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Conclusiones, Kratos.

El pasado 15 de abril se presentó el libro Kratos: un camino para el buen gobierno interior y exterior.

Adjuntamos en la portada las conclusiones de la presentación.

El libro se puede comprar en el Policarpo de Iturrama, la librería Papeletras (Fuente del Hierro, Iturrama) o en el rincón de Justi (Buztintxuri) al precio de 15 euros. El próximo jueves 9 de mayo habrá una reunión en el Civivox Iturrama donde se comentarán los siguientes pasos a realizar.

Así mismo, habrá una próxima promoción del libro en la UNED de Tudela (13 de junio, 19 horas) y en el Corte Inglés de Pamplona.

Para más información, javi.otazu.ojer@gmail.com

GOBIERNO INTERIOR, GOBIERNO EXTERIOR.

¿Cuál va a ser el gobierno que dirigirá nuestro país? ¿Cómo será el resultado de las próximas elecciones municipales, autonómicas y europeas? ¿Hacia dónde irá nuestra sociedad? ¿Estamos preparados para los retos que nos esperan?

Estas preguntas aparecen de forma continuada en los medios de comunicación, debates entre amigos y conocidos o en las conversaciones de cualquier cafetería. Por desgracia, todo ello es muestra de un doble problema que tiene la sociedad. Primero, responsabiliza al hipotético Gobierno de nuestro futuro. Así, pensamos que nuestra actitud diaria no importa. Y eso es falso. ¿Qué influye más en el mundo? ¿Nuestro voto o nuestras decisiones diarias de compras, inversiones y uso del tiempo? La respuesta es obvia. Segundo y como consecuencia de lo anterior, no pensamos en como gobernarnos bien  a nosotros mismos. Y si fallamos a ese nivel, no podemos gobernar bien a los demás.

En un mundo en el que abundan los libros de autoayuda (junto con los de dietas e inversión en bolsa), ¿qué recomendaciones serían las más adecuadas para gobernarnos bien a nosotros mismos?  Vamos a hacer la prueba a partir de sentido común, investigaciones científicas, evidencias empíricas y los análisis más influyentes en psicología positiva.

1.- Equilibrar el tiempo y las actividades que realizamos en él dentro de cada  día para desarrollar nuestro mundo espiritual, social, físico, laboral o intelectual.

2.- Ser responsables con nuestro entorno: empezando desde el yo y la familia hasta llegar al más allá.

3.- Señales de una larga vida: no levantarse tarde, no tener sobrepeso (más aún: no saciarnos en las comidas), vida social amplia y la más peculiar, andar con un ritmo enérgico.

4.- Pensamos que los demás son previsibles. Olvidamos que nosotros también lo somos. Buscar pequeñas experiencias o actividades novedosas.

5.- Controlar los miles de estímulos que nos invitan a maltratar a nuestro cuerpo.

6.- El estrés genera monocitos que nos llevan a tener inflamaciones en el interior y terminan con un envejecimiento prematuro. Un buen pensamiento genera una palabra que nos lleva a un acto, el cual repetido muchas veces crea un hábito (importante: un hábito se crea en 66 días). Así, se forja un carácter. ¿Qué es mejor? ¿Un círculo vicioso o un círculo virtuoso?

7.- Los caprichos se ganan, sean cervezas, chocolatinas o una buena siesta.

8.- El ajuste a las normas sociales (hacer lo que hacen los demás) crea desdicha. Hacer lo que siento que debo hacer es el único camino posible hacia el bienestar eudemónico (estar completamente concentrados en lo que hacemos; a esta idea se le llama fluir; según el influyente ensayo de Mihaly Csikszentmihalyi).

9.- Los músculos son un órgano endocrino que segrega decenas de moléculas imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo, aportándole más energía.

10.- Ser consistentes con nuestras creencias, valores, pensamientos, actos  y palabras.

Después de analizar, meditar y contrastar el decálogo previo, podemos ir al siguiente paso. ¿Por qué no probar con ideas para tener un buen gobierno exterior? Esta vez serán sólo cinco. Vamos con ellas.

1.- Distinguir ideas, ideologías, ideales. Lo primordial es tener claro un ideal de sociedad de manera que podamos buscar ideas para lograr ese objetivo. Las ideologías las dejamos para cada persona particular.

2.- Tener personas que me digan lo que no quiero escuchar. Esta costumbre se comenta en la teoría, pero en la práctica es menos común. Una persona que ve su puesto en peligro prefiere callarse. Asociada a la misma, conviene tener contrapesos dentro de un partido. Por ejemplo y según esta lógica, el candidato a presidente de una comunidad autónoma no debería ser el presidente del partido.

3.- Evitar la toma de decisiones en ambientes opacos. Caso de manual: los premios Nobel de literatura. El año pasado no se dieron debido a este tipo de problema.

4.- Visión. No se puede gobernar sin tener claro el mundo en el que vivimos. La única forma de lograrla es hablar, leer o contrastar opiniones con personas que no piensen como nosotros.

5.- Delegar. No sólo en el equipo de gobierno directo, sean ministros o consejeros. Delegar hasta el final: todos los miembros de la sociedad o de la empresa. El caso más simpático: cuando se iba a preparar el viaje a la luna, a una mujer que estaba limpiando un cristal le preguntaron por su actividad. Su contestación: “estoy preparando el lanzamiento de la nave espacial hacia la luna”.

La nave espacial en la que viajamos es nuestro planeta. Tiene múltiples compartimentos: desde áreas de libre comercio hasta las comunidades de vecinos. Debemos tener claras las pautas que nos van a llevar a un buen destino. Lo resume magistralmente un grande de la historia de la humanidad; Alejandro Magno. “De la conducta de cada uno depende el destino de todos”.

PRESENTACIÓN DE KRATOS: un camino para el buen gobierno interior y exterior.

El lunes 15 de abril se presenta en Civivox Iturrama (19 horas) mediante una conferencia entre Amaya Erro, David Thunder y Javier Otazu el libro Kratos: un camino para el buen gobierno interior y exterior.

Posteriormente (20.15 horas) se tomará un vino en el bar Aster (Iturrama, fuente del Hierro 21, trasera) donde se podrán comprar ejemplares del libro.

En próximas fechas se podrá comprar el libro online desde esta página.

Muchas gracias.

INDICE DE KRATOS (GOBIERNO).-

  1. FUNCIONAMIENTO DE LA ECONOMIA GLOBAL (10).
  2. Personas e incentivos (10), 2. Visión del mundo (12), 3. Economía (14), 4. Consumidor (19), 5. Empresas (26), 6. Mercados (31), 7. Estado (42), 8, Indicadores económicos (45), 9. Ineficacia de las políticas actuales (52), 10. Dinero y finanzas (57), 11. Medio ambiente (71).

Documento 1, Homo economicus (75).

  1. FUNDAMENTOS DEL COMPORTAMIENTO HUMANO Y SOCIAL (81).
  2. Leyes del comportamiento humano (81), 2. Leyes del comportamiento social (85), 3. Estupidez y maquiavelismo (105), 4. Lo esencial es invisible a los ojos (129).

Documento 2, Artículos sociales (88; inteligencia contextual, memes, efecto manada, patrones culturales, efecto Pigmalión, impacto y olvido, derechos adquiridos)

Documento 3, Consejos maquiavélicos (114).

Documento 4, Artículos esenciales (132; buenas y malas personas, Tiburón y Dumbo, efecto Hollywood y efecto Disney, espacios mentales, ilusionismo).

  1. TENDENCIAS NUEVAS (142).

Economía de la información (142), Persona como centro del desarrollo económico (144), Planes de negocio o experimentación (146), Valores (148), Desempleo e instituciones (150), El fin de la clase media (152), La nueva economía (154), El mercado del cerebro humano (156), El médico y el charlatán (158), ¿Quién manda en el mundo? (160).

Documento 5: Ideas fascinantes (155; 15 + 15).

  1. GOBERNAR (163).

Leyes del buen gobierno (170), Qué es gobernar (172), Qué no es gobernar (174), El trilema (176), Se venden ideas económicas (178), Skrei (180), Nuevas preguntas, viejas respuestas (182), Problemas y soluciones (184).

  1. ELEGIR. DILEMAS Y CONFLICTOS (186).

La elección (186). ENEMIGOS: atención y concentración para fluir (188), el asno de Buridán (190), vencer a la facilidad (192), tengoqueísmo y hayqueísmo (194). ALIADOS: gestión del tiempo (196), creatividad (198), economía y felicidad (200).

Documento 6: Fuentes y conclusiones de los conflictos (202). La sobreestimación (202),  la proyección (204), El principio de Humpty Dupty (206), Somatización (208).

LIBRO FINAL; LA RESPONSABILIDAD PERSONAL EN EL NUEVO MUNDO (211).

EPILOGO; KRATOS (223).

Sugerencia para el buen gobierno interior:

1.- Equilibrar el tiempo y las actividades que realizamos en él dentro de cada  día para desarrollar nuestro mundo espiritual, social, físico, laboral o intelectual.

2.- Ser responsables con nuestro entorno: empezando desde el yo y la familia hasta llegar al más allá.

3.- Señales de una larga vida: no levantarse tarde, no tener sobrepeso, vida social amplia y la más peculiar, andar con un ritmo enérgico.

4.- Pensamos que los demás son previsibles. Olvidamos que nosotros también lo somos.

5.- Controlar los miles de estímulos que nos invitan a maltratar a nuestro cuerpo.

6.- El estrés genera monocitos que nos llevan a tener inflamaciones en el interior y terminan con un envejecimiento prematuro. Un buen pensamiento genera una palabra que nos lleva a un acto, el cual repetido muchas veces crea un hábito (importante: un hábito se crea en 66 días). Así, se forja un carácter. ¿Qué es mejor? ¿Un círculo vicioso o un círculo virtuoso?

7.- Los caprichos se ganan, sean cervezas, chocolatinas o una buena siesta.

8.- El ajuste a las normas sociales (hacer lo que hacen los demás) crea desdicha. Hacer lo que siento que debo hacer es el único camino posible hacia el bienestar eudemónico.

9.- Los músculos son un órgano endocrino que segrega decenas de moléculas imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo, aportándole más energía.

10.- Ser consistentes con nuestras creencias, valores, pensamientos, actos  y palabras.

Así pues, ya estamos preparados para gobernar bien a los demás.

En este sentido, viene bien distinguir entre ideologías, ideas e ideales.

Para ello, viene bien leer el libro.

La respuesta a esta pregunta, en 100.404 palabras.

www.javierotazu.es

 

Reiwa.

El próximo 1 de mayo comienza una nueva etapa en Japón: “Reiwa”. Ese día, el príncipe Naruito sustituirá a su padre Akihito después de su abdicación. Así se pretende identificar en unas pocas palabras el nuevo reinado. Por eso su significado es importante. Dicha palabra simboliza dos caracteres: agradable u orden; armonía o paz. Para Shinzo Abe, primer ministro de Japón, quiere decir “nacimiento de una civilización donde los seres conviven en armonía”.

¿Importan las palabras? ¿Puede modificar ese nombre un cambio de comportamiento en la población japonesa? Los hechos demuestran que sí. Existen estudios sorprendentes que lo corroboran: una clase separó al azar a los niños en aquellos que supuestamente eran más inteligentes y otros que lo eran menos. Es inevitable: eso condiciona las notas de los profesores, que conocían la clasificación,  y el esfuerzo de los alumnos. Si alguien es reconocido por los demás y por sí mismo como inteligente, es seguro que ante un reto intelectual se esforzará más. Es un problema incrustado vía películas o medios de comunicación; aparentemente, lo más importante para triunfar es el talento. La vida, sin embargo, indica lo contrario. Importa más el esfuerzo. Y por desgracia, cada vez más, los contactos. Es el denominado ascensor social: evalúa la facilidad con la que se puede pasar de una clase social a otra. Pero eso es un problema que merece ser analizado en otro momento.

La realidad es la que es, y la imagen que tenemos de nosotros mismos, junto con la imagen que (según nuestro criterio) tienen los demás de nuestra persona condiciona de una forma exagerada nuestro comportamiento. Olvidamos que tenemos cierto margen para crear una realidad nueva moldeando nuestro carácter.

Volviendo al tema japonés, llama la atención que allí el nombre de la época sea antes de su comienzo y que por estos lares, sin embargo, sea después. La “Gran Recesión” está fechada en el 15 de septiembre del año 2008, con la caída de Lehman Brothers. Por supuesto, no tiene sentido ni es posible nombrar ese mismo día la época que comenzó entonces. Pero somos muy dados a eso: damos sentido a la realidad una vez que ha transcurrido. Y eso genera un problema ya mencionado: pensamos que nosotros no influimos en el mundo, ya que éste avanza a su manera. No es así.

En la campaña electoral, todos los partidos prometen una nueva época si ganan ellos, independientemente de que sean los que gobiernen en estos momentos. Un mundo de esperanza. Ya se pueden nombrar los discursos de cada uno: “hoy empieza un mundo nuevo (esas dos palabras, que no falten: mundo y nuevo). Un mundo en el que todos vamos a trabajar juntos para crear un país  mejor. Quiero tender la mano a los que han estado con nosotros y a los que no. Olvidar las rencillas. Recordar lo que nos une, olvidar lo que nos separa (en campaña electoral es justo al revés). Gracias.”

Es nuestra forma de ser: dotamos a la vida de sentido cuando han pasado las cosas. En el camino, sólo vemos incertidumbre. Lo mismo ocurre con la bolsa: lo que va a pasar durante el próximo mes es un completo misterio. Una vez visto, todo el mundo es listo: el chart tenía toda la lógica del mundo.

En todo caso, la idea de poner un nombre a una época es excelente. Tiene ideas más profundas de lo que parece: Julio César pagaba dinero a los adivinos para que éstos dijeran que sus legiones iban a ganar la próxima batalla. Está muy bien pensado: esta certeza aportaba un estímulo adicional a sus soldados que en algunos momentos podía ser decisivo.

Podemos aplicar el concepto del Reiwa a nuestra vida cotidiana. Suena bien eso de “agradable armonía”. De hecho, suena mejor que “paz y orden”. En este caso, parece que nos van a imponer un orden desde fuera. Es la fuerza de las palabras: el prestigioso psiquiatra Luis Rojas Marcos acaba de publicar un libro que no pinta nada mal. Al menos, el título es apetecible: “somos lo que hablamos”. No es difícil asociar un carácter a una persona que acostumbra a pronunciar improperios y malas palabras que hacerlo a otra que habla con serenidad y templanza.

El Reiwa tiene más posibilidades. Por ejemplo, implica valores. Una familia que se imponga vivir en “agradable armonía” tendrá prohibidos aspectos como gritar a otra persona o tener impuntualidad reiterada cuando se plantean compromisos sociales. Además, un niño que interioriza la armonía dentro de la convivencia familiar, es decir, según hechos y no palabras, crece de otra forma y tiene unas  características que le van a llevar, con toda certeza, a tener un mejor desarrollo personal.

Volviendo a la campaña electoral y nuestra vida política, ¿cómo describirla? Muy fácil. Está basada en el principio “tú eres peor que yo”.

No le vendría nada mal un poco de Reiwa.

Javier Otazu Ojer.

Economía de la Conducta. UNED de Tudela.

Historia.

Si hay un concepto proclive a la manipulación y al manejo interesado, ese no es otro que la historia. El debate abierto por Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, es una buena muestra de ello. ¿Se debe crear una comisión de historiadores para analizar el pasado? ¿Qué es lo más justo para las víctimas? Con el tiempo que ha pasado, ¿es mejor dejar las cosas como están y pensar en los problemas del presente, que no son pocos?

Para focalizar bien el asunto, se debe dejar claro el concepto de “historia”, ya que hay muchos y variados. Cada uno de nosotros tiene ya de por sí tres tipos de historias. Primero, la experimentada. Es aquella que vivimos en cada momento presente. Ahora. Segundo, la recordada. Muchos sucesos de nuestras vidas han quedado olvidados. En este sentido, en nuestra memoria siempre se encuentran marcados los sucesos cargados de emociones. Todos recordamos lo que hacíamos el 11 de marzo del 2004, por ejemplo. La recordada es la historia que asociamos a nosotros mismos.

Falta el tercer tipo de historia: la contada. Esa es diferente para todos; nosotros tenemos un relato personal de nuestra vida y experiencias, los demás tienen otro. Depende de lo que les hemos contado, lo que les han contado, de lo que han visto y de la huella digital que hemos dejado en Internet. El mercado llama a nuestra historia Currículum Vitae.

Pasemos ahora a la Historia así, con mayúsculas. Existe un consenso general desde la época del Neandertal hasta el nacimiento de las civilizaciones. Pero a partir de ahí, la cosa cambia. Y cuando el concepto es de la historia de una nación, todavía más. ¿Estamos en Navarra, el País Vasco, España o la Unión Europea? Siempre existirá un relato histórico que sirva de soporte para una cosa u otra. El organismo educativo de turno decide cuál es y ya está. A partir de ahí, se remarca lo que importa, se “olvidan” detalles que puedan originar controversias y a vivir.

¿Quién descubrió América? Aunque la respuesta obvia es Cristóbal Colón, existe constancia de que otras civilizaciones como los vikingos ya habían estado allí. Colón fue el que lo contó.

¿Fue tan malo el Imperio Español? Depende. Aunque existe la Leyenda Negra, muchos historiadores  argumentan que los habitantes de los territorios conquistados recibían unos derechos que no tenían comparación con otros casos de la época. El debate es apasionante, pero no debe olvidar un principio básico: no se deben comparar los valores existentes en diferentes momentos del tiempo. Aspectos cotidianos a día de hoy, como la abolición de la esclavitud o el voto de las mujeres, no eran tan comunes en tiempos pretéritos. Por desgracia, los derechos humanos nacieron ayer.

 

Con el asunto del procés y la campaña electoral en los medios, merece la pena remarcar un aspecto primordial. En épocas precedentes al siglo XX, las personas no tenían el sentimiento de identidad de hoy. Más que pelear entre franceses o españoles, la lucha era de clases. De hecho, la Primera Guerra Mundial (1914 – 1918) tiene como novedad que los enfrentamientos pasan a ser directamente entre países. Un campesino catalán del siglo XVIII es más campesino que catalán, y va a pelear a favor del que le otorgue más derechos. Hoy en día, una persona de esas características se consideraría más catalán que campesino.

Es muy difícil comprender la Historia. Sólo de la Segunda Guerra Mundial existe bibliografía que no podríamos leer en toda nuestra vida. De la Guerra Incivil española siguen apareciendo nuevos testimonios y teorías conspirativas. Existen tiranos que se consideran héroes. Aunque el “demonio” por excelencia es Hitler, Stalin no le va a la zaga. Leamos los libros de Historia de unos y otros países, y comparemos conclusiones. De vuelta a la llegada de los españoles a América, podemos contrastar la Historia que se enseña en Perú o la que se imparte en España. Unos son los buenos, otros son los malos. Y el mundo es más poliédrico que todo eso. Los periodistas que se dedican o cubrir conflictos olvidados (Yemen, Myanmar  o República Centroafricana) siempre indican que no hay buenos y malos salvo casos que terminan siendo más reglas que excepciones: el dictador que en un momento dado debe elegir entre disparar a su gente o dejar en el poder.

Sólo nos queda leer, contrastar, dudar de lo que nos han enseñado,  confiar en los historiadores, buscar crónicas variadas y sacar conclusiones. La historia no es como las matemáticas: cambia. De hecho, un proverbio ruso basado en esta idea dice que es muy difícil predecir el pasado.

Por esa razón  debemos dejar la historia fuera de los debates electorales (excepción: víctimas de conflictos recientes). Se usa tan sólo como una forma de manipulación  para esquivar el debate central: cómo generar competitividad económica equilibrando la sociedad, las finanzas y el medio ambiente.

Todo lo demás es paja.

En tiempos de cambio climático, arde con facilidad.

Javier Otazu Ojer.

Economía de la Conducta. UNED de Tudela.

Ideas, ideologías, ideales.

En época electoral, ¿qué es lo que cuenta más? ¿Las ideas, las ideologías o los ideales? Sin duda, todos los partidos tienen los mismos ideales: menos desempleo, mejor sanidad, más educación, equilibrio social. ¿Cuál es el medio para lograr estos ideales? En teoría, la ideología. Ahora bien, ¿eso es adecuado? ¿Qué ideologías existen?

Muy simple: derecha e izquierda. En el primer caso se prioriza la eficiencia a la equidad. Lo prioritario sería producir todo lo posible aunque el reparto no sea equilibrado. A priori no está mal, pero la nueva estructura económica global está amplificando las desigualdades. Los números no engañan, aunque a los que engañan les gustan mucho los números. En el segundo caso se prioriza la equidad, aunque eso suponga menos producción. Es deseable, aunque se debe tener cuidado. La evidencia empírica (en economía se usa ese concepto cuando se valoran resultados en países o regiones que han seguido un tipo de políticas concretas) demuestra que una intervención excesiva del Estado para proporcionar una mayor igualdad puede dejar la economía muy alejada de su potencial.

¿Entonces? Es interesante la teoría de la “economía bisexual” del analista Víctor Lapuente: dar todas las facilidades a las empresas para generar riqueza y después, cobrar altos impuestos para cubrir unas necesidades sociales que son cada vez mayores. Es más fácil decirlo que hacerlo, pero se supone que el modelo nórdico sigue este patrón.

Así, ¿sirven las ideologías? Depende de la definición. Para Ian Morris, uno de los historiadores más reputados a nivel mundial, una ideología es “un montón de mentiras de las que alguien se beneficia” aunque matiza, “eso no sucede demasiado tiempo, porque el sentido común es una herramienta muy potente para revelar lo que será más útil en las condiciones materiales en las que nos encontramos” (de su libro “Cazadores, incentivos y carbón”). Aunque la definición es dudosa, el enfoque tiene sentido: no ha existido una ideología que se haya demostrado válida a lo largo de toda la historia. ¿Por qué? Muy sencillo: la evolución. En cada época las relaciones sociales, los pensamientos o los valores se han ido adaptando a los avances culturales y tecnológicos. En consecuencia y bajo la tesis de que existen patrones humanos que se repiten en el tiempo, siempre será así. Por lo tanto, ese es el reto: crear un contrato social compatible con los nuevos avances tecnológicos y digitales.

Ahora bien, no se debe confundir ideología con identidad. Existen partidos que priorizan la identidad antes que la ideología o la economía, lo cual no deja de ser una estrategia. Otros, prefieren jugar con las etiquetas: ahí está el “trío de la plaza de Colón”, “los malvados nacionalistas” o “los podemitas”. Se trata de usar palabras despectivas una y otra vez para demonizar al adversario.

Ideologías, identidad, etiquetas. Como medio, bien. Pero, ¿las ideas? ¿Dónde están? ¿Qué podemos hacer? Eso debería ser el medio para cumplir el ideal común. Y el que tenga la mejor idea, que gane.

Necesitamos ser competitivos en un mundo global manteniendo un mínimo equilibrio entre la sociedad, las finanzas y nuestro planeta. Es más difícil que cuadrar un círculo, pero eso es lo que debe marcar nuestro camino. Estamos señalando la luna, si bien, como dice la sabiduría popular, el necio mira el dedo. En la realidad, los partidos políticos son los que llevan el debate al dedo. En este caso, no es una necedad, no. Es más fácil acusar al rival que buscar soluciones en un mundo en el que las baterías monetarias están agotadas (basta ver las recientes políticas del Banco Central Europeo) y existe déficit público (la diferencia entre lo que gasta y lo que ingresa el Estado) en un contexto de crecimiento económico. ¿Qué va a ocurrir cuando lleguen las vacas flacas?

Ideas. Uno, proponer una ley en la cual se proteja a los “chivatos”  que descubran casos de corrupción. Dos, estudiar los desajustes existentes entre oferta y demanda que impiden el desarrollo de mercados en los que existen agentes que desean realizar intercambios económicos y no pueden hacerlo. Tres, ley de transparencia integral indicando, además, todas las reuniones que tengan las autoridades con grupos de interés que puedan condicionar una decisión jurídica. Cuatro, potenciar en la educación, además del equilibrio con el mercado laboral, aspectos como los primeros auxilios, la nutrición o el equilibrio mental y emocional. Cinco, crear la figura del asistente económico (creación de empresas) como complemento del asistente social. Seis, potenciar la  figura del diputado a media jornada de forma que la entrada en la política no rompa una carrera profesional (los empresarios están infrarrepresentados en el parlamento). Siete, crear un ministerio del futuro que se dedique a gestionar problemas que puedan surgir a medio y largo plazo (deben ser personas independientes que realicen informes públicos no vinculantes; esta figura existe en Suecia o Gales).

Ahora, toca esperar la campaña electoral.

¿Habrá más ideas?

Javier Otazu Ojer.

Economía de la Conducta. UNED de Tudela.

Percepción y realidad.

¿Qué está pasando en Venezuela? ¿Qué ocurre en la República Centroafricana? ¿Cómo se ve desde el exterior el problema catalán? ¿Cómo va la economía? El paro ha subido en enero; ahora bien, ¿es debido al Gobierno? ¿O es la estacionalidad?

Sí, es muy difícil la distinción existente entre lo que percibimos y lo que es. No se trata de crear un problema filosófico a partir de estos debates; de lo que se trata es de interpretar correctamente la realidad.

En el momento de valorar la situación en Venezuela, muchos son los factores que se deben tener en cuenta. El primero y principal, el interés propio. Un político del PP o Ciudadanos pide el reconocimiento inmediato de Juan Guaidó. Uno del PSOE será más cuidadoso; uno de Podemos pensará que es un golpe de Estado contra el presidente de un gobierno legítimo. Esta opinión no está muy lejos de la que tiene cada votante particular. Eso ya nos da una posible conclusión: según votas, piensas. Y no puede ser: la riqueza de la democracia es la transversalidad de la misma y la generación de espíritu crítico. El camino adecuado es el inverso: según piensas, votas. Eso nos llevaría a que una persona a favor del matrimonio homosexual votaría con más facilidad al PSOE que al PP, pero debería valorar más aspectos. La importancia que tenga cada uno nos indicaría su decisión final.

Cuidado: no se trata de hipocresía. Es funcionamiento de nuestro cerebro. Tenemos un interés oculto, que puede ser consciente o inconsciente, y a partir de ahí racionalizamos nuestras decisiones. Existe una forma muy sencilla de verlo: alguien que esté trabajando en una empresa pública pensará que su labor es imprescindible para el conjunto de la sociedad; sin embargo, existen otras personas que exigen impuestos más bajos a cambio de suprimir “organismos inútiles”. En uno y otro caso el interés de fondo es la renta. En un caso directa, ya que es su sueldo; en otro indirecta, ya que menos impuestos suponen más recursos para gastar a su libre albedrío.

Una conclusión razonable para Venezuela sería la siguiente: indudablemente, las cosas van mal. Muchas personas han abandonado el país, la inflación es enorme y la inseguridad es total. Y eso no es de hoy. En la Guerra del Golfo,  Caracas era una ciudad más peligrosa que Bagdad. Los servicios que más se valoran del Estado son, precisamente, esos. Posibilidad de desarrollo laboral y personal, estabilidad de precios para tener unos ahorros razonables y seguridad (privada, jurídica y personal). Si falla todo, no existe un Estado digno de tal nombre.

¿Soluciones? Elecciones o cambio de Gobierno. Pero eso es fácil de teclear en el ordenador; la realidad es más compleja. Visto desde fuera, sólo se puede pedir respeto a los derechos humanos. Eso es todo. Este respeto es lo primero que desaparece cuando está en juego el bien más preciado: el poder.

La república Centroafricana acaba de terminar una guerra civil incruenta, con enfrentamientos de índole religioso. Se han firmado los acuerdos de paz en Jartum (Sudán). Ese asunto no aparece en los medios. Es normal dar más peso a Venezuela por los lazos históricos y comerciales existentes con ese país, pero tendemos a focalizar la realidad en un aspecto. Si hace unas semanas sólo existía la historia del pobre niño que había caído al pozo, ahora el mayor peso mediático se encuentra en Venezuela.

El problema catalán enseña lo importante que es vender un relato al exterior y la facilidad con la que “expertos” de otros países juzgan lo que ocurre en lugares lejanos. Es así: los no independentistas piensan que nunca debe saltarse la ley y que unos pocos (los catalanes) no pueden decidir el destino de los otros (los españoles). Respecto de los independentistas, unos piensan que en situaciones de clara injusticia es legítimo saltarse la ley. Otros piensan que se debe presionar como sea, con límites que a veces no quedan claros (a veces es difícil distinguir la diferencia entre manifestación y escrache) para lograr un objetivo que es un bien superior. Por supuesto, existe quien es independentista y pide no saltarse nunca la legalidad, como existen no independentistas que piensan que se debe realizar un referéndum. Es evidente que en este escenario el acuerdo es imposible. Si yo quiero vender un piso a 170.000 euros y el comprador no está dispuesto a pagar más de 160.000, ¿cómo demonios vamos a poder acordar algo? Entre dos personas se pueden buscar encuentros, pero entre políticos avalados por votos que sustentan mandatos claros,  la cosa es más difícil.

¿Y la economía? Depende de cada situación personal y del puesto que ocupemos. ¿Qué percibimos? Más desigualdad, ligero estancamiento económico, incertidumbre y más incertidumbre.

¿Qué es? “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira” (Ramón de Campoamor).

Javier Otazu Ojer.

Economía de la Conducta. UNED de Tudela.

El mercado del desplazamiento.

ESTE ARTÍCULO GENERÓ UNA CONTROVERSIA ENORME EN OK DIARIO.

Esta vez toca marejada en el mercado de los desplazamientos dentro de ciudades. Un mercado en el que se pueden demandar, si nos encontramos en una gran ciudad, más de un millón de servicios en un día es algo apetitoso. Bien, vamos a usar nombres menos técnicos. Menuda movida han montado los taxistas en Madrid y Barcelona. Y eso es algo común, por supuesto, a las grandes ciudades. ¿Por qué se dan estos movimientos? ¿Qué solución existe? ¿Es justo que se permita paralizar así una gran ciudad por parte de unos pocos?

No todos los mercados son iguales. Existen diferentes posibilidades, que pasamos a definir. Así, un mercado es de competencia perfecta si existen muchos consumidores y muchos productores (así nadie tiene poder de precios), hay información perfecta (los agentes económicos pueden consultar el precio de cada uno de los bienes al momento, y eso es algo que Internet permite hacer en muchas ocasiones), no existen costes de transacción (se supone que nos da igual comprar algo en la tienda de abajo que irnos en coche al hipermercado más cercano; la llegada de los gigantes que permitan comprar a golpe de clic y nos lleven el producto a casa permite el cumplimiento de este principio) y el bien es homogéneo (por ejemplo, se supone que dos hoteles de tres estrellas, el tipo de  gasolina que echamos al coche o un desplazamiento en autobús tienen la misma calidad). Se supone que este tipo de mercado es el mejor para el consumidor, y de hecho, los poderes públicos velan para que los mercados sean de competencia perfecta. En la Unión Europea, la danesa Margrethe Vestarger es la comisaria de la competencia y en España, José María Marín Quemada ocupa la presidencia de la comisión nacional de los mercados y la competencia (CNMC).

El caso extremo es el monopolio, en el cual una empresa es la única vendedora. En teoría, están prohibidos. En un oligopolio tendríamos unas pocas empresas. Se supone que deben competir entre ellas, pero a veces crean alianzas (de forma implícita o explícita) imponiendo precios altos que les permiten aumentar sus beneficios. Estas alianzas reciben el nombre de cártel o colusión, y están terminantemente prohibidas. Es más, las instituciones anteriores están legitimadas para sancionar duramente a empresas que se saltan los principios de la libre competencia.

Entonces, ¿en qué mercado podemos ubicar a los taxistas? Ya se ha comentado que pertenecen a los desplazamientos por carretera. En las grandes ciudades, su principal competencia es el metro. En todas, el servicio público de transporte. Bueno, en todas no. Existen casos (ciudades turísticas de México, por ejemplo) en los que existe un pacto implícito entre agentes económicos y hay zonas a las que no llega el servicio público para que así el taxi tenga su mercado. Con la normativa europea, eso no sería posible.

 

En teoría, este sería un mercado ideal para la competencia perfecta: muchas personas desean desplazarse, muchas personas están dispuestas a desplazar a otras, las aplicaciones de los teléfonos permiten la llegada de un vehículo (sea un taxi, un VTC o una carreta a caballo) en el menor tiempo posible y al precio más bajo. Un economista liberal diría que este mercado debería dejarse libre: la competencia siempre beneficia al consumidor. Precio de la licencia, cero. Pero eso no es lo mejor: una oferta excesiva podría tirar los precios. Precio del viaje, cero. No sirve.

Entonces, ¿cómo gestionar el asunto?

Hay dos problemas. Uno, la regulación del mercado. Los taxistas han pagado unas cantidades desorbitantes para tener una licencia. Esas cantidades llegan a ser enormes: se llegan a intercambiar por pisos. ¿Cómo compensar eso? No lo olvidemos: cuando una persona compra una licencia, también compra tranquilidad. Por eso cuestan tanto dinero. Se debe evitar esa injusticia. ¿Entonces? Se trata de permitir la entrada escalonada del VTC en aras a mejorar la competencia sin bajar de un precio mínimo por viaje y con impuestos semejantes (teniendo en cuenta los pagos pasados de  los taxistas) para unos y otros.

Segundo problema. Si de lo que se trata es de evitar injusticias, ¿qué podemos decir de las agresiones que han recibido conductores de VTC, del miedo que han pasado personas que simplemente habían tomado un vehículo por comodidad, precio o rapidez? En una democracia digna de tal nombre, eso no se puede permitir. Que aparezcan asociaciones de taxistas que digan “no nos hacemos responsables de lo que pueda pasar” es una amenaza, se mire como se mire. Por desgracia, existen colectivos que pueden paralizar la actividad económica y social a cambio de su interés particular. ¿Cómo no recordar el conflicto de los estibadores?

Es labor de los poderes públicos establecer leyes que establezcan límites al legítimo derecho de huelga y defensa de los derechos de cualquier tipo de colectivo. Y es responsabilidad de los mismos la búsqueda de mecanismos que permitan la convivencia de todos.

Para eso les votamos.

Blas de Lezo.

Vox ha generado cierta controversia al proponer el rodaje de una película relacionada con el marino vasco Blas de Lezo.  Es triste recordar que su nombre sólo había salido para nombrar a un antiguo caso de corrupción (junio del año 2017) que terminó con el antiguo presidente de la comunidad de Madrid, Ignacio González, en la cárcel. Esperanza Aguirre, que también ocupó ese cargo y llegó a ser posible candidata para la presidencia del gobierno por parte del PP, tuvo que dimitir de sus cargos. La operación sacó a la luz más vergüenzas relacionadas con financiaciones irregulares, enriquecimientos personales y cobros de jugosas comisiones. Todo ello estaba relacionado con la gestión pública del canal Isabel II.

Los casos de corrupción (el más conocido es Gurtel ya que su sentencia precipitó la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a la Moncloa)  y las prebendas que se asignan altos cargos siguen rompiendo la necesaria confianza que debe existir entre quienes nos gobiernan y la sociedad civil. Es común decir que se va a hacer una cosa y obtenido un puesto, hacer otra. El caso más obvio es el  Pablo Iglesias, cuando hablaba de “casta” y ahora vive encastado a una mansión. Desde luego, tiene derecho a ello, pero cuando rompe su discurso central en torno a su interés personal, algo no va bien. No obstante, Iglesias propuso más ideas. La mejor: retransmitir por televisión las negociaciones de los partidos. Así no serían necesarios los “relatores”.

En todo caso, ¿por qué el caso del canal de Isabel II se llamaba operación Lezo? Debemos recordar la historia de uno de los grandes marinos de siempre: Blas de Lezo y Olavarrieta, nacido el 3 de febrero de 1689 en Pasajes (Guipúzcoa).

A Blas de Lezo se le llamaba el medio hombre, ya que para los 25 años era cojo, tuerto y manco (curiosamente, perdió un brazo en el sitio de Barcelona el 11 de septiembre del año 1714). No obstante, sus hazañas le valieron rápidos ascensos en la jerarquía marina. En este contexto, los ingleses y los españoles estaban luchando por la supremacía de los mares y de los territorios de América Latina. La clave, sin duda, era la denominada “llave de América”: Cartagena de Indias (Colombia).

Una enorme flota inglesa encabezada por el vicealmirante Edward Vernon embarcó con la misión de conquistar tan ansiada plaza. La superioridad de los ingleses era abrumadora: tan seguros estaban de la victoria que emitieron medallas y monedas conmemorativas de la victoria en la batalla antes de que terminase. Es lo que se llama, en el argot popular, vender la piel del oso antes de cazarlo. En estas monedas Blas de Lezo, arrodillado (lo cual no podía ser ya que su pata de palo lo hacía imposible) ofrece la espada de la derrota a Vernon. No obstante, en una de las grandes sorpresas navales de la historia,  los ingleses fueron vencidos. Es la denominada batalla de Cartagena de Indias (abril de 1741).  De ahí viene lo de operación Lezo: Ignacio González fue filmado allí llevando unas bolsas “sospechosas”.

Las enormes pérdidas sufridas  evitaron futuros intentos de  conquista de los países de América del Sur por parte de los ingleses. Por desgracia, las heridas sufridas en la batalla precipitaron la muerte de Lezo, el 7 de septiembre de 1741.

 

Blas de Lezo sufrió una derrota reputacional, ya que había caído en desgracia por parte de la corte: a finales de octubre del año 1741, cuando ya había fallecido, llegó la orden del Rey suprimiendo su empleo y ordenándole el regreso a España. Al parecer, el virrey Sebastián de Eslava (por cierto, navarro) había conspirado contra él para adjudicarse la gloria de la victoria.

Aunque la historia se suele estudiar en un único de texto, siempre quedan líneas abiertas que permiten diferentes juicios e interpretaciones. No se puede comprender la Guerra Civil leyendo un único libro de la misma. Necesitamos más referencias, visiones o testimonios. No deberíamos olvidarlo. Pensemos en el ejemplo anterior: ¿cuántos héroes, investigadores o  aventureros son completos desconocidos  debido a  envidias, manipulaciones o simple azar?

En nuestras conversaciones es común hablar de personas cercanas, famoseo, políticos y deportistas. Temas como la ciencia, cultura o históricos son menos comunes. Y eso no puede ser. Somos lo que somos por los avances científicos, culturales y la evolución de la historia.

Hoy en día se desconoce el lugar exacto donde está enterrado Blas de Lezo. Para  Gonzalo M.Quintero Saravia “su tumba es toda América Española pues es obra suya que la lengua de allí siga siendo el castellano” (Don Blas de Lezo. Biografía de un marino español).

No obstante, su ejemplo de superación, determinación y entusiasmo nos recuerda que las personas que logran “lo imposible” (ciencias, artes o historia),  permanecen, siempre que haya testimonio de ello,  en la memoria y el recuerdo de las siguientes generaciones.

Javier Otazu Ojer.

Davos, Europa, Navarra.

Terminó la cumbre de Davos y pocas noticias han salido en los medios relacionados con la misma. Organizado por El Foro Económico Mundial (Klaus Schwab), este año llegaba ya a la edición número 49. En la misma, se trataba de buscar mecanismos para responder a los desafíos de la Economía Digital (cuarta revolución industrial). El principal: la desigualdad. Conclusiones, pocas. Una, sorprendente: “todo iría mejor si decidiesen las madres y las abuelas”.  Los retos, los habituales: cambio climático, envejecimiento de la población, enfriamiento de la economía, deuda descomunal, guerras comerciales, movimientos migratorios, robotización y precariedad laboral. Las soluciones, como siempre, quedan en buenas intenciones.

Lo más extraño es que dirigentes influyentes como Donald Trump, Macron o Theresa May no acudieron a la cita al tener que resolver sus problemas locales, cuando hoy en día no existen como tales: todo está interrelacionado. ¿Todo? Al menos, mucho. Eso nos lleva a bautizar de otra forma a la economía actual. ¿Qué tal Economía de Suministro? Vamos a razonarlo. Y eso pasa por analizar el mercado inmobiliario.

¿Han subido muchos los pisos? ¿Estamos en una burbuja? Es difícil contestar a la pregunta, ya que no somos conscientes de las burbujas hasta que estallan. Existen casos de manual, como el Bitcoin al final del año 2017 o los pisos en el año 2008. Otras veces, la cosa está más difusa. En todo caso, ahora hay una característica diferencial. ¿Cuál es? La heterogeneidad de la subida de precios. En Madrid o Barcelona, se han disparado. Eso ha hecho que el mercado del alquiler también haya subido, y esa es la razón por la que el Gobierno ha intervenido: deseaba evitar precios todavía más altos. En ciudades medias como Pamplona también ha existido subida, eso sí,  no tan alta. En ciudades más pequeñas el alza todavía es más suave, y en pueblos que van perdiendo población a marchas forzadas el precio se derrumba. En un caso extremo, pueden valer cero. ¿Tiene lógica? Basta responder a esta pregunta: ¿cuánto vale algo que nadie quiere comprar?

¿De qué dependen los precios de los pisos? Del grado de conectividad de la ciudad con la economía global vía producción de bienes y servicios diferenciados. Punto. Así, podemos establecer tres niveles. El grado alto, grandes ciudades con sectores industriales muy potentes. Sirven ciudades como París, Nueva York, centros como Silicon Valley,… El grado medio, ciudades medias. Sencillo, ¿verdad? Aquí está Pamplona. Claves del suministro: la Volkswagen y la Universidad de Navarra. Grado más bajo, ciudades como Tudela. Suministro: el sector agroalimentario y la pertenencia a la conexión entre el Cantábrico y el Mediterráneo. El resto, tiende de forma irreparable a la despoblación. ¿Quién va a ir a vivir  a un lugar donde el desplazamiento es difícil y costoso? Claro que estaría bien tener mejores carreteras, mejores conexiones ferroviarias. Pero los presupuestos llegan a lo que llegan. Existen otras prioridades.

Así, volvemos a Davos. Las conclusiones indican el desconcierto existente con el rumbo que puede tomar la economía global. Así de crudo.

¿Y Europa? En un año en el que llegan las elecciones al Parlamento, existen retos que se deben destacar. El principal, la pugna entre grupos de países con diferentes visiones globales. Está la liga Hanseática (Holanda, países bálticos, países nórdicos e Irlanda), el grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia), los países mediterráneos (España, Portugal, las particularidades especiales de Italia y Grecia) o el eje central formado por Alemania y Francia. Está también el asunto del Brexit. El gobernador del Banco Central Europeo, Mario Dragui, abandona la nave en octubre. Otros puestos de relumbrón también están en juego. En estas circunstancias, la armonía es imposible. Se trata de buscar mecanismos para conllevar la situación. Todo ello es un caldo de cultivo ideal para populismos,  aunque el caso del Brexit ha mostrado sus carencias y falsedades. Demuestra, también, que pese a los problemas de la Unión Europea se está mejor dentro que fuera. Y sí, podemos ser optimistas a medio plazo. La razón: la alternativa es mucho peor. Un ejemplo sencillo: tener un ejército común. El ahorro respecto de ir por libre es enorme. Más posibilidades: los mecanismos de supervisión bancaria logran que un rescate sea, en términos relativos, más barato. Además, ¿quién no desea menos burocracia entre países?

¿Y Navarra? Si nos abonamos a la teoría de la “Economía de Suministro”, es evidente que las discusiones identitarias no deberían centrar los debates. Como la religión, son aspectos que pertenecen a nuestros valores más profundos, aquellos con los que nos educaron de niños.  Debemos ser cuidadosos, ya que  son a la vez una fuente de riqueza y de confrontación.

Como Comunidad debemos  potenciar aquello que funciona y buscar nuevos caminos (políticas económicas y educativas), combinándolo con un sistema impositivo equilibrado (políticas fiscales) que nos permita desarrollarnos sin que nadie quede abandonado a su suerte (políticas sociales).

Davos, Europa, España, Navarra, nosotros, tú, yo.

Todo está interrelacionado.