Todas las entradas de: Javier Otazu

DOCTRINAS.

Comenzamos un apasionante año dando ideas para reflexionar acerca de los pensamientos más profundos existentes dentro de nosotros mismos.

Como siempre, aprovecho estas líneas para desear un cumplimiento de los nuevos propósitos personales mayor que el de las promesas políticas que nos van a inundar el año electoral recién comenzado.

Recuerdo el contacto: javi.otazu.ojer@gmail.com

¿Quién no ha seguido una doctrina? ¿Cuántas veces pensamos que los  demás están “adoctrinados”? ¿Cómo se logra eso? ¿En qué consiste?

Los cambios de año, que son los momentos en los que se hacen los nuevos propósitos, son ideales para pensar en ello. Consultando diccionarios en la red (pese a la aparición de Wikipedia, siguen existiendo), la doctrina se define como “conjunto de ideas, enseñanzas o principios básicos defendidos por un movimiento religioso, ideológico, político, etc…” o también como “materia o ciencia que se enseña”. Entonces, ¿por qué no reevaluar las doctrinas que nos han enseñado? Si tomamos como cierta la idea del filósofo Herbert Gerjuoy, según la cual “los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, serán aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender”, investigar acerca de las doctrinas se hace todavía más necesario.

Existen dos doctrinas de la actual vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, que  han llamado la atención. La primera es antigua: “el dinero público no es de nadie”. La segunda, es una frase un poco más difusa: “hay que distinguir las opiniones de Pedro Sánchez cuando estaba en la oposición de las opiniones que tenga como Presidente del Gobierno”.

Bien, las críticas que han recibido estas dos afirmaciones son justas y merecidas. En el primer caso, sirve para eludir responsabilidades al asignar recursos. De todas formas, se deben analizar con más profundidad. Por ejemplo, el tema de las palabras. ¿Por qué no cambiar la definición? Está demostrado que las expresiones de la lengua cotidiana varían la percepción que tenemos de la realidad. Aunque el suceso sea el mismo, las expresiones “dos coches se golpearon” y “dos coches se estrellaron” describen el fenómeno de forma diferente. Lo mismo pasa con el dinero público. Es más exacto decir “dinero de los contribuyentes”, ya que se supone que eso estimularía a los gobernantes a ser más responsables con el gasto público.

Todavía hay más. Es fácil recriminar a Carmen Calvo la expresión de que “el dinero público no es de nadie”. Pero nosotros muchas veces actuamos así. Cuando no reciclamos la basura, intentamos evadir impuestos o usamos servicios públicos de forma indiscriminada sin tener verdadera necesidad de los mismos, estamos actuando de acuerdo a ese principio.

Respecto del Sánchez líder de la oposición y presidente del Gobierno, la frase es debida al cambio de doctrina efectuado respecto del problema catalán. La valoración de los acontecimientos del 1/10/17 era, en la oposición, de rebelión. Posteriormente, pasó a ser  de sedición y malversación de fondos públicos. Bien, este asunto lo dejamos para los juristas. Lo relevante es el cambio de opinión. ¿Es real? Puede que sí. ¿Seguro? Ya dijo Upton Sinclair que “es muy difícil entender algo si tu sueldo depende de que no lo entiendas”. De la misma forma, “es muy difícil entender algo si mantenerse en el poder depende de que no lo entiendas”. En resumen: primero va el interés personal (que los independentistas catalanes aprueben los presupuestos), y a partir del mismo emitimos una opinión.

Una doctrina asombrosa relacionada con el gasto militar es de la ministra de Defensa, Margarita Robles, cuando afirmó el pasado 14 de diciembre que “es un gasto social”. La lógica es simple: “se generan puestos de trabajo”. Bien, usando la misma argumentación todo gasto es social. Todo. Vamos, no existe ningún gasto que no sea social. Es sencillo: a nivel contable podemos tener gastos en personal, suministros, materias primas, electricidad, asesoría jurídica….no importa. Es muy claro que todos los gastos van a algún bolsillo y en consecuencia generan empleo. Es impresionante como toda argumentación vale, aunque sea una burla. En este sentido, se aplica a la sociedad el concepto de “gullibility”: tendencia a creer proposiciones poco probables que, en consecuencia, no se ajustan a la evidencia empírica. Ejemplo: “si bajamos el impuesto de sociedades a un tipo único del 10% habrá más actividad económica y en consecuencia la recaudación tributaria aumentará”. Se puede plantear la idea como camino generar más riqueza, pero hacerlo como medio para recaudar más dinero es un caso claro de gullibility.

Entonces, cuando nos asedian la sobreinformación y las noticias falsas, cuando dudamos de todo y la distinción entre izquierdas y derechas se torna tenue, cuando nos decepcionan las políticas que se aplican, ¿qué doctrina podemos seguir?

Hay temas como la religión o la identidad (ser vasco, catalán, navarro o español) que no se pueden imponer a nadie. Conocer de forma profunda el pensamiento, la historia y los ritos asociados a la religión que practicamos es útil. Conocer lo mismo del resto de religiones, también. Lo mismo podemos decir acerca del sentimiento nacional. Profundicemos en la historia, leamos medios que no piensan como nosotros para evitar el sesgo de confirmación (siempre estamos buscando reafirmar nuestras ideas), estemos con grupos de otras ideologías, valoremos cómo les va a las personas, empresas, instituciones, regiones y países según las decisiones que toman.

Sólo así evitaremos ser analfabetos en el siglo XXI.

Bienestar sostenible. Conclusiones.

Un debate recurrente de los últimos tiempos es el que viene dado por la sostenibilidad del sistema de pensiones. Curiosamente, existe un consenso generalizado: a largo plazo, las prestaciones van a disminuir de forma considerable. Basta valorar un número muy sencillo: el número de pensionistas estimado que existirá en al año 2050. No es algo muy difícil. Como sabemos las personas que nacieron en el año 1980, basta estimar una proporción de fallecidos y a partir de ahí dejaríamos el total de jubilados en 15 millones de personas. Para sostenerlo, son necesarios, al menos, 35 millones de trabajadores (desde luego, eso ya es una predicción: el resultado exacto depende de muchos factores, siendo el más importante de ellos la productividad). Para eso, necesitaríamos a nivel nacional un total de 18 millones de empleos adicionales. Con los avances tecnológicos que se esperan como la robotización, la digitalización y en infraestructuras junto con otras posibilidades  como el desarrollo del blockchain, ordenadores cuánticos o un suministro energético más eficiente, lo más normal es que se necesiten menos personas para trabajar. En este sentido, mantener el sistema actual es ciencia ficción.

Además, hay que tener en cuenta más aspectos. El bienestar de una persona no es sólo la pensión que cobra. Existen dos aristas más: las relaciones sociales y el estado de salud. Y por desgracia, son las grandes olvidadas. ¿A qué se debe? Sencillo. Simplemente, no se pueden valorar numéricamente. ¿Cómo valorar el hecho de tener relaciones humanas que nos proporcionan desarrollo personal? ¿Cuánto vale tener 80 años y estar bien de salud? Sí, podemos saber lo que cuesta un tratamiento médico en un hospital. Pero no el ahorro que supondría tomar medidas individuales como no fumar, hacer más deporte o evitar la obesidad.

No obstante, debemos remarcar aspectos fundamentales a nivel económico. El primero es tenebroso. ¿Qué han hecho los algunos países que tenían el sistema quebrado? Bajar las pensiones en un 25%. Aunque los casos más conocidos son Grecia o Portugal, en Gran Bretaña pasó algo parecido. Jubilados con una vida desahogada en la playa mediterránea vieron como sus rentas se desplomaban. Los políticos siguen, a sabiendas o no, una idea de Maquiavelo: es mejor tomar las malas medidas de golpe. En otras palabras, entre bajar las pensiones un 25% o bajarlas 25 veces un 1%, lo que haría cualquier gobernante racional es lo primero. Como habrá protestas, mejor una bajada muy fuerte que 25 suaves. Además, si disminuimos las pensiones de forma brusca el mensaje es demoledor: “no hay”. Si lo hacemos de forma sencilla, el mensaje es “te quito un poquito”. El pensionista se queja: “lo que se da no se quita”. Y ya se ha montado el escándalo. Manifestaciones y sobre todo, votos. Muchos. Las consecuencias las sabemos hoy, pero de seguir así las de mañana están claras: una bajada sideral de prestaciones. De golpe.

La mayor parte de los problemas sociales son transversales, y no son sólo numéricos. Por desgracia, no es ese el trato a los asuntos del día a día. Por eso, merece la pena remarcar los siguientes aspectos.

Uno, el envejecimiento es un éxito. Además, es algo mundial. La esperanza de vida se ha disparado. Si antes hablábamos de la tercera edad (aquellos con más de 65 años) hoy en día ya se habla de la cuarta: los que tienen más de 80 años. Es necesario pues discriminar las políticas para nuestros mayores.

Dos, debemos distinguir el envejecimiento cronológico del biológico. El pasado 9 de noviembre venía en estas páginas un reportaje de un holandés llamado Emile Ratelband que acudió a los tribunales para quitarse dos décadas. Aduce que su edad biológica es de 45 años (así se lo han dicho los médicos), y sin embargo su edad cronológica es de 69. ¿Dependerá el cobro de las pensiones futuro de nuestra edad biológica?

Tres, nuestros comportamientos individuales influyen en la economía global. Estadísticamente el hecho de fumar disminuye 8 años la esperanza de vida. Los economistas discuten si el ahorro en pensiones compensa el mayor gasto en sanidad, ya que un fumador requiere más atención médica.

Cuatro, medidas relacionadas con la educación (primeros auxilios, vida saludable), tecnología (asistentes virtuales, mejoras diagnósticas), logística (hospitalización domiciliaria, mejoras de eficiencia) o económica (copagos, desgravaciones fiscales por usar la sanidad privada) van a aplicarse ya.

Cinco, existen modelos alternativos al estatal para la provisión material de bienestar a nuestros mayores. Dicho bienestar depende de la red de relaciones de cariño y amor, cosas que el Estado no puede dar. La creación de asociaciones de  bienestar y salud o la descentralización fiscal para apoyar iniciativas locales que conocen mejor la situación de campo sería mucho más efectiva.

En definitiva, ideas que nos sirven para ver el problema desde otra óptica y prepararnos mejor para el futuro.

Hoy es el mañana de ayer.

Conclusiones del foro realizado el pasado 8 de noviembre por la asociación Kratos con María Jesús Valdemoros (economía, pensiones), María Errea (economía de la salud) y David Thunder (filosofía social).

BIENESTAR SOSTENIBLE: ¿ES POSIBLE? Envejecimiento, sanidad y pensiones.

“Saber para prever a fin de poder” (August Comte).

            “He malgastado el tiempo y ahora el tiempo me desgasta a mí” (Ricardo II, W.Shakespeare).

Civivox Iturrama, 8 de noviembre, 19 horas.

Desde Kratos (gobierno) hemos creado el Ministerio del Futuro para analizar temas que se deben abordar a largo plazo. Esta vez toca plantear el asunto del bienestar. ¿Es sostenible?  Cuando abordamos este asunto, sólo pensamos en el sistema de pensiones. Sin embargo, olvidamos dos aristas. La calidad de vida asociada al hecho de vivir más años (la mejora en la prevención de algunas enfermedades ha aumentado las demencias y con ello las residencias de ancianos) y las consecuencias sociales de todo ello (incremento de la soledad, relaciones laborales y familiares, reparto de las herencias).

Pensamos que se deben analizar los tres aspectos conjuntamente. Para ello, hemos preparado una presentación para resumir el tema (Javier Otazu), y hemos invitado a tres ponentes para abordar estos asuntos: María Jesús Valdemoros (Economía, pensiones), María Errea (Economía de la salud) y David Thunder (Filosofía social). Como en la anterior presentación, cada uno de los ponentes hará una pequeña exposición personal con los aspectos que considere más relevantes dentro de su área de conocimiento y posteriormente abordaremos una serie de cuestiones que pretendemos resolver todos juntos.

Es un tema delicado, y no podemos dejar que el tiempo se nos eche encima. ¿Podemos ser optimistas? ¿O existen personas que se van a ver abocadas a malvivir cuando lleguen a la vejez?

 

El hoy es el mañana de ayer”.

 

 

 

Buscamos la distinción entre lo urgente y lo importante. Entre el humo y el fuego. Entre el ilusionismo y la realidad. Entre los síntomas  y los efectos. Entre la ideología de ayer y los problemas de mañana. Entre las novelas y los ensayos. Entre nosotros y nuestros hijos. Es nuestro turno.

Kratos es una asociación que busca promover el pensamiento crítico y la responsabilidad individual de las personas respecto de la sociedad en la que vivimos usando como medio para ello artículos de divulgación, charlas, conferencias y reuniones de personas de diferentes ámbitos económicos y sociales para generar así nuevos comportamientos que nos permitan construir un mundo mejor. Si deseas más información de la misma puedes realizar una consulta a javi.otazu.ojer@gmail.com

En este sentido, se agradecen especialmente las sugerencias o ideas que se pueden enviar antes y después del debate que vamos a realizar. Todas ellas son tenidas en cuenta para abordar un informe del asunto a tratar en esta ocasión.

Cada uno de los asistentes recibirá, si lo desea, un resumen del debate, de los comentarios y sugerencias asociados al mismo y una conclusión final que trata de tres bloques:

1.- Medidas que se pueden tomar a nivel público distinguiendo entre ayuntamientos, comunidades autónomas, gobierno central y Unión Europea.

2.- Incentivos no económicos para buscar este posible equilibrio entre el envejecimiento, las pensiones y la sociedad en la que vivimos.

3.- Cómo fomentar estas ideas desde nuestro microcosmos particular: patrones de comportamiento, de  consumo y de inversión.

 

 

Kratos.

Un camino para llegar al buen gobierno interior y exterior.

“Se trata de comprender las reglas. Y después, jugar mejor que nadie” (Albert Einstein).

Neolengua

El concepto de Neolengua consiste en sustituir el lenguaje antiguo por otro que esté adaptado a la doctrina de un partido que ocupa el poder para evitar así formas de pensamiento que estén en contra de la doctrina que se desea imponer. Esta idea aparece en el célebre libro de 1.984, escrito por George Orwell después de la Segunda Guerra Mundial. El objeto de dicho libro es denunciar los totalitarismos mediante una distopía en la que se valora cuáles son los límites a los que podría llegar un dictador que esté gobernando un país concreto.

El título del célebre programa de televisión “Gran hermano” está basado en este libro, ya que existe un “gran ojo” (el gran hermano) que siempre está vigilando los movimientos de cada persona. En un artículo anterior (Numerati) ya valoré hasta qué punto se podían evaluar las pautas de comportamiento de una persona para poder predecir aspectos relevantes de su futuro; en especial, su voto. Ahora bien, ¿se pueden llegar a controlar los pensamientos de alguna forma? Aquí es donde aparece la neolengua. Supongamos que en los diccionarios desaparece la palabra “libertad”. Más aún: pronunciarla es delito. Pasado un tiempo, el concepto desaparece. Si la población no conoce lo que es la libertad, no va a reclamarla. Así pues, ¿cuál es la mejor forma de controlar a la población? Con un diccionario a medida. Se suprimen las palabras que no interesan, se añaden las que interesan. Fin de la historia.

¿Existe hoy en día la neolengua?

Rotundamente, sí. Ya se usa para describir conceptos dramáticos de forma más suave. Pensemos en la expresión “daño colateral”. Se da cuando en una guerra se destruyen objetivos o se matan personas por equivocación. Una guerra es siempre mala por definición, y lo que hacemos es desdramatizar el conflicto con esa expresión. En el reciente asalto a una comisaría en Cornellá por parte de Abdelouahab Taib la historia termina con el “terrorista abatido”. Es una expresión más suave que “asesinado” o “la policía lo mató”.

Aunque tiene sentido desdramatizar algunas noticias como la anterior, el problema es cuando se usa la neolengua con objetivos menos loables, como ganar influencia. Pensemos en dos palabras: machismo y feminismo. La primera está considerada un insulto, la segunda, una virtud. ¿Tiene sentido? Ninguno. Es triste pero hay que indicarlo: estar en contra del feminismo no es estar en contra de las mujeres. Es estar a favor de la igualdad, ni más ni menos. Una igualdad cuyos mayores problemas son dos. Primero, mujeres viudas con pensiones tan ridículas que necesitan ayudas de sus hijos y segundo, la dificultad de ascender en organigramas empresariales. Y es que esto del feminismo es como la solidaridad: es fácil reclamarla mientras no tenga que hacer ningún sacrificio por ella. El Presidente del Gobierno es feminista para todos los puestos menos para uno: el de Presidente del Gobierno.

El peor uso de la neolengua es el del engaño político. Los ejemplos abundan. “Vamos a subir los impuestos a los que más ganan”. Falso. Afecta a los trabajadores de altas nóminas, no a los que ganan mucho. Un empresario puede usar la ingeniería fiscal de muchas formas para evitar impuestos que considere abusivos. Un trabajador, no. Además, desincentiva el afán de mejorar a nivel laboral. Si yo gano 2000 euros en Navarra y por ir a Valencia me ofrecen 3000 es posible que el hachazo fiscal me deje tranquilito en mi casa ya que al hacer el balance ingresos/gastos (incluido el inconveniente del traslado) sale negativo.

Así, se sustituye la palabra “robo” por “okupación”. En caso de duda, consultar en el Palacio del Marqués de Rozalejo. ¿O se llamaba Gaztetxe Maravillas? ¿Qué suena mejor?

Los “parados” son ahora “desempleados”. Los “agrios debates” se convierten en “pequeños desencuentros”. Los “políticos presos” son “presos políticos”. Las personas de raza “negra” se denominan “de color” (no lo comprendo; ¿entonces las personas de raza blanca no tienen color?). Dejo a la imaginación del lector la búsqueda de expresiones usadas con el fin de manipularnos o de hacernos llevar a una conclusión predeterminada, como tema de conversación para una cena. Es más fascinante que el fútbol, la política o el corazón.

Uno de los usos más perversos de la neolengua es la mentira y falsedad económica. El tema más triste es el de las pensiones. Todos saben que están quebradas, pero no quieren decirlo. Prefieren hacer sucios pactos para mantener sus puestos. En el que firmaron el PP y el PNV sobre las pensiones (basado en postergar la aplicación del factor de sostenibilidad y de revalorización de las mismas, los cuales reducían la asignación económica) se estima, por parte de la AIReF (autoridad independiente de responsabilidad fiscal española) un coste de ¡¡400 millones de euros!! Pero como no es dinero de ellos, no les importa.

¿Decir la verdad? ¿Para qué?

Mejor usar la neolengua.

Oportunidades.

El verano va terminando, y es inevitable preguntar si realmente lo hemos aprovechado o no. Es algo consustancial al ser humano: ¿hemos dejado perder alguna oportunidad? Un antiguo ministro de israelí de exteriores argumentaba que “estos palestinos no pierden la oportunidad de dejar pasar una oportunidad”. Se trata de abandonar el contexto histórico de la frase y valorar su significado. ¿Nos pasa eso muchas veces?

Sí. Lo que ocurre es que no somos conscientes de ello al estar completamente ensimismados en nuestro mundo; aquel que construimos de acuerdo a nuestros prejuicios para usarlo como un modelo que usaremos para ajustarlo a la realidad. Los humanos somos así: en lugar adecuar la realidad a nuestra persona hacemos lo contrario.

Esta idea se entiende fácilmente en retrospectiva. Una de las críticas más acertadas que ha recibido el gobierno del PP presidido por Rajoy que disfrutó de mayoría absoluta ha sido no tomar medidas que hoy en día nos habrían venido muy bien. Opciones a nivel jurídico, sanitario, educativo, cultural o administrativas hay innumerables. ¿Qué se hizo? La reforma laboral. Siempre se mantendrá el eterno debate acerca de si se creó más empleo a cambio de una mayor precariedad para el trabajador. Son debates que no tienen fin, como el relacionado entre la seguridad y la libertad. Pero la realidad es la que es, y para el actual gobierno del PSOE ha sido, por ejemplo,  más prioritario el asunto del traslado de la tumba de Franco que derogar esta reforma (cosa que había prometido por activa y pasiva). ¿Ha sido debido a que, pese a todo, la situación de los trabajadores ha mejorado? ¿O una vez que se plantea subir el techo de gasto se piensa que no podemos contrariar más a Bruselas? No lo sé; simplemente ha sido así.

¿Qué oportunidades puede perder el gobierno de Sánchez? No muchas. El problema de aritmética parlamentaria y de estrategia electoralista por parte de los partidos que apoyaron la moción de censura le han dejado sin margen de maniobra. Por lo tanto, ¿cuál es la solución? Tomar medidas que contenten a la mayor parte de los partidos, aunque no sea lo prioritario a corto plazo. Lo importante es hacer algo.

Una de las oportunidades más importantes que estamos perdiendo es el arreglo del sistema educativo, pero eso no tiene solución posible. Nunca se hará. El partido que está en el gobierno dirá que ellos han sido los únicos en crear consenso en años gracias a su “capacidad de diálogo”. La oposición no va a permitir semejante rédito electoral al gobernante. No nos gustan las personas cerradas, y la palabra “diálogo” está de moda. Por desgracia, no se comprende que hay cuestiones que no se pueden arreglar con diálogo. Si dentro de una pareja un lado desea la separación y el otro seguir juntos, no existe arreglo posible.

Dice el proverbio chino que no vuelven ni la palabra dada, ni la flecha lanzada ni la oportunidad perdida. En el primer caso, los riesgos han aumentado: con la tecnología de hoy nos pueden grabar desde cualquier cámara oculta. Eso sí, tenemos la costumbre de grabarnos a nosotros mismos en las redes sociales. La huella digital hace que eso sea semejante a un tatuaje: una vez hecho cualquiera lo borra, ¿no? En el segundo caso, debemos tener en cuenta que hoy en día no se lanzan muchas flechas. Las técnicas armamentísticas han mejorado una barbaridad: nada como matar al mínimo coste. Faltan avances como asesinar por raza o dejar los edificios en pie (el triste intento de la bomba de neutrones) pero todo se andará. Pero se puede hacer una analogía en asuntos delicados como descuidos en trabajos de riesgo o al volante. En acciones banales como cruzar un paso de cebra con el coche llegamos a poner en riesgo nuestra vida y la de los demás.

Por último, volvamos a la oportunidad perdida. Nada hay peor que el desconsuelo producido por haber elegido una carrera profesional equivocada (sin meditarlo suficientemente), una vida matrimonial desdichada (por inercia) o un vicio que nos ha arrastrado de continuo (aunque la lista es muy larga podría empezar desde las típicas drogas hasta cualquier tipo de adicción negativa). Por eso, bueno es saber las cosas de las que se arrepienten más a menudo. La lista, no necesariamente en este orden, sería aproximadamente la siguiente.

Uno, no arriesgarse. Dos, no haber visto crecer a los hijos (la sensación de haberlos educado mal es algo que perdura para siempre). Tres, estar preocupados de tonterías sin fijarnos en lo importante.

¿Lo importante? ¿Qué es?

Sé lo que no es: ver la televisión muchas horas, comprar el Ferrari más caro o ganar más dinero que las personas que están en nuestro entorno.

Si buscamos lo que es, debemos ir a un sitio lejano y desconocido.

Nuestro interior.

Buen viaje.

Mente

Entre consulta y consulta a las pantallas que son prolongaciones de nuestro cuerpo merece la pena realizar alguna pequeña reflexión, ya que el verano es la mejor época del año para tal fin. Ya se sabe, las vacaciones. Esa época playera, de monte y sofá en la que “siempre se está bien” aunque falla un pequeño detalle: la cuarta parte de las separaciones se dan cuando termina el período de descanso. Tiene cierta lógica: todo día en común hace que aproximadamente el 80% de las decisiones deban ser consensuadas (las parejas que viven en casas separadas acuerdan el 20% de sus decisiones personales).

La reflexión trata de la mente. ¿Qué nos queda de ella? ¿Cómo podemos usarla? ¿Merece la pena externalizar capacidades de nuestro cerebro en el teléfono móvil?

Para empezar, quizás sería más adecuado decir que el teléfono móvil es una prolongación de la mente, ¿no? Al menos, evita memorizar fechas de cumpleaños, números de teléfono, el río que pasa por Sevilla o los goles que marcó Cristiano Ronaldo cuando jugaba en el Manchester United.

Podemos continuar con la definición de John Milton, según la cual “una mente es su propio lugar, y por sí sola puede hacer un cielo del infierno y un infierno del cielo”. Cuando pensamos en usar el cerebro queremos adquirir conocimientos que nos permitan adaptarnos correctamente al mundo en el que vivimos con idea (en general) de buscar un puesto de trabajo acorde a nuestras habilidades, competencias y personalidad. Pero eso, con ser importante, es algo secundario. Lo principal es adaptarnos al medio y en ese sentido el aforismo de Milton es pertinente. Existen problemas como el paro juvenil, la inmigración o el cambio climático. Ocupan, con todo merecimiento, las portadas de los medios. Sin embargo, comenzamos por un aspecto positivo que sólo recordamos cuando nos falla la salud: estamos aquí ahora. Parece poco. Es mucho.

Sí, esa idea es muy simple. Aparece en todos los libros de autoayuda. Pero para comprender su fuerza podemos usar un ejemplo revelador. Tenemos dos grupos de personas. A uno le ha tocado la lotería. Otro está formado por personas que han tenido un accidente grave y están parapléjicos. Pasado un tiempo prudencial, ¿cuál de los dos grupos es más feliz?

 

 

 

 

Parece la típica pregunta estúpida que debe tener truco, ¿no? La contestación es evidente: aquellos a los que les ha tocado la lotería. Pues no. La felicidad es la misma: cada individuo, pasado un tiempo, se adapta a lo que tiene y vuelve al nivel que en Economía de la Conducta se llama de “adaptación hedónica” (uno de los mayores expertos mundiales en este campo es Dan Ariely; a partir de sus estudios se pueden encontrar diferentes referencias para confirmar esta hipótesis y otras igual de sorprendentes). En definitiva, el principal uso de la mente es adaptarnos de la forma más adecuada a nuestros intereses. Es así: “según pienses, así serás”.

¿Cómo adaptarnos bien al mundo? Recibimos noticias y más noticias sin parar. ¿Son verdaderas o falsas? Los políticos dan mensajes, desde luego, con una orientación acusada hacia sus intereses. Lo mismo hacen los empresarios, sindicatos, grupos sociales y nosotros mismos. Así, ¿qué? Dos sugerencias. Uno, pensar en interés que tiene cada individuo. No hace falta ir muy lejos: suele estar en el bolsillo. “Es muy difícil que alguien entienda algo si su sueldo depende de que no lo entienda” (Upton Sinclair). Dos, ser observador. Está el lenguaje corporal, aspectos en los que deliberadamente no se entra, posibles incoherencias….

Un ejemplo. Muchas veces se comenta que “no se debe hablar de política”. Eso es falso, es una trampa del lenguaje. Usemos la mente: está bien debatir si es conveniente subir o bajar impuestos. Es difícil perder amistades por ello. Otra cosa es el tema de la identidad, tan emocional. Un sentimiento vasco, navarro o español no se puede cambiar de golpe. Ser de izquierdas o derechas tampoco. ¿Cómo nos comen la cabeza los políticos o las sectas? A partir de un relato entre buenos y malos. No hay más.

El móvil debe ser un complemento de la mente y un instrumento de consulta (nos ayuda a orientarnos en la carretera, a saber el tiempo, a seguir las noticias o incluso a ayudarnos en el trabajo). También es útil su aspecto lúdico: nos permite múltiples opciones de entretenimiento. Pero ahí es donde debe quedar; en caso contrario, terminaremos al revés: la prolongación del móvil seremos nosotros.

De ahí se deduce que las capacidades de nuestro cerebro a externalizar son  las referidas en el párrafo anterior. Y punto. Como todo órgano o máquina, lo que no se usa tiende a oxidarse o romperse. Y no podemos permitirnos perder capacidades como la imaginación, creatividad, trabajo en grupo, vida social, sentido del humor o nivel espiritual.

Aprovechemos el verano para trabajarlas. En todas ellas es donde están incluidos los trabajos del futuro.

Responsabilidad.

El pasado 6 de agosto aparecía en la sección “La frase” de este periódico la siguiente idea de Stanley Milgram: “La desaparición del sentido de responsabilidad es la mayor consecuencia de la sumisión a la autoridad”. Pensando en  asuntos tan candentes del verano como la inmigración, las políticas del nuevo gobierno de Sánchez o incluso la polémica relacionada con el máster de Pablo Casado, llegué a la conclusión de que, en efecto, vivimos con una sumisión total a la autoridad.

Antes de desarrollar esa idea, merece la pena resaltar la figura de Stanley Milgram. Fue un reputado científico social de la segunda mitad del siglo XX, que entre otras cosas se dedicaba a realizar experimentos sorprendentes que permitían comprender lo más profundo del comportamiento humano. El ejemplo más famoso es el de la obediencia a la autoridad. Entre otros objetivos, se trataba de comprender la razón por la que seguimos directrices que entran en colisión con nuestra conciencia.

En dicho experimento, existe un único participante, siendo el resto de las personas simples actores. A unos alumnos se les hacen preguntas sencillas de manera que si no saben la respuesta una autoridad ordena al “conejillo de indias” que aplique una pequeña descarga eléctrica para que en otra ocasión estén más espabilados. Por lo tanto, más preguntas sin respuesta implican más descargas eléctricas (en un sentido figurado: por mucho que grite el alumno es simple teatro ya que las descargas son falsas) las cuales podrían atentar muy gravemente a la salud de los alumnos incultos.

Supongamos que preguntan la capital de Francia y se contesta Moscú. Descarga eléctrica. Preguntan cuestiones como “en una playa hay 25 cocos y un mono se lleva todos menos 7. ¿Cuántos quedan?”. Si se contesta 18, nueva descarga (obviamente, se quedan 7 cocos). Y así sucesivamente.

Los resultados del experimento fueron desalentadores. El 65% de los participantes aplicaba descargas que en teoría podían incluso dejar sin vida a los alumnos. Además, replicaciones del experimento realizados en otros momentos del tiempo y en  lugares diferentes proporcionan porcentajes muy semejantes.

La idea original era comprender la razón por la que tantas personas participaron de forma activa en el holocausto nazi. En general, se trataba de una simple sumisión a la autoridad. ¿Razones? Aunque dejamos eso para los expertos, hay dos principales. Primero, la responsabilidad es de la autoridad, “yo me limito a seguir órdenes”. La segunda, cuando todos están haciendo lo mismo, “no puedo fallar a mis compañeros”. Bonito panorama, ¿no?

Milgram realizó tantos experimentos de este estilo que un 22 de noviembre del año 1.963 comentó a sus alumnos que habían asesinado a Kennedy. No le tomaron en serio; pensaron que era un invento más.

¿Podemos afirmar que hemos abandonado responsabilidades como ciudadanos debido a la sumisión a la autoridad? Rotundamente, sí. Otorgamos una fuerza inusitada al Estado en todos aspectos de la vida. Sobre todo para lo malo, muy poco para lo bueno. Así, no interiorizamos que podemos mejorar nuestra comunidad con pequeñas acciones. Existe un mar de ejemplos que sirve para simbolizar esta idea.

Pensiones: deben aumentar. Falso. No hay dinero, lo que deben hacer los gobiernos es decir que el sistema está quebrado para buscar mejoras soluciones en el ámbito público y por supuesto, privado.

Trabajo: deberían ofrecer más puestos. Falso. La responsabilidad del gobierno es equilibrar el sistema educativo con el mercado laboral y dotar a las empresas y trabajadores de un marco regulatorio que genere los incentivos adecuados. La responsabilidad de la persona es realizar una formación que le otorgue competencias en equilibrio con su personalidad, habilidades y deseos para generar valor a la sociedad.

Inmigración: es fácil decir que debemos ayudarlos. Pero que sea con el dinero del gobierno, ¿no? Eso está muy bien siempre y cuando el recorte no me afecte a mí. No puede ser. No obstante, se debe valorar la gran cantidad de voluntarios que ofrecen tiempo, dinero y hogares para ayudar a las personas que vienen aquí en busca de un futuro (no de un futuro mejor; ese concepto no existe en su tierra).

Incendios: la culpa es del gobierno, ya que no hay bomberos donde comienzan los focos. Por desgracia, los recursos son limitados. Y sí, es cierto que en este ámbito han existido recortes. Pero hay opciones jurídicas: la mejor, una multa sideral. Sin olvidar nuestro papel individual: debemos ser muy cuidadosos con nuestros actos.

Nuevas políticas, Máster de Casado: el gobierno de Sánchez ha batido el récord de nuevas colocaciones en personas sin capacitación para diversos puestos públicos aumentando, además, los gastos administrativos. Por otro lado, la universidad del famoso Máster daba facilidades a “personas públicas” (es una forma, triste, de vender un centro educativo: “aquí estudió Fulanito”). ¿Qué es más grave?

Lo más grave es que echamos las culpas a los gobiernos de lo que pasa y con eso nos abandonamos llegando a permitir privilegios inadmisibles a la “casta”.

Tampoco puede ser.

Es nuestra responsabilidad.

Tonterías.

“Tonto es el que hace tonterías”. ¿Quién no recuerda esa famosa frase de la película Forrest Gump (1994)? Entonces y para aprovechar la suavidad de la expresión, ¿cuáles son las tonterías más comunes hoy? Bueno será valorarlas ya que si hay una época proclive para realizarlas esa es, precisamente, el verano.

Una de las tonterías más sorprendentes es la de una “Influencer” que estuvo 8 meses seguidos dejándose crecer el pelo sin que se lo cortasen. Fascinante, ¿no? Claro que sí. Pocas cosas más apasionantes se me ocurren que ver cómo le crece a alguien su cabellera.

Entonces, ¿podemos considerar a la persona que se deja crecer el pelo como tonta? No. En realidad, lo que ha hecho es una apuesta. Una apuesta temporal. De ocho meses, exactamente. Se ha dejado crecer el pelo para adquirir fama (y lo ha logrado, ya que en caso contrario no estaría escribiendo acerca de ella).  Es evidente que por cada tontería que se publicita un mínimo de cien no lo hacen. Pero así es el mundo de las redes sociales. La mayor parte de las tonterías  se hacen para dar que hablar, sea en la familia, amigos o Internet. En conclusión, la frase de Forrest Gump ha dejado de ser cierta en el mundo de las redes sociales. Ya se sabe, son los tiempos, cada vez cambian de forma más rápida.

Otro tema de actualidad es el de las pseudociencias. Se está realizando una nueva campaña para otorgar más valor a la medicina tradicional en lugar de otras como la homeopatía o acupuntura. ¿Podemos considerar que es una tontería acudir a uno de estos medios para curar una enfermedad? ¿Tiene sentido ir a un vidente para poder predecir nuestro futuro?

Antes de contestar a estas preguntas, deberíamos valorar dos aspectos fundamentales para cada una. En el caso de la enfermedad, está el tema de los placebos. Un placebo es una supuesta medicina para el enfermo que no es tal. Lógicamente, cuando se conoce el tratamiento concreto para una determinada dolencia no se usan los placebos por razones éticas. Sin embargo, su uso es muy útil en investigaciones médicas para probar diferentes tratamientos que permitan curar una enfermedad concreta. Así se compara el  resultado del placebo y el tratamiento, para valorar si el nuevo método es adecuado. En término estadísticos, si las diferencias son significativas se considera el nuevo medicamento como válido. Eso sí, son necesarias diferentes pruebas adicionales para salir al mercado.

 

 

 

Respecto a la pregunta del futuro, lo relevante es  el denominado “efecto Pigmalión” debido al cual cuando nos dicen lo que nos va a ocurrir comenzamos a pensar en ello y tomamos las medidas (consciente o inconscientemente) que nos permitan llegar a lo que ha dicho el vidente. No siempre ocurre, pero cuando aciertan es por eso. Está testada la imposibilidad de hacer predicciones. En caso de duda, consultar cómo estaba hace dos años el mercado de futuros del petróleo (y aquí hay millones de supuestos videntes) y el precio del barril a día de hoy.

Sea en el tema de la enfermedad o el del futuro, la evidencia empírica demuestra que el primer caso suele ser un placebo y el segundo una serie de pautas de comportamiento adquiridas de forma inconsciente que nos llevan a que se cumpla la predicción. Un ejemplo. Supongamos que un vidente nos dice que nos van a despedir. En ese caso estaremos menos motivados en el trabajo, más desganados y realizaremos peor nuestro desempeño. Es muy posible que, precisamente, ¡nos despidan por eso!.

En cualquier caso, no estamos haciendo tonterías. Lo que ocurre es que nos cuesta admitir la realidad y es mejor la fantasía. Deseamos creer en posibles curas milagrosas o en que el destino está escrito (bueno, quizás esté escrito, pero ¡depende de nuestros actos!). Y por eso acudimos a esos lugares. En caso de duda, consultar las promesas electorales de los partidos populistas.

¿Es una tontería hacernos un selfie a 200 kilómetros por hora? No. Así fardamos con los amigos. ¿Es una tontería  insultar y faltar a los familiares o adversarios políticos y empresariales? No. Es una estrategia basada en un principio: “cuando el río suena, agua lleva”. Nos sirve para alimentar a nuestro ego. ¿Es una tontería decir “Europa es mi enemigo” (Trump)? No. Es un juego de sumas y restas que nos permite llegar a un nuevo aliado. ¿Es una tontería comer y beber en exceso durante el verano? No. Después de un año de duro trabajo, nos lo hemos ganado.

Entonces, ¿nunca hacemos tonterías?

En términos de la economía tradicional, no. Todo lo que hacemos tiene un porqué y una razón lógica, aunque sean apuestas de riesgo a corto plazo (el selfie) o a largo plazo (tomar actitudes que atenten contra nuestra salud).

Sin embargo, en términos de economía de la conducta y sentido común, este artículo está lleno de tonterías.

Confianza.

Uno de los ingredientes más importantes para que funcione de forma adecuada la convivencia entre los individuos de una sociedad es la confianza. De hecho, un estudio famoso para comprender las razones por las cuales el norte de Italia es mucho más rico que el sur dio a entender que la característica fundamental era la confianza entre las personas. Y es cierto: una pareja, el consejo de administración de una empresa o una cuadrilla de amigos funcionan mejor con el pegamento que nos proporciona saber que podemos confiar en el otro.

¿Cómo generar pues, esa confianza? ¿Cuándo es necesaria? ¿Cuándo no?

En las operaciones de compra venta de bienes en los que se observan claramente las características del producto que adquirimos no hay problema alguno. Sí, puede que una manzana tenga algún gusano dentro, pero eso no es habitual. Lo único, se debe tener cuidado con el intercambio monetario. No es grave que nos devuelvan de más, pero si nos devuelven de menos nos enfadamos. Si bien estos desajustes se deben a errores, sea en uno u otro sentido, una operación económica en la que los números no son acordes a lo pactado (y a sabiendas) se convierte en un simple robo.

Existen bienes que vamos a usar durante un largo período de tiempo que pueden no cumplir las características pactadas, como por ejemplo un coche (en especial de segunda mano). Ese problema se arregla con el uso de garantías. En este sentido, mucho cuidado con los seguros que nos venden en los teléfonos móviles; cubren pocas cosas, y muchas de ellas ya están dentro de la garantía. Los contratos de telefonía móvil se pueden considerar de “suministro” ya que pagamos una cantidad fija o variable, según nos parezca más conveniente, al mes. Cabe reprochar el funcionamiento de algunos servicios de atención al cliente, los cuales parecen tener la intención de hacernos desistir a no ser que estemos muy molestos por algo que no funciona.

En el ámbito de los servicios un tema delicado son los viajes: ¿y si el hotel de destino está más  lejos de lo que pensábamos de la playa? Aquí Internet es una ayuda fundamental: podemos comprobar la ubicación exacta, incluso se pueden estudiar las valoraciones de los diferentes clientes que hayan tenido una experiencia semejante a la que deseamos vivir.

Las operaciones empresariales con otros países son más delicadas. El papel de organismos públicos o privados como papel de intermediarios se antoja fundamental para evitar estafas o desajustes debidos a diferencias culturales.

¿Cómo está la confianza entre la sociedad y los partidos políticos? No existe. Pedro Sánchez prometió elecciones inmediatas y lo que ha hecho es montar en un mes el mayor aparato de altos cargos en la historia de la Moncloa (“El Mundo”, 8 de julio). Eso sí que ha sido inmediato.

Este es un tema que a nivel social genera hartazgo y peor todavía, impotencia y resignación. ¿Para cuándo medidas que penalicen este tipo de promesas?

Para confianza nula, la que tienen los partidos entre sí. Que se lo pregunten al PP con el PNV, que nada más aprobar los presupuestos del Estado decide dar la “patada” al gobierno de Rajoy con la famosa moción de censura. Lo que enseña esta historia que incluso la “noble palabra vasca” tiene su precio. Y que todo son estrategias. No hace falta irse muy lejos: basta analizar el último ajuste del ayuntamiento de Pamplona. Es lo que hay: cuando falta un año para las elecciones municipales y autonómicas, lo que se hace es campaña electoral.  La gestión, que es lo importante para los ciudadanos, pasa a un segundo plano.

A nivel internacional, la última cumbre de Trump y Putin en Helsinki ha dado mucho que hablar. Lo que son las palabras: para el presidente norteamericano Europa pasa a ser el “enemigo” (comercial, menos mal) y Rusia “un buen competidor”. En este contexto, Angela Merkel piensa que “ya no se puede confiar en Estados Unidos”. Sí, vienen nuevos tiempos para la diplomacia. Pero en este ámbito, nada ha cambiado. La única ley que funciona es la de la selva: el más fuerte es el que gana. Si algún contrato no me gusta, como el de Irán, lo tiro al vertedero. Viva el libre comercio siempre que cumpla una condición: que sea en mi beneficio. En fin, el mundo es así. Las personas somos así. Nos importan nuestros intereses.

En términos europeos y con un Brexit que conlleva una dificultad extrema, la única solución es crear mecanismos institucionales más fuertes que permitan una Unión más sólida. Pero aquí aparecen los intereses particulares de los gobernantes europeos, interesados en buscar relatos que culpen a otros de las dificultades económicas que tienen.

La realidad es que la única forma de funcionar es buscar incentivos que fomenten la confianza cuándo ésta no sale por sí sola. Así podemos evitar una característica muy curiosa de la confianza.

Sólo se pierde una vez.

Fantasía está en peligro.

En el inolvidable libro de “La historia interminable” (Michael Ende) se entremezclan a la vez el mundo de la imaginación de Atreyu y el mundo de la realidad de Bastián. Como argumento central, la Emperatriz Infantil tiene un problema: Fantasía está en peligro. La Nada está conquistando el país, y por lo tanto se ve obligada a formar un gabinete de urgencia en su residencia, el Palacio de Marfil (hoy se usa esa expresión para indicar que un gobernante está ajeno a la realidad, escuchando tan sólo a sus asesores y palmeros). El objetivo es evitar que Fantasía desaparezca.

Verano del año 2.018. Como siempre, la sociedad tiene muchos retos. Desde profundizar en la imagen  de nuestras fiestas de San Fermín (con la reputación tocada  por alguna manada) hasta cuestiones globales como la gestión de la llegada de inmigrantes a las costas europeas. Cuando observamos las soluciones que se proponen para algunos de los problemas no puedo dejar de pensar que, efectivamente, Fantasía está en peligro. ¿Dónde tenemos la imaginación?

La mayor parte de la información que necesitamos ha quedado recluida en pantallas, ideologías, algoritmos y teléfonos móviles. Las pantallas nos atontan. Las ideologías generan soluciones rígidas (subir impuestos a los que más ganan, bajar impuestos para que así los empresarios puedan crear más riqueza para todos). ¿Dónde están las ideas aplicadas a nuestros ideales? Los algoritmos están en muchas aplicaciones de nuestro móvil, y los usamos para todo. Desde las búsquedas de Google hasta la orientación por una carretera, la inversión en bolsa o el tiempo de espera de autobuses. Los teléfonos móviles los usamos como prolongación del cerebro, dejándolo dormido. Hoy no recordamos ni fechas de cumpleaños, ni números de teléfono, ni citas de trabajo ni la capital de Burkina Faso. Todo está en el móvil.

Cuando buscamos soluciones para los problemas de hoy, la mayor parte de los políticos dicen lo que hay que hacer: mejorar la sanidad y la educación, contener la inmigración o subir las pensiones. Por desgracia, nadie dice cómo hacerlo. ¿Por qué? Necesitamos dinero. Aparece el trilema.

Todo recurso económico (esto vale para cualquier institución pública, privada, una familia o una persona individual) que necesitemos se puede obtener de tres formas. Uno, aumentado ingresos (más impuestos, ganar más salario). Dos, quitando de otro lado. Tres, endeudándose (lo que supondrá un coste en intereses, y por cierto, más pronto que tarde los tipos van a empezar a subir). No hay más posibilidades. Son tres. Un trilema. Por lo tanto, cuando se vaya a tomar una medida económica, que digan por favor cómo se va a financiar.

 

Existe la posibilidad de implantar medidas jurídicas, y así se puede cambiar la reforma laboral, la situación de los presos o la ley mordaza. Pero la mayor parte de los problemas se solucionan con cargo a presupuestos. El mundo sigue este patrón; “si tienes dinero, tienes dinero. Si no tienes dinero, tienes un problema”. Y el Estado de bienestar de hoy tiene un problema: está muy lejos de cubrir todas las demandas sociales, aunque nos quieran decir lo contrario.

Por lo tanto, vamos al mundo de Fantasía.

Respecto de nuestras fiestas, debemos tener en cuenta que la mente humana funciona por heurísticas. Es decir, asocia San Fermín a unas pocas palabras que son  toros, juerga y últimamente (aunque las estadísticas comparadas con otras fiestas digan lo contrario)  violencia sexual. Desde luego, no ayuda que en las entradas de Pamplona haya carteles diciendo que “estamos contra las agresiones sexistas” (¿qué ciudad está a favor?). La difusión de historias positivas de personas que hayan disfrutado de la fiesta es fundamental  para revertir la situación.

Respecto de las pensiones, se podría decir la verdad. El experto José Antonio Herce ha demostrado que las personas que se jubilan ahora han cotizado para 12 años y se les va a regalar 10 años más. ¿Es eso justo? ¿Es sostenible? Se puede indicar a cada persona su pensión si sigue cobrando lo mismo (para que sea más consciente de su futuro). Serán necesarios reajustes de impuestos para cubrir el déficit de la seguridad social (el IVA es muy aprovechable). Se deben estudiar casos en los que se cobran cantidades enormes y minúsculas (en pensiones de viudedad se dan las dos posibilidades).

Respecto de la inmigración: recursos para los países de origen. Penas durísimas para las mafias. Campañas de adopción (existe mucha demanda) para niños que se encuentren sin recursos. Búsqueda de familias que deseen acoger inmigrantes durante cierto tiempo. Ampliación de la coordinación entre policías y gobiernos europeos.

Respecto del paro: contrato único y sencillo. Ventanilla directa de creación de empresas. Planes de colaboración público privada. Ministerio del futuro para adelantarnos a tendencias sociales y económicas.

Respecto de nosotros mismos: volar, imaginar, volver a ser niños, leer y  soñar recordando que “detrás de la actitud de cada uno está el destino de todos” (Alejandro Magno).