Bienestar sostenible. Conclusiones.

Un debate recurrente de los últimos tiempos es el que viene dado por la sostenibilidad del sistema de pensiones. Curiosamente, existe un consenso generalizado: a largo plazo, las prestaciones van a disminuir de forma considerable. Basta valorar un número muy sencillo: el número de pensionistas estimado que existirá en al año 2050. No es algo muy difícil. Como sabemos las personas que nacieron en el año 1980, basta estimar una proporción de fallecidos y a partir de ahí dejaríamos el total de jubilados en 15 millones de personas. Para sostenerlo, son necesarios, al menos, 35 millones de trabajadores (desde luego, eso ya es una predicción: el resultado exacto depende de muchos factores, siendo el más importante de ellos la productividad). Para eso, necesitaríamos a nivel nacional un total de 18 millones de empleos adicionales. Con los avances tecnológicos que se esperan como la robotización, la digitalización y en infraestructuras junto con otras posibilidades  como el desarrollo del blockchain, ordenadores cuánticos o un suministro energético más eficiente, lo más normal es que se necesiten menos personas para trabajar. En este sentido, mantener el sistema actual es ciencia ficción.

Además, hay que tener en cuenta más aspectos. El bienestar de una persona no es sólo la pensión que cobra. Existen dos aristas más: las relaciones sociales y el estado de salud. Y por desgracia, son las grandes olvidadas. ¿A qué se debe? Sencillo. Simplemente, no se pueden valorar numéricamente. ¿Cómo valorar el hecho de tener relaciones humanas que nos proporcionan desarrollo personal? ¿Cuánto vale tener 80 años y estar bien de salud? Sí, podemos saber lo que cuesta un tratamiento médico en un hospital. Pero no el ahorro que supondría tomar medidas individuales como no fumar, hacer más deporte o evitar la obesidad.

No obstante, debemos remarcar aspectos fundamentales a nivel económico. El primero es tenebroso. ¿Qué han hecho los algunos países que tenían el sistema quebrado? Bajar las pensiones en un 25%. Aunque los casos más conocidos son Grecia o Portugal, en Gran Bretaña pasó algo parecido. Jubilados con una vida desahogada en la playa mediterránea vieron como sus rentas se desplomaban. Los políticos siguen, a sabiendas o no, una idea de Maquiavelo: es mejor tomar las malas medidas de golpe. En otras palabras, entre bajar las pensiones un 25% o bajarlas 25 veces un 1%, lo que haría cualquier gobernante racional es lo primero. Como habrá protestas, mejor una bajada muy fuerte que 25 suaves. Además, si disminuimos las pensiones de forma brusca el mensaje es demoledor: “no hay”. Si lo hacemos de forma sencilla, el mensaje es “te quito un poquito”. El pensionista se queja: “lo que se da no se quita”. Y ya se ha montado el escándalo. Manifestaciones y sobre todo, votos. Muchos. Las consecuencias las sabemos hoy, pero de seguir así las de mañana están claras: una bajada sideral de prestaciones. De golpe.

La mayor parte de los problemas sociales son transversales, y no son sólo numéricos. Por desgracia, no es ese el trato a los asuntos del día a día. Por eso, merece la pena remarcar los siguientes aspectos.

Uno, el envejecimiento es un éxito. Además, es algo mundial. La esperanza de vida se ha disparado. Si antes hablábamos de la tercera edad (aquellos con más de 65 años) hoy en día ya se habla de la cuarta: los que tienen más de 80 años. Es necesario pues discriminar las políticas para nuestros mayores.

Dos, debemos distinguir el envejecimiento cronológico del biológico. El pasado 9 de noviembre venía en estas páginas un reportaje de un holandés llamado Emile Ratelband que acudió a los tribunales para quitarse dos décadas. Aduce que su edad biológica es de 45 años (así se lo han dicho los médicos), y sin embargo su edad cronológica es de 69. ¿Dependerá el cobro de las pensiones futuro de nuestra edad biológica?

Tres, nuestros comportamientos individuales influyen en la economía global. Estadísticamente el hecho de fumar disminuye 8 años la esperanza de vida. Los economistas discuten si el ahorro en pensiones compensa el mayor gasto en sanidad, ya que un fumador requiere más atención médica.

Cuatro, medidas relacionadas con la educación (primeros auxilios, vida saludable), tecnología (asistentes virtuales, mejoras diagnósticas), logística (hospitalización domiciliaria, mejoras de eficiencia) o económica (copagos, desgravaciones fiscales por usar la sanidad privada) van a aplicarse ya.

Cinco, existen modelos alternativos al estatal para la provisión material de bienestar a nuestros mayores. Dicho bienestar depende de la red de relaciones de cariño y amor, cosas que el Estado no puede dar. La creación de asociaciones de  bienestar y salud o la descentralización fiscal para apoyar iniciativas locales que conocen mejor la situación de campo sería mucho más efectiva.

En definitiva, ideas que nos sirven para ver el problema desde otra óptica y prepararnos mejor para el futuro.

Hoy es el mañana de ayer.

Conclusiones del foro realizado el pasado 8 de noviembre por la asociación Kratos con María Jesús Valdemoros (economía, pensiones), María Errea (economía de la salud) y David Thunder (filosofía social).

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