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El flautista de Hamelin

El famoso cuento de “El flautista de Hamelin” data del siglo XIII. En el mismo, un cazador de ratas que viste extrañas ropas es contratado para llevarse a los roedores que invaden una ciudad tocando su flauta mágica. Los animales terminan en el río Weser, donde mueren ahogados. No obstante, la población niega al flautista el pago de su trabajo. En represalia, el flautista repite la estrategia con los hijos de los lugareños, los cuales terminan en una cueva. Sólo se salvarían tres de ellos. Un matiz: las ratas no aparecen hasta una versión de finales del siglo XVI. Eso fue debido, posiblemente, al efecto de la peste bubónica, ya que fue transmitida por esos animales.

¿Cuál es la moraleja del cuento? ¿Qué podemos aprender del mismo? ¿Cuáles son los flautistas de hoy en día?

 Frente a las plagas económicas, ideológicas o espirituales las sociedades tienden a acudir a personas carismáticas que ofrezcan soluciones drásticas a sus problemas. No es difícil asociar esta idea a los líderes de países como Estados Unidos (Trump), Rusia (Putin), Reino Unido (Johnson), Turquía (Erdogan), Brasil (Bolsonaro) o China (Xi Jinping).

Esta idea la expresa uno de los historiadores más influyentes del mundo, Niall Ferguson, en su libro “La plaza y la torre”. Trasladada a comienzos del Siglo XX, argumenta cómo quienes dieron al poder a los flautistas de la época lo pagaron con la vida de sus hijos. En los tiempos que corren no se percibe peligro de guerra mundial debido a una cuestión sencilla: en caso de darse, nadie la puede ganar debido a la “destrucción mutua asegurada”. Pero el cuento es pertinente, ya que corremos el riesgo de dar el poder a flautistas cuyo único objetivo es el poder como fin en sí mismo, no como medio para plasmar unas políticas que conlleven una mejor convivencia en sociedades cada vez más complejas e interconectadas.

No obstante, existe una diferencia con el mundo actual. Mientras que el flautista del cuento al menos logró eliminar las ratas, a día de hoy la cosa es más difícil. Las ratas actuales son el cambio climático, la desigualdad, el desempleo, las migraciones descontroladas, las adicciones humanas o la gran cantidad de personas que están fuera o en riesgo de salir del sistema económico. ¿Entonces?

Los flautistas actuales tocan su música para engatusar a la sociedad usando dos técnicas distintas. Uno, saltarse las reglas. Basta decir que las normas actuales no sirven para afrontar los problemas. Como el cambio de las mismas es muy lento y engorroso debido a la lentitud con la que se manejan las instituciones, lo mejor es tomar decisiones drásticas. Muy mal. Todo ello no sirve para alcanzar nada bueno: Boris Johnson, por ejemplo, ha montado un lío enorme con su pretensión de forzar el Brexit duro cueste lo que cueste.  Lo que ha pasado en Cataluña es otro caso claro. Y todo ello conlleva dificultades jurídicas que paralizan la economía y la convivencia. Es inevitable: siempre habrá unas personas que entiendan razonable saltarse la ley en caso extremos, y otras que entiendan las normas como una línea roja.

Dos, desviar los problemas. Es lo que están haciendo de una forma excelente los partidos políticos en España de cara a defender sus intereses particulares. Los más particulares: los de cada puesto individual. Los problemas más importantes no son las parcelas de poder, no. Y sin embargo, es de lo que más se ocupan los medios. Nos están llevando con la música a su terreno. Importan las pensiones, importa el trabajo, importa la competitividad global del país, importa adaptar la educación a los retos de mañana, importa la salud. En definitiva, importa  la vida, en cantidad y calidad, de las personas. Cuando nos dicen que el cambio climático se arregla con un ministerio o consejería de medio ambiente, y usan la misma lógica para asuntos como la igualdad o las migraciones, nos están engañando. Simplemente, son puestos. Estos problemas tienen enfoques diversos. Si son globales (migración) se deben afrontar mediante los organismos o eventos necesarios para ello (Unión Europea, ONU, reuniones entre países interesados, cumbres). Si son locales (sanidad, educación) las estructuras ya están hechas y se deben ajustar mediante leyes y normas de paternalismo libertario: se incentiva  el deporte o la dieta mediterránea, se penaliza el tabaco o el alcohol. En este sentido, basta valorar lo que haya realizado cada consejería en el caso de Navarra o cada ministerio en el caso de España durante los últimos años. Escaso.

En conclusión, es responsabilidad de nosotros mismos, de la sociedad civil y de los medios orientar el debate a lo que importa sin dejarnos llevar por la música que nos imponen.

La flauta es un instrumento maravilloso: se estima que tiene 100.000 años de edad. Es lo que tiene la música, nos embruja. Eso está muy bien.

Pero debemos ser conscientes de lo que importa: la letra.

Javier Otazu Ojer.

Economía de la Conducta. UNED de Tudela.

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