Press "Enter" to skip to content

El fugitivo.

Impresionante,  la fuga de Carlos Ghosn, antiguo CEO (primer ejecutivo) de Nissan – Renault,  de Japón a Líbano. Recuerda a la película protagonizada hace muchos años por Harrison Ford, “El fugitivo”. Da para comprender el mundo, la realidad, y hacernos elucubraciones acerca de cómo funcionan las cosas. Además, sirve para quitarnos de los cerebros las telarañas generadas por la formación de gobierno. Es para valorarlo: el debate de las últimas semanas no ha salido de ahí. ¿Alcanzará Sánchez la presidencia? ¿Estamos en un Estado plurinacional representado de forma eficaz por los partidos que han votado afirmativamente a la investidura del presidente? ¿O es un caos de grupos con intereses diversos que van desde gobernar hasta destruir el sistema desde dentro? Es de tal magnitud lo que se comenta, se escribe y se habla del asunto que es mejor dejarlo de lado. Al fin y al cabo, el gobierno no tiene tanto margen de actuación, ya que está sujeto a una camisa de fuerza: el euro.

Así, regresemos a Carlos Ghosn, también denominado “el asesino de costes”. Su historia en el mundo de la automoción recuerda a la de otro ejecutivo famoso con sobrenombre semejante. Se trata de  José Ignacio López de Arriortúa, “Superlópez”. Contratado por General Motors en 1980, su revolucionario sistema de gestión le llevó al estrellato mundial y al fichaje por Volkswagen, donde pasó a ser vicepresidente. Acusado de espionaje industrial y fraude, su caso se cerró con un acuerdo de millones de dólares entre las dos multinacionales. También merece ser recordado Jack Welch, principal ejecutivo de General Electric (fundada por el inventor Thomas Alva Edison) entre los años 1960 y 1981. Fue elegido ejecutivo del Siglo XX por la revista Fortune. Tenía un mote curioso: “Neutron Jack”, debido al efecto que tenía la bomba de neutrones. En teoría, deja los edificios en pie destruyendo la vida existente. Eso es lo que, según sus críticos, hacía con las fábricas. Las dejaba en pie sin trabajador alguno.

La vida de Carlos Ghosn está dedicada a la automoción. Contratado en 1996 por Renault, 3 años después realizó la adquisición de Nissan, una de las joyas de la corona japonesa. En esos tiempos, dicha empresa estaba ahogada por las deudas. Corría riesgo de desaparición. No obstante, a los 4 meses hizo un plan de rescate. Aunque sus métodos fueron criticados al cerrar plantas o eliminar empleos, 12 meses después ya estaba en beneficios. A partir de ahí, es considerado un ídolo nacional en Japón, pese a poseer los pasaportes de Líbano (su país de origen), Brasil y Francia.

Cuando una persona llega a esos niveles es difícil no sufrir la “hybris”, esa enfermedad que según los clásicos nos lleva  a la locura transitoria y a pensar que somos los amos del mundo. Ya se lo decían a Julio César, después de ganar tantas batallas: “”recuerda que eres humano”.

 

En este sentido, Ghosn ha sido acusado de egocentrista: se hacía llamar “el refundador”, llegó a alquilar el Palacio de Versalles para montar una fiesta, y tenía todas las características y caprichos de las personas endiosadas por la sociedad. Cuando todo iba de maravilla, el 19 de noviembre del año 2018 fue detenido en Tokio. ¿La acusación? Ocultar, según la justicia de Japón, más de 60 millones de euros. Endosar pérdidas de más de 15 millones de euros en derivados financieros a Nissan. Violar leyes japonesas sobre la información asociada a las finanzas corporativas ¿Es cierto? Nunca se sabe. No podemos entrar en el cerebro de una persona que gana cada año 15 millones de euros de salario. Pero también hay otras razones que nos inducen a sospechar: Ghosn tenía la idea de adquirir Fyat Chrysler, y además deseaba unificar las empresas. Así, surge una duda: ¿ha sido todo una operación para evitar la posible desaparición de Nissan? Ojo, que Ghosn ya tuvo problemas graves con Macron cuando éste era ministro de Hollande. Ningún país quiere perder lo que Zapatero denominaba “campeones nacionales”.

El 29 de diciembre del año 2019 Ghosn escapó. Al parecer, le ayudaron agentes especiales como Michael Taylor y Georges Zayek. Recientemente dio una rueda de prensa en Líbano insistiendo en su inocencia y el complot establecido contra su persona.

El asunto deja muchos interrogantes. ¿Es posible que exista una guerra oculta de poder (el denominado “poder afilado”) entre gobiernos defendiendo sus intereses, sean los que sean? ¿Cómo establecer las líneas que diferencias los complots y las acusaciones verdaderas?  ¿Si una persona llega demasiado lejos y es peligrosa para el sistema corre el riesgo de terminar con sus huesos en la cárcel?

Difícil de saber. El asunto nos hace pensar en un mundo más complejo de lo que parece, más allá de unas peleas por unos sofás en el Congreso y por otros sofás en un ministerio.

Un mundo en el que la realidad siempre supera a la ficción.

Javier Otazu Ojer.

Autor de Ideas de Economía de la Conducta (Behavior and Law Ediciones).

www.asociacionkratos.com

 

Sé el primero en comentar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *