.- Próxima mesa redonda de EL MINISTERIO DEL FUTURO relacionando la demografía, la sanidad y las pensiones.

Os recuerdo el contacto más directo en javi.otazu.ojer@gmail.com

Neolengua

El concepto de Neolengua consiste en sustituir el lenguaje antiguo por otro que esté adaptado a la doctrina de un partido que ocupa el poder para evitar así formas de pensamiento que estén en contra de la doctrina que se desea imponer. Esta idea aparece en el célebre libro de 1.984, escrito por George Orwell después de la Segunda Guerra Mundial. El objeto de dicho libro es denunciar los totalitarismos mediante una distopía en la que se valora cuáles son los límites a los que podría llegar un dictador que esté gobernando un país concreto.

El título del célebre programa de televisión “Gran hermano” está basado en este libro, ya que existe un “gran ojo” (el gran hermano) que siempre está vigilando los movimientos de cada persona. En un artículo anterior (Numerati) ya valoré hasta qué punto se podían evaluar las pautas de comportamiento de una persona para poder predecir aspectos relevantes de su futuro; en especial, su voto. Ahora bien, ¿se pueden llegar a controlar los pensamientos de alguna forma? Aquí es donde aparece la neolengua. Supongamos que en los diccionarios desaparece la palabra “libertad”. Más aún: pronunciarla es delito. Pasado un tiempo, el concepto desaparece. Si la población no conoce lo que es la libertad, no va a reclamarla. Así pues, ¿cuál es la mejor forma de controlar a la población? Con un diccionario a medida. Se suprimen las palabras que no interesan, se añaden las que interesan. Fin de la historia.

¿Existe hoy en día la neolengua?

Rotundamente, sí. Ya se usa para describir conceptos dramáticos de forma más suave. Pensemos en la expresión “daño colateral”. Se da cuando en una guerra se destruyen objetivos o se matan personas por equivocación. Una guerra es siempre mala por definición, y lo que hacemos es desdramatizar el conflicto con esa expresión. En el reciente asalto a una comisaría en Cornellá por parte de Abdelouahab Taib la historia termina con el “terrorista abatido”. Es una expresión más suave que “asesinado” o “la policía lo mató”.

Aunque tiene sentido desdramatizar algunas noticias como la anterior, el problema es cuando se usa la neolengua con objetivos menos loables, como ganar influencia. Pensemos en dos palabras: machismo y feminismo. La primera está considerada un insulto, la segunda, una virtud. ¿Tiene sentido? Ninguno. Es triste pero hay que indicarlo: estar en contra del feminismo no es estar en contra de las mujeres. Es estar a favor de la igualdad, ni más ni menos. Una igualdad cuyos mayores problemas son dos. Primero, mujeres viudas con pensiones tan ridículas que necesitan ayudas de sus hijos y segundo, la dificultad de ascender en organigramas empresariales. Y es que esto del feminismo es como la solidaridad: es fácil reclamarla mientras no tenga que hacer ningún sacrificio por ella. El Presidente del Gobierno es feminista para todos los puestos menos para uno: el de Presidente del Gobierno.

El peor uso de la neolengua es el del engaño político. Los ejemplos abundan. “Vamos a subir los impuestos a los que más ganan”. Falso. Afecta a los trabajadores de altas nóminas, no a los que ganan mucho. Un empresario puede usar la ingeniería fiscal de muchas formas para evitar impuestos que considere abusivos. Un trabajador, no. Además, desincentiva el afán de mejorar a nivel laboral. Si yo gano 2000 euros en Navarra y por ir a Valencia me ofrecen 3000 es posible que el hachazo fiscal me deje tranquilito en mi casa ya que al hacer el balance ingresos/gastos (incluido el inconveniente del traslado) sale negativo.

Así, se sustituye la palabra “robo” por “okupación”. En caso de duda, consultar en el Palacio del Marqués de Rozalejo. ¿O se llamaba Gaztetxe Maravillas? ¿Qué suena mejor?

Los “parados” son ahora “desempleados”. Los “agrios debates” se convierten en “pequeños desencuentros”. Los “políticos presos” son “presos políticos”. Las personas de raza “negra” se denominan “de color” (no lo comprendo; ¿entonces las personas de raza blanca no tienen color?). Dejo a la imaginación del lector la búsqueda de expresiones usadas con el fin de manipularnos o de hacernos llevar a una conclusión predeterminada, como tema de conversación para una cena. Es más fascinante que el fútbol, la política o el corazón.

Uno de los usos más perversos de la neolengua es la mentira y falsedad económica. El tema más triste es el de las pensiones. Todos saben que están quebradas, pero no quieren decirlo. Prefieren hacer sucios pactos para mantener sus puestos. En el que firmaron el PP y el PNV sobre las pensiones (basado en postergar la aplicación del factor de sostenibilidad y de revalorización de las mismas, los cuales reducían la asignación económica) se estima, por parte de la AIReF (autoridad independiente de responsabilidad fiscal española) un coste de ¡¡400 millones de euros!! Pero como no es dinero de ellos, no les importa.

¿Decir la verdad? ¿Para qué?

Mejor usar la neolengua.

Oportunidades.

El verano va terminando, y es inevitable preguntar si realmente lo hemos aprovechado o no. Es algo consustancial al ser humano: ¿hemos dejado perder alguna oportunidad? Un antiguo ministro de israelí de exteriores argumentaba que “estos palestinos no pierden la oportunidad de dejar pasar una oportunidad”. Se trata de abandonar el contexto histórico de la frase y valorar su significado. ¿Nos pasa eso muchas veces?

Sí. Lo que ocurre es que no somos conscientes de ello al estar completamente ensimismados en nuestro mundo; aquel que construimos de acuerdo a nuestros prejuicios para usarlo como un modelo que usaremos para ajustarlo a la realidad. Los humanos somos así: en lugar adecuar la realidad a nuestra persona hacemos lo contrario.

Esta idea se entiende fácilmente en retrospectiva. Una de las críticas más acertadas que ha recibido el gobierno del PP presidido por Rajoy que disfrutó de mayoría absoluta ha sido no tomar medidas que hoy en día nos habrían venido muy bien. Opciones a nivel jurídico, sanitario, educativo, cultural o administrativas hay innumerables. ¿Qué se hizo? La reforma laboral. Siempre se mantendrá el eterno debate acerca de si se creó más empleo a cambio de una mayor precariedad para el trabajador. Son debates que no tienen fin, como el relacionado entre la seguridad y la libertad. Pero la realidad es la que es, y para el actual gobierno del PSOE ha sido, por ejemplo,  más prioritario el asunto del traslado de la tumba de Franco que derogar esta reforma (cosa que había prometido por activa y pasiva). ¿Ha sido debido a que, pese a todo, la situación de los trabajadores ha mejorado? ¿O una vez que se plantea subir el techo de gasto se piensa que no podemos contrariar más a Bruselas? No lo sé; simplemente ha sido así.

¿Qué oportunidades puede perder el gobierno de Sánchez? No muchas. El problema de aritmética parlamentaria y de estrategia electoralista por parte de los partidos que apoyaron la moción de censura le han dejado sin margen de maniobra. Por lo tanto, ¿cuál es la solución? Tomar medidas que contenten a la mayor parte de los partidos, aunque no sea lo prioritario a corto plazo. Lo importante es hacer algo.

Una de las oportunidades más importantes que estamos perdiendo es el arreglo del sistema educativo, pero eso no tiene solución posible. Nunca se hará. El partido que está en el gobierno dirá que ellos han sido los únicos en crear consenso en años gracias a su “capacidad de diálogo”. La oposición no va a permitir semejante rédito electoral al gobernante. No nos gustan las personas cerradas, y la palabra “diálogo” está de moda. Por desgracia, no se comprende que hay cuestiones que no se pueden arreglar con diálogo. Si dentro de una pareja un lado desea la separación y el otro seguir juntos, no existe arreglo posible.

Dice el proverbio chino que no vuelven ni la palabra dada, ni la flecha lanzada ni la oportunidad perdida. En el primer caso, los riesgos han aumentado: con la tecnología de hoy nos pueden grabar desde cualquier cámara oculta. Eso sí, tenemos la costumbre de grabarnos a nosotros mismos en las redes sociales. La huella digital hace que eso sea semejante a un tatuaje: una vez hecho cualquiera lo borra, ¿no? En el segundo caso, debemos tener en cuenta que hoy en día no se lanzan muchas flechas. Las técnicas armamentísticas han mejorado una barbaridad: nada como matar al mínimo coste. Faltan avances como asesinar por raza o dejar los edificios en pie (el triste intento de la bomba de neutrones) pero todo se andará. Pero se puede hacer una analogía en asuntos delicados como descuidos en trabajos de riesgo o al volante. En acciones banales como cruzar un paso de cebra con el coche llegamos a poner en riesgo nuestra vida y la de los demás.

Por último, volvamos a la oportunidad perdida. Nada hay peor que el desconsuelo producido por haber elegido una carrera profesional equivocada (sin meditarlo suficientemente), una vida matrimonial desdichada (por inercia) o un vicio que nos ha arrastrado de continuo (aunque la lista es muy larga podría empezar desde las típicas drogas hasta cualquier tipo de adicción negativa). Por eso, bueno es saber las cosas de las que se arrepienten más a menudo. La lista, no necesariamente en este orden, sería aproximadamente la siguiente.

Uno, no arriesgarse. Dos, no haber visto crecer a los hijos (la sensación de haberlos educado mal es algo que perdura para siempre). Tres, estar preocupados de tonterías sin fijarnos en lo importante.

¿Lo importante? ¿Qué es?

Sé lo que no es: ver la televisión muchas horas, comprar el Ferrari más caro o ganar más dinero que las personas que están en nuestro entorno.

Si buscamos lo que es, debemos ir a un sitio lejano y desconocido.

Nuestro interior.

Buen viaje.

Mente

Entre consulta y consulta a las pantallas que son prolongaciones de nuestro cuerpo merece la pena realizar alguna pequeña reflexión, ya que el verano es la mejor época del año para tal fin. Ya se sabe, las vacaciones. Esa época playera, de monte y sofá en la que “siempre se está bien” aunque falla un pequeño detalle: la cuarta parte de las separaciones se dan cuando termina el período de descanso. Tiene cierta lógica: todo día en común hace que aproximadamente el 80% de las decisiones deban ser consensuadas (las parejas que viven en casas separadas acuerdan el 20% de sus decisiones personales).

La reflexión trata de la mente. ¿Qué nos queda de ella? ¿Cómo podemos usarla? ¿Merece la pena externalizar capacidades de nuestro cerebro en el teléfono móvil?

Para empezar, quizás sería más adecuado decir que el teléfono móvil es una prolongación de la mente, ¿no? Al menos, evita memorizar fechas de cumpleaños, números de teléfono, el río que pasa por Sevilla o los goles que marcó Cristiano Ronaldo cuando jugaba en el Manchester United.

Podemos continuar con la definición de John Milton, según la cual “una mente es su propio lugar, y por sí sola puede hacer un cielo del infierno y un infierno del cielo”. Cuando pensamos en usar el cerebro queremos adquirir conocimientos que nos permitan adaptarnos correctamente al mundo en el que vivimos con idea (en general) de buscar un puesto de trabajo acorde a nuestras habilidades, competencias y personalidad. Pero eso, con ser importante, es algo secundario. Lo principal es adaptarnos al medio y en ese sentido el aforismo de Milton es pertinente. Existen problemas como el paro juvenil, la inmigración o el cambio climático. Ocupan, con todo merecimiento, las portadas de los medios. Sin embargo, comenzamos por un aspecto positivo que sólo recordamos cuando nos falla la salud: estamos aquí ahora. Parece poco. Es mucho.

Sí, esa idea es muy simple. Aparece en todos los libros de autoayuda. Pero para comprender su fuerza podemos usar un ejemplo revelador. Tenemos dos grupos de personas. A uno le ha tocado la lotería. Otro está formado por personas que han tenido un accidente grave y están parapléjicos. Pasado un tiempo prudencial, ¿cuál de los dos grupos es más feliz?

 

 

 

 

Parece la típica pregunta estúpida que debe tener truco, ¿no? La contestación es evidente: aquellos a los que les ha tocado la lotería. Pues no. La felicidad es la misma: cada individuo, pasado un tiempo, se adapta a lo que tiene y vuelve al nivel que en Economía de la Conducta se llama de “adaptación hedónica” (uno de los mayores expertos mundiales en este campo es Dan Ariely; a partir de sus estudios se pueden encontrar diferentes referencias para confirmar esta hipótesis y otras igual de sorprendentes). En definitiva, el principal uso de la mente es adaptarnos de la forma más adecuada a nuestros intereses. Es así: “según pienses, así serás”.

¿Cómo adaptarnos bien al mundo? Recibimos noticias y más noticias sin parar. ¿Son verdaderas o falsas? Los políticos dan mensajes, desde luego, con una orientación acusada hacia sus intereses. Lo mismo hacen los empresarios, sindicatos, grupos sociales y nosotros mismos. Así, ¿qué? Dos sugerencias. Uno, pensar en interés que tiene cada individuo. No hace falta ir muy lejos: suele estar en el bolsillo. “Es muy difícil que alguien entienda algo si su sueldo depende de que no lo entienda” (Upton Sinclair). Dos, ser observador. Está el lenguaje corporal, aspectos en los que deliberadamente no se entra, posibles incoherencias….

Un ejemplo. Muchas veces se comenta que “no se debe hablar de política”. Eso es falso, es una trampa del lenguaje. Usemos la mente: está bien debatir si es conveniente subir o bajar impuestos. Es difícil perder amistades por ello. Otra cosa es el tema de la identidad, tan emocional. Un sentimiento vasco, navarro o español no se puede cambiar de golpe. Ser de izquierdas o derechas tampoco. ¿Cómo nos comen la cabeza los políticos o las sectas? A partir de un relato entre buenos y malos. No hay más.

El móvil debe ser un complemento de la mente y un instrumento de consulta (nos ayuda a orientarnos en la carretera, a saber el tiempo, a seguir las noticias o incluso a ayudarnos en el trabajo). También es útil su aspecto lúdico: nos permite múltiples opciones de entretenimiento. Pero ahí es donde debe quedar; en caso contrario, terminaremos al revés: la prolongación del móvil seremos nosotros.

De ahí se deduce que las capacidades de nuestro cerebro a externalizar son  las referidas en el párrafo anterior. Y punto. Como todo órgano o máquina, lo que no se usa tiende a oxidarse o romperse. Y no podemos permitirnos perder capacidades como la imaginación, creatividad, trabajo en grupo, vida social, sentido del humor o nivel espiritual.

Aprovechemos el verano para trabajarlas. En todas ellas es donde están incluidos los trabajos del futuro.

Responsabilidad.

El pasado 6 de agosto aparecía en la sección “La frase” de este periódico la siguiente idea de Stanley Milgram: “La desaparición del sentido de responsabilidad es la mayor consecuencia de la sumisión a la autoridad”. Pensando en  asuntos tan candentes del verano como la inmigración, las políticas del nuevo gobierno de Sánchez o incluso la polémica relacionada con el máster de Pablo Casado, llegué a la conclusión de que, en efecto, vivimos con una sumisión total a la autoridad.

Antes de desarrollar esa idea, merece la pena resaltar la figura de Stanley Milgram. Fue un reputado científico social de la segunda mitad del siglo XX, que entre otras cosas se dedicaba a realizar experimentos sorprendentes que permitían comprender lo más profundo del comportamiento humano. El ejemplo más famoso es el de la obediencia a la autoridad. Entre otros objetivos, se trataba de comprender la razón por la que seguimos directrices que entran en colisión con nuestra conciencia.

En dicho experimento, existe un único participante, siendo el resto de las personas simples actores. A unos alumnos se les hacen preguntas sencillas de manera que si no saben la respuesta una autoridad ordena al “conejillo de indias” que aplique una pequeña descarga eléctrica para que en otra ocasión estén más espabilados. Por lo tanto, más preguntas sin respuesta implican más descargas eléctricas (en un sentido figurado: por mucho que grite el alumno es simple teatro ya que las descargas son falsas) las cuales podrían atentar muy gravemente a la salud de los alumnos incultos.

Supongamos que preguntan la capital de Francia y se contesta Moscú. Descarga eléctrica. Preguntan cuestiones como “en una playa hay 25 cocos y un mono se lleva todos menos 7. ¿Cuántos quedan?”. Si se contesta 18, nueva descarga (obviamente, se quedan 7 cocos). Y así sucesivamente.

Los resultados del experimento fueron desalentadores. El 65% de los participantes aplicaba descargas que en teoría podían incluso dejar sin vida a los alumnos. Además, replicaciones del experimento realizados en otros momentos del tiempo y en  lugares diferentes proporcionan porcentajes muy semejantes.

La idea original era comprender la razón por la que tantas personas participaron de forma activa en el holocausto nazi. En general, se trataba de una simple sumisión a la autoridad. ¿Razones? Aunque dejamos eso para los expertos, hay dos principales. Primero, la responsabilidad es de la autoridad, “yo me limito a seguir órdenes”. La segunda, cuando todos están haciendo lo mismo, “no puedo fallar a mis compañeros”. Bonito panorama, ¿no?

Milgram realizó tantos experimentos de este estilo que un 22 de noviembre del año 1.963 comentó a sus alumnos que habían asesinado a Kennedy. No le tomaron en serio; pensaron que era un invento más.

¿Podemos afirmar que hemos abandonado responsabilidades como ciudadanos debido a la sumisión a la autoridad? Rotundamente, sí. Otorgamos una fuerza inusitada al Estado en todos aspectos de la vida. Sobre todo para lo malo, muy poco para lo bueno. Así, no interiorizamos que podemos mejorar nuestra comunidad con pequeñas acciones. Existe un mar de ejemplos que sirve para simbolizar esta idea.

Pensiones: deben aumentar. Falso. No hay dinero, lo que deben hacer los gobiernos es decir que el sistema está quebrado para buscar mejoras soluciones en el ámbito público y por supuesto, privado.

Trabajo: deberían ofrecer más puestos. Falso. La responsabilidad del gobierno es equilibrar el sistema educativo con el mercado laboral y dotar a las empresas y trabajadores de un marco regulatorio que genere los incentivos adecuados. La responsabilidad de la persona es realizar una formación que le otorgue competencias en equilibrio con su personalidad, habilidades y deseos para generar valor a la sociedad.

Inmigración: es fácil decir que debemos ayudarlos. Pero que sea con el dinero del gobierno, ¿no? Eso está muy bien siempre y cuando el recorte no me afecte a mí. No puede ser. No obstante, se debe valorar la gran cantidad de voluntarios que ofrecen tiempo, dinero y hogares para ayudar a las personas que vienen aquí en busca de un futuro (no de un futuro mejor; ese concepto no existe en su tierra).

Incendios: la culpa es del gobierno, ya que no hay bomberos donde comienzan los focos. Por desgracia, los recursos son limitados. Y sí, es cierto que en este ámbito han existido recortes. Pero hay opciones jurídicas: la mejor, una multa sideral. Sin olvidar nuestro papel individual: debemos ser muy cuidadosos con nuestros actos.

Nuevas políticas, Máster de Casado: el gobierno de Sánchez ha batido el récord de nuevas colocaciones en personas sin capacitación para diversos puestos públicos aumentando, además, los gastos administrativos. Por otro lado, la universidad del famoso Máster daba facilidades a “personas públicas” (es una forma, triste, de vender un centro educativo: “aquí estudió Fulanito”). ¿Qué es más grave?

Lo más grave es que echamos las culpas a los gobiernos de lo que pasa y con eso nos abandonamos llegando a permitir privilegios inadmisibles a la “casta”.

Tampoco puede ser.

Es nuestra responsabilidad.

Tonterías.

“Tonto es el que hace tonterías”. ¿Quién no recuerda esa famosa frase de la película Forrest Gump (1994)? Entonces y para aprovechar la suavidad de la expresión, ¿cuáles son las tonterías más comunes hoy? Bueno será valorarlas ya que si hay una época proclive para realizarlas esa es, precisamente, el verano.

Una de las tonterías más sorprendentes es la de una “Influencer” que estuvo 8 meses seguidos dejándose crecer el pelo sin que se lo cortasen. Fascinante, ¿no? Claro que sí. Pocas cosas más apasionantes se me ocurren que ver cómo le crece a alguien su cabellera.

Entonces, ¿podemos considerar a la persona que se deja crecer el pelo como tonta? No. En realidad, lo que ha hecho es una apuesta. Una apuesta temporal. De ocho meses, exactamente. Se ha dejado crecer el pelo para adquirir fama (y lo ha logrado, ya que en caso contrario no estaría escribiendo acerca de ella).  Es evidente que por cada tontería que se publicita un mínimo de cien no lo hacen. Pero así es el mundo de las redes sociales. La mayor parte de las tonterías  se hacen para dar que hablar, sea en la familia, amigos o Internet. En conclusión, la frase de Forrest Gump ha dejado de ser cierta en el mundo de las redes sociales. Ya se sabe, son los tiempos, cada vez cambian de forma más rápida.

Otro tema de actualidad es el de las pseudociencias. Se está realizando una nueva campaña para otorgar más valor a la medicina tradicional en lugar de otras como la homeopatía o acupuntura. ¿Podemos considerar que es una tontería acudir a uno de estos medios para curar una enfermedad? ¿Tiene sentido ir a un vidente para poder predecir nuestro futuro?

Antes de contestar a estas preguntas, deberíamos valorar dos aspectos fundamentales para cada una. En el caso de la enfermedad, está el tema de los placebos. Un placebo es una supuesta medicina para el enfermo que no es tal. Lógicamente, cuando se conoce el tratamiento concreto para una determinada dolencia no se usan los placebos por razones éticas. Sin embargo, su uso es muy útil en investigaciones médicas para probar diferentes tratamientos que permitan curar una enfermedad concreta. Así se compara el  resultado del placebo y el tratamiento, para valorar si el nuevo método es adecuado. En término estadísticos, si las diferencias son significativas se considera el nuevo medicamento como válido. Eso sí, son necesarias diferentes pruebas adicionales para salir al mercado.

 

 

 

Respecto a la pregunta del futuro, lo relevante es  el denominado “efecto Pigmalión” debido al cual cuando nos dicen lo que nos va a ocurrir comenzamos a pensar en ello y tomamos las medidas (consciente o inconscientemente) que nos permitan llegar a lo que ha dicho el vidente. No siempre ocurre, pero cuando aciertan es por eso. Está testada la imposibilidad de hacer predicciones. En caso de duda, consultar cómo estaba hace dos años el mercado de futuros del petróleo (y aquí hay millones de supuestos videntes) y el precio del barril a día de hoy.

Sea en el tema de la enfermedad o el del futuro, la evidencia empírica demuestra que el primer caso suele ser un placebo y el segundo una serie de pautas de comportamiento adquiridas de forma inconsciente que nos llevan a que se cumpla la predicción. Un ejemplo. Supongamos que un vidente nos dice que nos van a despedir. En ese caso estaremos menos motivados en el trabajo, más desganados y realizaremos peor nuestro desempeño. Es muy posible que, precisamente, ¡nos despidan por eso!.

En cualquier caso, no estamos haciendo tonterías. Lo que ocurre es que nos cuesta admitir la realidad y es mejor la fantasía. Deseamos creer en posibles curas milagrosas o en que el destino está escrito (bueno, quizás esté escrito, pero ¡depende de nuestros actos!). Y por eso acudimos a esos lugares. En caso de duda, consultar las promesas electorales de los partidos populistas.

¿Es una tontería hacernos un selfie a 200 kilómetros por hora? No. Así fardamos con los amigos. ¿Es una tontería  insultar y faltar a los familiares o adversarios políticos y empresariales? No. Es una estrategia basada en un principio: “cuando el río suena, agua lleva”. Nos sirve para alimentar a nuestro ego. ¿Es una tontería decir “Europa es mi enemigo” (Trump)? No. Es un juego de sumas y restas que nos permite llegar a un nuevo aliado. ¿Es una tontería comer y beber en exceso durante el verano? No. Después de un año de duro trabajo, nos lo hemos ganado.

Entonces, ¿nunca hacemos tonterías?

En términos de la economía tradicional, no. Todo lo que hacemos tiene un porqué y una razón lógica, aunque sean apuestas de riesgo a corto plazo (el selfie) o a largo plazo (tomar actitudes que atenten contra nuestra salud).

Sin embargo, en términos de economía de la conducta y sentido común, este artículo está lleno de tonterías.

Confianza.

Uno de los ingredientes más importantes para que funcione de forma adecuada la convivencia entre los individuos de una sociedad es la confianza. De hecho, un estudio famoso para comprender las razones por las cuales el norte de Italia es mucho más rico que el sur dio a entender que la característica fundamental era la confianza entre las personas. Y es cierto: una pareja, el consejo de administración de una empresa o una cuadrilla de amigos funcionan mejor con el pegamento que nos proporciona saber que podemos confiar en el otro.

¿Cómo generar pues, esa confianza? ¿Cuándo es necesaria? ¿Cuándo no?

En las operaciones de compra venta de bienes en los que se observan claramente las características del producto que adquirimos no hay problema alguno. Sí, puede que una manzana tenga algún gusano dentro, pero eso no es habitual. Lo único, se debe tener cuidado con el intercambio monetario. No es grave que nos devuelvan de más, pero si nos devuelven de menos nos enfadamos. Si bien estos desajustes se deben a errores, sea en uno u otro sentido, una operación económica en la que los números no son acordes a lo pactado (y a sabiendas) se convierte en un simple robo.

Existen bienes que vamos a usar durante un largo período de tiempo que pueden no cumplir las características pactadas, como por ejemplo un coche (en especial de segunda mano). Ese problema se arregla con el uso de garantías. En este sentido, mucho cuidado con los seguros que nos venden en los teléfonos móviles; cubren pocas cosas, y muchas de ellas ya están dentro de la garantía. Los contratos de telefonía móvil se pueden considerar de “suministro” ya que pagamos una cantidad fija o variable, según nos parezca más conveniente, al mes. Cabe reprochar el funcionamiento de algunos servicios de atención al cliente, los cuales parecen tener la intención de hacernos desistir a no ser que estemos muy molestos por algo que no funciona.

En el ámbito de los servicios un tema delicado son los viajes: ¿y si el hotel de destino está más  lejos de lo que pensábamos de la playa? Aquí Internet es una ayuda fundamental: podemos comprobar la ubicación exacta, incluso se pueden estudiar las valoraciones de los diferentes clientes que hayan tenido una experiencia semejante a la que deseamos vivir.

Las operaciones empresariales con otros países son más delicadas. El papel de organismos públicos o privados como papel de intermediarios se antoja fundamental para evitar estafas o desajustes debidos a diferencias culturales.

¿Cómo está la confianza entre la sociedad y los partidos políticos? No existe. Pedro Sánchez prometió elecciones inmediatas y lo que ha hecho es montar en un mes el mayor aparato de altos cargos en la historia de la Moncloa (“El Mundo”, 8 de julio). Eso sí que ha sido inmediato.

Este es un tema que a nivel social genera hartazgo y peor todavía, impotencia y resignación. ¿Para cuándo medidas que penalicen este tipo de promesas?

Para confianza nula, la que tienen los partidos entre sí. Que se lo pregunten al PP con el PNV, que nada más aprobar los presupuestos del Estado decide dar la “patada” al gobierno de Rajoy con la famosa moción de censura. Lo que enseña esta historia que incluso la “noble palabra vasca” tiene su precio. Y que todo son estrategias. No hace falta irse muy lejos: basta analizar el último ajuste del ayuntamiento de Pamplona. Es lo que hay: cuando falta un año para las elecciones municipales y autonómicas, lo que se hace es campaña electoral.  La gestión, que es lo importante para los ciudadanos, pasa a un segundo plano.

A nivel internacional, la última cumbre de Trump y Putin en Helsinki ha dado mucho que hablar. Lo que son las palabras: para el presidente norteamericano Europa pasa a ser el “enemigo” (comercial, menos mal) y Rusia “un buen competidor”. En este contexto, Angela Merkel piensa que “ya no se puede confiar en Estados Unidos”. Sí, vienen nuevos tiempos para la diplomacia. Pero en este ámbito, nada ha cambiado. La única ley que funciona es la de la selva: el más fuerte es el que gana. Si algún contrato no me gusta, como el de Irán, lo tiro al vertedero. Viva el libre comercio siempre que cumpla una condición: que sea en mi beneficio. En fin, el mundo es así. Las personas somos así. Nos importan nuestros intereses.

En términos europeos y con un Brexit que conlleva una dificultad extrema, la única solución es crear mecanismos institucionales más fuertes que permitan una Unión más sólida. Pero aquí aparecen los intereses particulares de los gobernantes europeos, interesados en buscar relatos que culpen a otros de las dificultades económicas que tienen.

La realidad es que la única forma de funcionar es buscar incentivos que fomenten la confianza cuándo ésta no sale por sí sola. Así podemos evitar una característica muy curiosa de la confianza.

Sólo se pierde una vez.

Fantasía está en peligro.

En el inolvidable libro de “La historia interminable” (Michael Ende) se entremezclan a la vez el mundo de la imaginación de Atreyu y el mundo de la realidad de Bastián. Como argumento central, la Emperatriz Infantil tiene un problema: Fantasía está en peligro. La Nada está conquistando el país, y por lo tanto se ve obligada a formar un gabinete de urgencia en su residencia, el Palacio de Marfil (hoy se usa esa expresión para indicar que un gobernante está ajeno a la realidad, escuchando tan sólo a sus asesores y palmeros). El objetivo es evitar que Fantasía desaparezca.

Verano del año 2.018. Como siempre, la sociedad tiene muchos retos. Desde profundizar en la imagen  de nuestras fiestas de San Fermín (con la reputación tocada  por alguna manada) hasta cuestiones globales como la gestión de la llegada de inmigrantes a las costas europeas. Cuando observamos las soluciones que se proponen para algunos de los problemas no puedo dejar de pensar que, efectivamente, Fantasía está en peligro. ¿Dónde tenemos la imaginación?

La mayor parte de la información que necesitamos ha quedado recluida en pantallas, ideologías, algoritmos y teléfonos móviles. Las pantallas nos atontan. Las ideologías generan soluciones rígidas (subir impuestos a los que más ganan, bajar impuestos para que así los empresarios puedan crear más riqueza para todos). ¿Dónde están las ideas aplicadas a nuestros ideales? Los algoritmos están en muchas aplicaciones de nuestro móvil, y los usamos para todo. Desde las búsquedas de Google hasta la orientación por una carretera, la inversión en bolsa o el tiempo de espera de autobuses. Los teléfonos móviles los usamos como prolongación del cerebro, dejándolo dormido. Hoy no recordamos ni fechas de cumpleaños, ni números de teléfono, ni citas de trabajo ni la capital de Burkina Faso. Todo está en el móvil.

Cuando buscamos soluciones para los problemas de hoy, la mayor parte de los políticos dicen lo que hay que hacer: mejorar la sanidad y la educación, contener la inmigración o subir las pensiones. Por desgracia, nadie dice cómo hacerlo. ¿Por qué? Necesitamos dinero. Aparece el trilema.

Todo recurso económico (esto vale para cualquier institución pública, privada, una familia o una persona individual) que necesitemos se puede obtener de tres formas. Uno, aumentado ingresos (más impuestos, ganar más salario). Dos, quitando de otro lado. Tres, endeudándose (lo que supondrá un coste en intereses, y por cierto, más pronto que tarde los tipos van a empezar a subir). No hay más posibilidades. Son tres. Un trilema. Por lo tanto, cuando se vaya a tomar una medida económica, que digan por favor cómo se va a financiar.

 

Existe la posibilidad de implantar medidas jurídicas, y así se puede cambiar la reforma laboral, la situación de los presos o la ley mordaza. Pero la mayor parte de los problemas se solucionan con cargo a presupuestos. El mundo sigue este patrón; “si tienes dinero, tienes dinero. Si no tienes dinero, tienes un problema”. Y el Estado de bienestar de hoy tiene un problema: está muy lejos de cubrir todas las demandas sociales, aunque nos quieran decir lo contrario.

Por lo tanto, vamos al mundo de Fantasía.

Respecto de nuestras fiestas, debemos tener en cuenta que la mente humana funciona por heurísticas. Es decir, asocia San Fermín a unas pocas palabras que son  toros, juerga y últimamente (aunque las estadísticas comparadas con otras fiestas digan lo contrario)  violencia sexual. Desde luego, no ayuda que en las entradas de Pamplona haya carteles diciendo que “estamos contra las agresiones sexistas” (¿qué ciudad está a favor?). La difusión de historias positivas de personas que hayan disfrutado de la fiesta es fundamental  para revertir la situación.

Respecto de las pensiones, se podría decir la verdad. El experto José Antonio Herce ha demostrado que las personas que se jubilan ahora han cotizado para 12 años y se les va a regalar 10 años más. ¿Es eso justo? ¿Es sostenible? Se puede indicar a cada persona su pensión si sigue cobrando lo mismo (para que sea más consciente de su futuro). Serán necesarios reajustes de impuestos para cubrir el déficit de la seguridad social (el IVA es muy aprovechable). Se deben estudiar casos en los que se cobran cantidades enormes y minúsculas (en pensiones de viudedad se dan las dos posibilidades).

Respecto de la inmigración: recursos para los países de origen. Penas durísimas para las mafias. Campañas de adopción (existe mucha demanda) para niños que se encuentren sin recursos. Búsqueda de familias que deseen acoger inmigrantes durante cierto tiempo. Ampliación de la coordinación entre policías y gobiernos europeos.

Respecto del paro: contrato único y sencillo. Ventanilla directa de creación de empresas. Planes de colaboración público privada. Ministerio del futuro para adelantarnos a tendencias sociales y económicas.

Respecto de nosotros mismos: volar, imaginar, volver a ser niños, leer y  soñar recordando que “detrás de la actitud de cada uno está el destino de todos” (Alejandro Magno).

Autoridad.

¿Qué personas tienen autoridad sobre otras? ¿Cómo podemos evaluar de forma correcta la autoridad que debe tener un juez, policía, profesor, padre, madre sobre otras personas? Además, existe un problema en doble sentido. ¿Cómo evitar abusos? ¿Cómo hacer que se cumplan las normas?

Es muy difícil que el lector no haya tenido ningún debate personal acerca de los dos asuntos judiciales más polémicos a día de hoy: el juicio de la manada y el asunto de Alsasua. En ambos casos la autoridad judicial ha quedado en entredicho. ¿Cómo nace la misma? ¿Podemos dudar de los jueces? Y las actitudes y quejas de representantes del Gobierno, ¿tienen su razón de ser debido a la supuesta injusticia que perciben? ¿O deberían haberse aguantado y respetar la separación de poderes?

El conflicto es inevitable al ser humano. Por lo tanto, es necesario un sistema efectivo para dirimir los desencuentros existentes entre personas, instituciones, colectivos sociales o empresas. Para que ese sistema cumpla su cometido debemos dotar de autoridad a los que deben decidir: los jueces. No obstante, una resolución judicial siempre deja alguna parte descontenta. En un caso extremo, estas resoluciones generan nuevos conflictos.  Por ejemplo,  cuando se dan recusaciones o se acuden a otras instancias. Entramos así en un círculo vicioso que evita la resolución del  problema inicial  dejando otros en la “bandeja de salida”. Así es como nos encontramos ahora, con un sistema judicial saturado que pide (menuda sorpresa) más recursos económicos. Tiene compañía: lo mismo ocurre en educación, defensa, sanidad, dependencia….resumiendo, en todas las partidas dotadas de presupuesto gubernamental. Es un tema cultural sujeto a la siguiente frase: “el no ya lo tengo”.

Si dudamos de los jueces, dudamos de todo el sistema. Por eso el castigo que tienen cuando no actúan de acuerdo a la ley es enorme: se juegan su carrera profesional de por vida. Así que un poco de cuidado se supone que tendrán, ¿no?

En el caso de la manada, el problema es la presunción de inocencia. Se supone que alguien es inocente mientras no se demuestre lo contrario, y por lo tanto ante la más mínima duda, no se condena a la persona. ¿Qué nuestro sistema es demasiado garantista? Posiblemente. ¿Qué en casos de violación un sospechoso debería ir a la cárcel debido a la durísima experiencia que sufre una persona violada y que además le puede crear traumas de por vida? Se debate. Que los partidos acuerden la solución y se cambia la ley. Punto. Pero lo fácil es hacer electoralismo barato y salir a la calle. El papel del juez es hacer cumplir la ley. El del político: redactar, discutir y consensuar  la ley en su ámbito de actuación: el Parlamento. No hay otro sitio.

 

Respecto del tema del juicio de Alsasua, la idea anterior se repite. Si la ley es muy dura, se cambia. Si el juez se ha extralimitado en la condena debido a prejuicios o ideologías, instancias superiores se encargarán de castigarlo. Que nadie lo hace, dos posibilidades. Puede ser que, pese a todo, la interpretación del caso respecto de la ley no sea incorrecta. Otra opción: el sistema es un completo estercolero y el corporativismo cumple otra ley, “hoy por ti, mañana por mí”. Pero ahí radica una de las ventajas de pertenecer a la Unión Europea: muchas veces existen instancias superiores a las que se puede acudir en busca de justicia.

Necesitamos reglas. Reglas sencillas, claras y que se puedan interpretar con facilidad. Es difícil determinar aquí la palabra “reglas justas”, ya que este concepto es subjetivo. Lo que para unos está bien, para otros no lo está. Solo los debates que han generado asuntos como la presión permanente revisable sirven para dar cuenta de ello.

Las otras autoridades están más especificadas, y cada una tiene sus problemas. A nivel policial las dificultades son el abuso (ya se sabe, el Estado tiene el monopolio de la fuerza). En el caso de los profesores, el respeto y la permisividad de los padres respecto de los hijos. Es curioso: hace años, en caso de conflicto entre el alumno y el  profesor la presunción de inocencia era para el profesor. Ahora, es para el alumno. Cosas de los nuevos tiempos. En la relación entre padres e hijos, tres cuartos de lo mismo. Existe una regla sin la cual nada tiene valor: el respeto. Cuando no existe, todo ha terminado.

¿Y los políticos? ¿Se les respeta?

Aquí la situación es todavía más extraña. Cuando se habla de ellos, los comentarios son negativos: “sólo piensan en sí mismos y en coger todo lo que puedan”. Cuando se les ve, la cosa cambia “tengo un amigo parlamentario”, “he estado con el presidente del partido X, cuánto gana en las distancias cortas”.

Eso sí, en un mundo en el que la sobreinformación nos genera dudas e incertidumbres, una autoridad es imprescindible.

La de los medios de comunicación.

VERANO, KAIZEN.

Ante la llegada del verano, promovemos ideas de mejora continua para todos recordando, previamente, las siguientes novedades:

1.- Hemos creado reuniones periódicas para comentar asuntos de interés en grupos transversales, de los que posteriormente se sacarán las conclusiones pertinentes. El jueves 28 de junio hablaremos del DESPOTISMO BLANDO.

2.- Después del éxito de la primera cita del “Ministerio del Futuro: ¿dónde emprender?” se va a abordar el tema de la posible SANIDAD SOSTENIBLE (es un asunto entroncado con las pensiones, la demografía en incluso la despoblación de los pueblos) en una charla que se hará entre septiembre y mayo. Informaremos de todo lo que vayamos a hacer.

3.- Nos comprometemos a restaurar la publicación en la web de todos LOS ARTÍCULOS DE DIVULGACIÓN que miembros de la asociación han ido publicando en diferentes medios.

4.- Recordamos la responsabilidad individual que tenemos todos en la creación de un mundo mejor ya que “Tras la conducta de cada uno está el destino de todos” (Alejandro Magno).

5.- Recordamos también la posibilidad de establecer un contacto directo mediante el correo javi.otazu.ojer@gmail.com

Kaizen es un concepto japonés llamado “mejora continua” aplicado, en un principio, a la gestión empresarial. Sin embargo, la idea fue cogiendo fuerza hasta desarrollarse en diferentes ámbitos, en particular, en el personal. Es decir, en la mejora continua de los seres humanos. Eso nos permite contestar a la típica pregunta de cortesía “¿cómo estás?” con “peor que mañana” en lugar de con la respuesta habitual: “bien sin entrar en detalles”.

            ¿Qué conceptos de kaizen podemos aplicar a nuestra vida cotidiana? Una respuesta divertida puede ser resumir este tipo de sabiduría en aforismos de manera que cada cual pueda elegir el que más le guste. Además, no olvidemos otra cosa: la mejora personal continua revierte en todo nuestro microcosmos: la familia, los amigos, la empresa donde trabajamos u otro tipo de relaciones sociales.

            Comenzamos por John Milton: “el que domina sus pasiones, sus deseos y sus temores es más que un rey”. En sí mismo, el autocontrol parece fundamental ya que nos predispone a no dar lo peor de nosotros mismos. Buen inicio.

            Para poder progresar, debemos conocer la influencia de nuestras costumbres: “primero hacemos nuestros hábitos y después nuestros hábitos nos hacen a nosotros mismos” (John Dryden). Así, es muy útil aplicar el gran consejo del reputado científico, ya fallecido, Stephen Jay Gould: “cambiar imperceptiblemente los acontecimientos iniciales, tan imperceptiblemente que pueda parecer de momento que no tiene la mínima importancia y la evolución se desarrollará en una dirección totalmente diferente”. La idea es válida para personas, empresas y todo lo relacionado con el cambio climático.

            Si bien los hábitos tienen un toque de elección personal, los de Charles Dickens son muy valiosos: “nunca hubiera podido hacer lo que hice sin los hábitos de la puntualidad, el orden y la diligencia o sin la determinación de concentrarme en un solo tema a la vez”.

            No obstante, también es útil cambiar la perspectiva de las cosas: “el verdadero viaje del descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes si no en mirarlo todo con ojos nuevos (Marcel Proust). Además, no es lo mismo la realidad exterior que nuestra percepción de la misma: no es lo que pasa. Es lo que hacemos con lo que nos pasa. Refinando estas palabras, “según pienses, así serás” (Wayne Dyer).

            La imaginación es algo circunstancial al ser humano. En un mundo cada vez más enlatado por nuevas tecnologías hemos olvidado los sueños, los cuentos y las historias. Y es que nos lo recordaba el gran astrónomo Carl Sagan: “con imaginación podemos llegar a mundos que nunca existieron pero sin imaginación no podemos llegar a ninguna parte”. Sólo así se desarrollan ideas creativas que permiten avanzar en términos tecnológicos, humanos y sociales. Siempre me llama la atención el asunto de las ruedas de las maletas. Ahora es normal verlas en los aeropuertos, sin embargo hace años no era así. Costó tiempo generar la idea. Hacía falta imaginación, ver las cosas de otra forma, salir de nuestra zona de confort.

            En el camino que nos lleva a desarrollar todo nuestro potencial, es necesario dar lo mejor de nosotros mismos ya que “dar algo menos de ti es sacrificar el don”. No obstante, los resultados no son siempre los esperados. La sociedad no nos ha preparado para ello, ya que sólo vemos entrevistas en diferentes medios de comunicación a personas que han triunfado y siempre dan las mismas recetas: “trabaja, pelea, levántate cuando te caigas y seguro que se cumplirán tus sueños”. Sin duda, los de ellos se han cumplido. Otras personas que han trabajado como ellos quizás no han tenido esa suerte. Por eso, Martín Caparrós nos recomienda que “sería bueno separar la acción de los resultados de la acción. No hacer lo que quiero por la posibilidad del resultado; hacerlo por la necesidad de la acción, porque no me soporto si no lo hago”.

            Vivimos en un mundo cambiante al que cuesta adaptarse. El futuro no es el que era. Aparecen nuevas amenazas, nuevas oportunidades, nuevas posibilidades, nuevos retos. Comprender cómo funciona todo a nuestro alrededor es básico ya que como dijo Einstein, “primero debes aprender las reglas. Y después, jugar mejor que nadie”. Muchos consejos nos daba este gran científico, al cual podemos homenajear después del descubrimiento de las ondas gravitacionales: “la vida es como andar en bicicleta, si no pedaleas te caes”, “es de locos pensar que van a cambiar los resultados si seguimos haciendo lo mismo”  o “no podemos resolver los problemas existentes con el mismo enfoque mental que teníamos cuando los creamos”.

            Pero sea de una u otra forma, podemos resumir estas ideas, con una cita de una de las personas que más ha hecho por nuestra imaginación: J.R.Tolkien: “Sólo podemos decidir una cosa: qué hacer con el tiempo que se nos ha dado” (El Señor de los Anillos).