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Poder

Si hay algo que ambicionan los seres humanos, sea de una forma u otra, es poder. No sólo el poder en términos políticos, claro está. Poder cualquier cosa. Poder volar, poder tener un apartamento al lado de la playa, poder tener millones y millones de euros, poder controlar mejor a los hijos, poder tener un trabajo o una empresa….

Sí, hay muchos tipos de poder. Pero el que nos ocupa es uno: el Poder. Ser Presidente del Gobierno, de la Comunidad Autónoma o ser alcalde. Son puestos en los que se tiene la posibilidad de obligar a otras personas a actuar de una forma determinada.

Sin duda alguna, a lo largo de la historia de la humanidad ha habido millones y millones de muertos única y exclusivamente por Poder. ¿Tiene sentido? ¿Es eso justo? ¿Ocurre eso en otras especies animales? ¿Existe alguna forma de reconducir todo este problema? ¿Cuál es la diferencia entre poder y autoridad?

Si pensamos en la antigüedad, nuestra mente identifica las batallas recordando personas a caballo, con arcos, flechas, trabucos; de manera más avanzada metralletas o lanzamisiles. Viva la fuerza bruta. En este caso, el candidato más adecuado es Mao, que tenía una estrategia para ganar las batallas: “basta tener más soldados que balas tenga el enemigo”. En fin, viva la vida humana.

Nos cuesta mucho pensar en términos de otras épocas. Actualmente, el nacionalismo, sea el que sea, lo impregna todo. Se pelea por un país, sea reconocido o no. Basta tenerlo en la mente. Aunque parezca mentira, esto es una excepción en la historia de la humanidad. Es en la Primera Guerra Mundial donde cambia el parámetro: las luchas ya no son de clases sociales. De hecho, eso es lo que motivó la revolución más famosa de toda la historia: la francesa.

Nuestros humildes predecesores (se estima que el total de homo sapiens sapiens que han habitado nuestro planeta, es decir hombres que piensan y además saben que piensan, es de 100.000 millones; la décima parte de la deuda pública española) tuvieron una educación completamente diferente a la nuestra. No les enseñaban historia. Al menos, no se la enseñaban con el tipo de relato actual. Hoy se vende como una competición de “buenos” (los nuestros) contra “malos” (los otros). Desde este enfoque, aprender historia en España supone conocer la conquista de América y la colonización de esas tierras, aportándoles modernidad y aspectos religiosos. En un país de Latinoamérica es al revés: los invasores son unos personajes ávidos de poder, tierras y tesoros que vinieron a imponer sus costumbres a la fuerza. Es evidente que todos no pueden tener toda la razón. El asunto se queda para los expertos y todos aquellos que deseen investigar un mundo tan fascinante como ese.

La cuestión es que se aprendían unos conceptos básicos de lectura, escritura, matemáticas y lenguaje. A partir de ahí, lo importante era sobrevivir. ¿Qué hacer? Apuntarse al grupo que nos pueda dar más posibilidades de supervivencia y mejores recursos. No había más opciones, ni era un mundo en el que había tantas posibilidades de elegir. No debemos olvidar que la declaración de los Derechos Humanos no viene de la antigüedad: es de ayer.

El Poder ha cambiado. Ahora el más importante es el político. No es eterno, ya que debe ser revalidado. Pero es lo que hay en un mundo líquido como el nuestro. Además, existe un aspecto que no es baladí: ser presidente supone un seguimiento enorme y sobredimensionado en los medios de comunicación. Todo el mundo te trata de diferente manera. Claro que los políticos reciben críticas, pero cuando alguien habla con un consejero, ministro o diputado muchas veces incluso se saca fotos con él. No deja de ser una pequeña subordinación, ¿no?

Este aspecto aumenta la vanidad hasta límites insospechados. Y lo más curioso: el Poder en sí mismo no es para tanto. Cuando George Bush hijo ganó las elecciones y le comentaron cómo funcionaba la estructura del Estado se fue de vacaciones con su esposa Laura ya que entendió que “no podía cambiar nada”. Lo principal es el dinero que se va a ganar, las prebendas y el hecho de ver que te conviertes en el “rey” de los medios y todos te tratan de forma diferente. Por lograr este nivel, muchas personas son capaces de todo. En este contexto, mentir es poca cosa: Boris Johnson, recién elegido primer ministro inglés, soltó mentiras indecentes para lograr el Brexit y ahí está.

Además, los límites presupuestarios hacen que no haya muchas posibilidades de hacer política. ¿Entonces? ¿Por qué se ha montado el escenario y las presiones que existen en Navarra?

Existe el poder normativo, aquel que sirve para generar reglas de convivencia. En una comunidad pequeña y a la vez estratégica como Navarra por razones conocidas por todos, eso genera una fuerza enorme.

Tanto como la lucha que estamos viviendo.

Javier Otazu Ojer
Economía de la conducta. UNED de Tudela.

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