GOBIERNO INTERIOR, GOBIERNO EXTERIOR.

¿Cuál va a ser el gobierno que dirigirá nuestro país? ¿Cómo será el resultado de las próximas elecciones municipales, autonómicas y europeas? ¿Hacia dónde irá nuestra sociedad? ¿Estamos preparados para los retos que nos esperan?

Estas preguntas aparecen de forma continuada en los medios de comunicación, debates entre amigos y conocidos o en las conversaciones de cualquier cafetería. Por desgracia, todo ello es muestra de un doble problema que tiene la sociedad. Primero, responsabiliza al hipotético Gobierno de nuestro futuro. Así, pensamos que nuestra actitud diaria no importa. Y eso es falso. ¿Qué influye más en el mundo? ¿Nuestro voto o nuestras decisiones diarias de compras, inversiones y uso del tiempo? La respuesta es obvia. Segundo y como consecuencia de lo anterior, no pensamos en como gobernarnos bien  a nosotros mismos. Y si fallamos a ese nivel, no podemos gobernar bien a los demás.

En un mundo en el que abundan los libros de autoayuda (junto con los de dietas e inversión en bolsa), ¿qué recomendaciones serían las más adecuadas para gobernarnos bien a nosotros mismos?  Vamos a hacer la prueba a partir de sentido común, investigaciones científicas, evidencias empíricas y los análisis más influyentes en psicología positiva.

1.- Equilibrar el tiempo y las actividades que realizamos en él dentro de cada  día para desarrollar nuestro mundo espiritual, social, físico, laboral o intelectual.

2.- Ser responsables con nuestro entorno: empezando desde el yo y la familia hasta llegar al más allá.

3.- Señales de una larga vida: no levantarse tarde, no tener sobrepeso (más aún: no saciarnos en las comidas), vida social amplia y la más peculiar, andar con un ritmo enérgico.

4.- Pensamos que los demás son previsibles. Olvidamos que nosotros también lo somos. Buscar pequeñas experiencias o actividades novedosas.

5.- Controlar los miles de estímulos que nos invitan a maltratar a nuestro cuerpo.

6.- El estrés genera monocitos que nos llevan a tener inflamaciones en el interior y terminan con un envejecimiento prematuro. Un buen pensamiento genera una palabra que nos lleva a un acto, el cual repetido muchas veces crea un hábito (importante: un hábito se crea en 66 días). Así, se forja un carácter. ¿Qué es mejor? ¿Un círculo vicioso o un círculo virtuoso?

7.- Los caprichos se ganan, sean cervezas, chocolatinas o una buena siesta.

8.- El ajuste a las normas sociales (hacer lo que hacen los demás) crea desdicha. Hacer lo que siento que debo hacer es el único camino posible hacia el bienestar eudemónico (estar completamente concentrados en lo que hacemos; a esta idea se le llama fluir; según el influyente ensayo de Mihaly Csikszentmihalyi).

9.- Los músculos son un órgano endocrino que segrega decenas de moléculas imprescindibles para el buen funcionamiento del organismo, aportándole más energía.

10.- Ser consistentes con nuestras creencias, valores, pensamientos, actos  y palabras.

Después de analizar, meditar y contrastar el decálogo previo, podemos ir al siguiente paso. ¿Por qué no probar con ideas para tener un buen gobierno exterior? Esta vez serán sólo cinco. Vamos con ellas.

1.- Distinguir ideas, ideologías, ideales. Lo primordial es tener claro un ideal de sociedad de manera que podamos buscar ideas para lograr ese objetivo. Las ideologías las dejamos para cada persona particular.

2.- Tener personas que me digan lo que no quiero escuchar. Esta costumbre se comenta en la teoría, pero en la práctica es menos común. Una persona que ve su puesto en peligro prefiere callarse. Asociada a la misma, conviene tener contrapesos dentro de un partido. Por ejemplo y según esta lógica, el candidato a presidente de una comunidad autónoma no debería ser el presidente del partido.

3.- Evitar la toma de decisiones en ambientes opacos. Caso de manual: los premios Nobel de literatura. El año pasado no se dieron debido a este tipo de problema.

4.- Visión. No se puede gobernar sin tener claro el mundo en el que vivimos. La única forma de lograrla es hablar, leer o contrastar opiniones con personas que no piensen como nosotros.

5.- Delegar. No sólo en el equipo de gobierno directo, sean ministros o consejeros. Delegar hasta el final: todos los miembros de la sociedad o de la empresa. El caso más simpático: cuando se iba a preparar el viaje a la luna, a una mujer que estaba limpiando un cristal le preguntaron por su actividad. Su contestación: “estoy preparando el lanzamiento de la nave espacial hacia la luna”.

La nave espacial en la que viajamos es nuestro planeta. Tiene múltiples compartimentos: desde áreas de libre comercio hasta las comunidades de vecinos. Debemos tener claras las pautas que nos van a llevar a un buen destino. Lo resume magistralmente un grande de la historia de la humanidad; Alejandro Magno. “De la conducta de cada uno depende el destino de todos”.

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