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Educación financiera

Ideas de la conferencia, 7 de octubre 19 horas. Civivox Iturrama.

   Javier Otazu Ojer. Profesor de Economía.

    Carlos Medrano Sola. Consultor.

    Mikel Iribarren Fentanes. Santander Private Banking.       

    José Félix García Tinoco. Profesor de Finanzas.

 

El día de la educación financiera lleva celebrándose desde el año 2015 el primer lunes del mes de octubre. Promovido por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y el Banco de España, su propósito es concienciar a la población de la importancia de estar financieramente formados. El lema de este año es “Conectados a la digitalización”, en referencia al papel que tiene la tecnología aplicada a las finanzas en nuestras vidas (Fintech) y al uso más apropiado que podemos hacer de la misma.

La mayor parte de las personas va a pedir algún préstamo en su vida, generalmente para comprar un piso, aunque hay otras posibilidades: un coche, la apertura de un pequeño negocio, o la compra a plazos de un artículo, por ejemplo. Por otro lado, hay temporadas en las que podemos ahorrar, por lo que se nos abre un abanico de posibilidades: lo dejo en la cuenta corriente, hago un plazo fijo, compro deuda pública, cancelo un préstamo, entro en bolsa, quizás un fondo de inversión….

Cuando estamos en alguno de esos momentos, por los que la práctica totalidad de la población habrá pasado o va a pasar alguna vez, aparecen términos como la TAE, el tipo de interés nominal, el Euribor, la inflación, la fiscalidad, el riesgo soberano, la prima de riesgo, el mercado primario o secundario, las agencias de Rating, o el cálculo de la cuota del préstamo, entre otros.

¿Qué es necesario para tomar la decisión más adecuada (o por lo menos para no perderse) en estos escenarios? Cultura financiera. ¿Estamos suficientemente preparados para afrontar decisiones relacionadas con nuestras necesidades financieras o nuestros ahorros? Creemos que la mayor parte de la población no lo está.

Por poner algunos ejemplos, si uno de nosotros se plantea realizar una inversión, puede adquirir activos reales (una casa, arte, un palacio, materias primas o incluso terrenos en la Luna) o productos financieros. En el segundo caso, podría adquirir activos financieros o derivados financieros.

Ahora bien, ¿en qué me baso para comprar un producto financiero?

 

Existen tres características fundamentales: rentabilidad, riesgo y liquidez. Vamos a definirlas a partir de tres preguntas. ¿Cuánto dinero voy a recibir a lo largo del año por cada euro invertido teniendo en cuenta, por supuesto, los ajustes fiscales y la inflación? Eso es la rentabilidad. ¿Cuál es la probabilidad que tengo de recibir el dinero acordado? Eso es el riesgo. Y por último, ¿puedo vender mi activo financiero con facilidad sin tener unas grandes pérdidas? Eso es la liquidez. Existe una relación fundamental entre estos conceptos: obtendremos mayor rentabilidad con mayor riesgo y/o menor liquidez.

Por ejemplo, un bono del Estado va a tener una rentabilidad baja, ya que el riesgo de impago es bajo al estar garantizados por el Gobierno de turno. En este caso, la liquidez es alta. Pero claro, si en vez de un bono del estado preferimos un activo fijo privado la cosa varía, como también es diferente si nos decantamos por un fondo de inversión o por invertir en bolsa.

Por otra parte, si pedimos un préstamo, lo importante no es el tipo de interés nominal que nos ofrece la entidad. Lo fundamental es el TAE, al ser un interés que tiene en cuenta otros gastos asociados al préstamo, como las comisiones, impuestos, tasaciones o primas de seguro obligatorias en la oferta que nos hace el banco. Además, tendremos que elegir el plazo a devolver el préstamo, y posiblemente nos ofrezcan contratarlo a tipo fijo o a tipo variable, en cuyo caso deberíamos saber qué es el Euribor y cómo se calcula. Y si pasado un tiempo tengo unos ahorros, ¿amortizo algo? Y si es así, ¿reduzco cuota o plazo?

Puede parecer un lío de conceptos, pero creemos que no lo es. Lo que sucede es que no hemos sido formados en esta materia, lo cual es incomprensible al ser operaciones totalmente habituales de casi toda la población.

Por otro lado, la cultura financiera es fundamental para comprender, exigir y ser más crítico con las políticas económicas del gobierno. Por ejemplo, cuando llega la campaña electoral, algunos partidos políticos piden aumentar el gasto público para estimular así la economía. Es una posibilidad, pero deberían decirnos el coste de esa política. No es difícil: la deuda pública acumulada por el Estado (tienen la costumbre de darla en términos de PIB para que parezca menor; en términos numéricos, más de un billón de euros)  hace que se paguen cada año más de 30.000 millones de euros sólo en intereses; sale a 90 millones de euros al día. Y eso en un contexto de tipos ridículamente bajos. ¿Es sostenible? ¿Qué va a ocurrir cuándo los tipos de interés comiencen a subir?

¿Qué ocurrirá con la política del BCE? ¿Cómo gestionar los paraísos fiscales? ¿Y los derivados financieros? ¿Y el BPI? ¿Y el BAII?

Sí.  Necesitamos cultura financiera.

www.asociacionkratos.com

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