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Gambito de rey

Una serie de televisión ha logrado poner de moda el ajedrez, ese juego milenario tan complejo, emocionante y divertido que por un lado aporta historias fascinantes, por otro lado aporta enseñanzas impagables para nuestra vida cotidiana.

Una partida de ajedrez se juega en un tablero de 64 casillas. Las piezas (¡no las fichas!) son los peones, torres, alfiles, caballos, la dama y el rey. El objetivo final es dar jaque mate al rey contrario.

No está claro el origen del juego, que parece venir de Asia. Si es conocida del rey que, fascinado y agradecido por conocer el ajedrez quiso recompensar al profesor que se lo había enseñado. Este pidió algo que parecía ridículo: trigo. Exactamente un grano por la primera casilla, dos por la segunda, cuatro por la tercera y así sucesivamente. Es decir, se iba doblando la cantidad. Parece poca cosa, pero el resultado final es 2 elevado a 64 menos uno. El número exacto sería 18.446.744.073.709.551.615. Más de 18 trillones de granos de trigo.

Las combinaciones que permite el juego son todavía mayores. Se estiman en 10 elevado a 100.000, aunque las partidas “razonables” son 10 elevado a 120. Para que nos hagamos a la idea, el número de átomos estimados en el universo es de 10 elevado a 80. Nos llevaría una eternidad poder contarlos. Por eso se abrió el debate acerca de si el juego es infinito o no. Por eso se pensó que nunca una máquina podría ganar a un ser humano: jamás podría alcanzar semejante nivel de computación. Sin embargo, en 1997 una máquina (Deep Blue) logró ganar a Gary Kasparov, uno de los mejores jugadores de la historia. Cuando pensamos en el tiempo que ha pasado desde entonces, podemos comprender el nivel al que están llegando los ordenadores actuales. Es más, si logramos entroncar los avances en inteligencia artificial con los desarrollos cuánticos podemos llegar a niveles inimaginables.

El juego tiene tres partes: apertura, medio juego y final. Cada jugador adopta las aperturas que mejor se adaptan a su estilo. Las piezas blancas inician la partida (esto proporciona una ventaja similar a tener el servicio en tenis) con aperturas como la española, italiana o inglesa, entre otras. Las negras pueden usar diferentes defensas como la francesa, la siciliana o la holandesa. Y no, no es que el nacionalismo haya copado ya el mundo del ajedrez. Es una cuestión de nomenclatura y tradiciones.

Hay dos aperturas particulares: el gambito de rey y el gambito de dama. En la primera, las blancas sacrifican un peón en el ala de rey (columna f) para obtener un ataque más directo frente a su rival. Es propia de jugadores tácticos. En la segunda, se sacrifica un peón del ala de dama (columna c). Es propia de jugadores estratégicos.

La palabra “gambito” se usa en términos genéricos de la vida. Es un sacrificio realizado en aras a obtener un bien mayor. Por ejemplo, interpretamos  que cuando Juan Carlos I abdicó en favor de su hijo Felipe lo hizo para proteger un objetivo mayor: la pervivencia de la monarquía. ¿Cuántas veces hemos realizado gambitos en nuestra vida para beneficiar a otras personas o instituciones? Tener el concepto claro nos ayuda a tomar mejores decisiones.

Otra palabra usada en el lenguaje popular de terminología ajedrecística sería “jaque”. En el tablero se pronuncia cuando se amenaza al rey rival. En ese caso, es obligatorio defenderlo. En la vida cotidiana, alguien que está en “jaque” es alguien que está tocado. Por ejemplo, un político o empresario sobre el que se ciernen sospechas de corrupción. Así, el “jaque mate” implica el fin de la partida o la dimisión de quien ocupa un cargo concreto.

En la mayoría de las partidas, antes de llegar al jaque mate (o al abandono de un jugador que se ve sin opciones) se pasa por las fases del medio juego (predominan los cálculos mentales, la imaginación y tener unos conceptos muy claros) y el final (cuyo dominio requiere mucho estudio y dedicación). Por supuesto, también se puede empatar. Es decir, hacer “tablas”.  En la élite, es el resultado más habitual. Se llega por acuerdo de los jugadores, aunque existen otras opciones como el ahogado, la repetición de jugadas o la imposibilidad de hacer mate con las piezas que quedan en el tablero.

Es importante conocer muchos finales, ya que en el caso de encontrarnos peor buscamos mecanismos para empatar y en caso de encontrarnos igualados buscamos mecanismos para ganar.

Así, podemos extraer muchas enseñanzas para la vida. Es bueno conocernos a nosotros mismos para encontrar la apertura más adecuada. Es bueno saber hacia dónde queremos ir para orientar el medio juego hacia una meta concreta. Es bueno saber cuándo realizar un gambito concreto. Es bueno evitar que otros hagan un gambito con nosotros.

Lo decía Einstein: se trata de conocer las reglas y después, jugar mejor que nadie.

¿Echamos una partida?

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