Archivos mensuales: enero 2019

Davos, Europa, Navarra.

Terminó la cumbre de Davos y pocas noticias han salido en los medios relacionados con la misma. Organizado por El Foro Económico Mundial (Klaus Schwab), este año llegaba ya a la edición número 49. En la misma, se trataba de buscar mecanismos para responder a los desafíos de la Economía Digital (cuarta revolución industrial). El principal: la desigualdad. Conclusiones, pocas. Una, sorprendente: “todo iría mejor si decidiesen las madres y las abuelas”.  Los retos, los habituales: cambio climático, envejecimiento de la población, enfriamiento de la economía, deuda descomunal, guerras comerciales, movimientos migratorios, robotización y precariedad laboral. Las soluciones, como siempre, quedan en buenas intenciones.

Lo más extraño es que dirigentes influyentes como Donald Trump, Macron o Theresa May no acudieron a la cita al tener que resolver sus problemas locales, cuando hoy en día no existen como tales: todo está interrelacionado. ¿Todo? Al menos, mucho. Eso nos lleva a bautizar de otra forma a la economía actual. ¿Qué tal Economía de Suministro? Vamos a razonarlo. Y eso pasa por analizar el mercado inmobiliario.

¿Han subido muchos los pisos? ¿Estamos en una burbuja? Es difícil contestar a la pregunta, ya que no somos conscientes de las burbujas hasta que estallan. Existen casos de manual, como el Bitcoin al final del año 2017 o los pisos en el año 2008. Otras veces, la cosa está más difusa. En todo caso, ahora hay una característica diferencial. ¿Cuál es? La heterogeneidad de la subida de precios. En Madrid o Barcelona, se han disparado. Eso ha hecho que el mercado del alquiler también haya subido, y esa es la razón por la que el Gobierno ha intervenido: deseaba evitar precios todavía más altos. En ciudades medias como Pamplona también ha existido subida, eso sí,  no tan alta. En ciudades más pequeñas el alza todavía es más suave, y en pueblos que van perdiendo población a marchas forzadas el precio se derrumba. En un caso extremo, pueden valer cero. ¿Tiene lógica? Basta responder a esta pregunta: ¿cuánto vale algo que nadie quiere comprar?

¿De qué dependen los precios de los pisos? Del grado de conectividad de la ciudad con la economía global vía producción de bienes y servicios diferenciados. Punto. Así, podemos establecer tres niveles. El grado alto, grandes ciudades con sectores industriales muy potentes. Sirven ciudades como París, Nueva York, centros como Silicon Valley,… El grado medio, ciudades medias. Sencillo, ¿verdad? Aquí está Pamplona. Claves del suministro: la Volkswagen y la Universidad de Navarra. Grado más bajo, ciudades como Tudela. Suministro: el sector agroalimentario y la pertenencia a la conexión entre el Cantábrico y el Mediterráneo. El resto, tiende de forma irreparable a la despoblación. ¿Quién va a ir a vivir  a un lugar donde el desplazamiento es difícil y costoso? Claro que estaría bien tener mejores carreteras, mejores conexiones ferroviarias. Pero los presupuestos llegan a lo que llegan. Existen otras prioridades.

Así, volvemos a Davos. Las conclusiones indican el desconcierto existente con el rumbo que puede tomar la economía global. Así de crudo.

¿Y Europa? En un año en el que llegan las elecciones al Parlamento, existen retos que se deben destacar. El principal, la pugna entre grupos de países con diferentes visiones globales. Está la liga Hanseática (Holanda, países bálticos, países nórdicos e Irlanda), el grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia), los países mediterráneos (España, Portugal, las particularidades especiales de Italia y Grecia) o el eje central formado por Alemania y Francia. Está también el asunto del Brexit. El gobernador del Banco Central Europeo, Mario Dragui, abandona la nave en octubre. Otros puestos de relumbrón también están en juego. En estas circunstancias, la armonía es imposible. Se trata de buscar mecanismos para conllevar la situación. Todo ello es un caldo de cultivo ideal para populismos,  aunque el caso del Brexit ha mostrado sus carencias y falsedades. Demuestra, también, que pese a los problemas de la Unión Europea se está mejor dentro que fuera. Y sí, podemos ser optimistas a medio plazo. La razón: la alternativa es mucho peor. Un ejemplo sencillo: tener un ejército común. El ahorro respecto de ir por libre es enorme. Más posibilidades: los mecanismos de supervisión bancaria logran que un rescate sea, en términos relativos, más barato. Además, ¿quién no desea menos burocracia entre países?

¿Y Navarra? Si nos abonamos a la teoría de la “Economía de Suministro”, es evidente que las discusiones identitarias no deberían centrar los debates. Como la religión, son aspectos que pertenecen a nuestros valores más profundos, aquellos con los que nos educaron de niños.  Debemos ser cuidadosos, ya que  son a la vez una fuente de riqueza y de confrontación.

Como Comunidad debemos  potenciar aquello que funciona y buscar nuevos caminos (políticas económicas y educativas), combinándolo con un sistema impositivo equilibrado (políticas fiscales) que nos permita desarrollarnos sin que nadie quede abandonado a su suerte (políticas sociales).

Davos, Europa, España, Navarra, nosotros, tú, yo.

Todo está interrelacionado.

DOCTRINAS.

Comenzamos un apasionante año dando ideas para reflexionar acerca de los pensamientos más profundos existentes dentro de nosotros mismos.

Como siempre, aprovecho estas líneas para desear un cumplimiento de los nuevos propósitos personales mayor que el de las promesas políticas que nos van a inundar el año electoral recién comenzado.

Recuerdo el contacto: javi.otazu.ojer@gmail.com

¿Quién no ha seguido una doctrina? ¿Cuántas veces pensamos que los  demás están “adoctrinados”? ¿Cómo se logra eso? ¿En qué consiste?

Los cambios de año, que son los momentos en los que se hacen los nuevos propósitos, son ideales para pensar en ello. Consultando diccionarios en la red (pese a la aparición de Wikipedia, siguen existiendo), la doctrina se define como “conjunto de ideas, enseñanzas o principios básicos defendidos por un movimiento religioso, ideológico, político, etc…” o también como “materia o ciencia que se enseña”. Entonces, ¿por qué no reevaluar las doctrinas que nos han enseñado? Si tomamos como cierta la idea del filósofo Herbert Gerjuoy, según la cual “los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, serán aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender”, investigar acerca de las doctrinas se hace todavía más necesario.

Existen dos doctrinas de la actual vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, que  han llamado la atención. La primera es antigua: “el dinero público no es de nadie”. La segunda, es una frase un poco más difusa: “hay que distinguir las opiniones de Pedro Sánchez cuando estaba en la oposición de las opiniones que tenga como Presidente del Gobierno”.

Bien, las críticas que han recibido estas dos afirmaciones son justas y merecidas. En el primer caso, sirve para eludir responsabilidades al asignar recursos. De todas formas, se deben analizar con más profundidad. Por ejemplo, el tema de las palabras. ¿Por qué no cambiar la definición? Está demostrado que las expresiones de la lengua cotidiana varían la percepción que tenemos de la realidad. Aunque el suceso sea el mismo, las expresiones “dos coches se golpearon” y “dos coches se estrellaron” describen el fenómeno de forma diferente. Lo mismo pasa con el dinero público. Es más exacto decir “dinero de los contribuyentes”, ya que se supone que eso estimularía a los gobernantes a ser más responsables con el gasto público.

Todavía hay más. Es fácil recriminar a Carmen Calvo la expresión de que “el dinero público no es de nadie”. Pero nosotros muchas veces actuamos así. Cuando no reciclamos la basura, intentamos evadir impuestos o usamos servicios públicos de forma indiscriminada sin tener verdadera necesidad de los mismos, estamos actuando de acuerdo a ese principio.

Respecto del Sánchez líder de la oposición y presidente del Gobierno, la frase es debida al cambio de doctrina efectuado respecto del problema catalán. La valoración de los acontecimientos del 1/10/17 era, en la oposición, de rebelión. Posteriormente, pasó a ser  de sedición y malversación de fondos públicos. Bien, este asunto lo dejamos para los juristas. Lo relevante es el cambio de opinión. ¿Es real? Puede que sí. ¿Seguro? Ya dijo Upton Sinclair que “es muy difícil entender algo si tu sueldo depende de que no lo entiendas”. De la misma forma, “es muy difícil entender algo si mantenerse en el poder depende de que no lo entiendas”. En resumen: primero va el interés personal (que los independentistas catalanes aprueben los presupuestos), y a partir del mismo emitimos una opinión.

Una doctrina asombrosa relacionada con el gasto militar es de la ministra de Defensa, Margarita Robles, cuando afirmó el pasado 14 de diciembre que “es un gasto social”. La lógica es simple: “se generan puestos de trabajo”. Bien, usando la misma argumentación todo gasto es social. Todo. Vamos, no existe ningún gasto que no sea social. Es sencillo: a nivel contable podemos tener gastos en personal, suministros, materias primas, electricidad, asesoría jurídica….no importa. Es muy claro que todos los gastos van a algún bolsillo y en consecuencia generan empleo. Es impresionante como toda argumentación vale, aunque sea una burla. En este sentido, se aplica a la sociedad el concepto de “gullibility”: tendencia a creer proposiciones poco probables que, en consecuencia, no se ajustan a la evidencia empírica. Ejemplo: “si bajamos el impuesto de sociedades a un tipo único del 10% habrá más actividad económica y en consecuencia la recaudación tributaria aumentará”. Se puede plantear la idea como camino generar más riqueza, pero hacerlo como medio para recaudar más dinero es un caso claro de gullibility.

Entonces, cuando nos asedian la sobreinformación y las noticias falsas, cuando dudamos de todo y la distinción entre izquierdas y derechas se torna tenue, cuando nos decepcionan las políticas que se aplican, ¿qué doctrina podemos seguir?

Hay temas como la religión o la identidad (ser vasco, catalán, navarro o español) que no se pueden imponer a nadie. Conocer de forma profunda el pensamiento, la historia y los ritos asociados a la religión que practicamos es útil. Conocer lo mismo del resto de religiones, también. Lo mismo podemos decir acerca del sentimiento nacional. Profundicemos en la historia, leamos medios que no piensan como nosotros para evitar el sesgo de confirmación (siempre estamos buscando reafirmar nuestras ideas), estemos con grupos de otras ideologías, valoremos cómo les va a las personas, empresas, instituciones, regiones y países según las decisiones que toman.

Sólo así evitaremos ser analfabetos en el siglo XXI.

Bienestar sostenible. Conclusiones.

Un debate recurrente de los últimos tiempos es el que viene dado por la sostenibilidad del sistema de pensiones. Curiosamente, existe un consenso generalizado: a largo plazo, las prestaciones van a disminuir de forma considerable. Basta valorar un número muy sencillo: el número de pensionistas estimado que existirá en al año 2050. No es algo muy difícil. Como sabemos las personas que nacieron en el año 1980, basta estimar una proporción de fallecidos y a partir de ahí dejaríamos el total de jubilados en 15 millones de personas. Para sostenerlo, son necesarios, al menos, 35 millones de trabajadores (desde luego, eso ya es una predicción: el resultado exacto depende de muchos factores, siendo el más importante de ellos la productividad). Para eso, necesitaríamos a nivel nacional un total de 18 millones de empleos adicionales. Con los avances tecnológicos que se esperan como la robotización, la digitalización y en infraestructuras junto con otras posibilidades  como el desarrollo del blockchain, ordenadores cuánticos o un suministro energético más eficiente, lo más normal es que se necesiten menos personas para trabajar. En este sentido, mantener el sistema actual es ciencia ficción.

Además, hay que tener en cuenta más aspectos. El bienestar de una persona no es sólo la pensión que cobra. Existen dos aristas más: las relaciones sociales y el estado de salud. Y por desgracia, son las grandes olvidadas. ¿A qué se debe? Sencillo. Simplemente, no se pueden valorar numéricamente. ¿Cómo valorar el hecho de tener relaciones humanas que nos proporcionan desarrollo personal? ¿Cuánto vale tener 80 años y estar bien de salud? Sí, podemos saber lo que cuesta un tratamiento médico en un hospital. Pero no el ahorro que supondría tomar medidas individuales como no fumar, hacer más deporte o evitar la obesidad.

No obstante, debemos remarcar aspectos fundamentales a nivel económico. El primero es tenebroso. ¿Qué han hecho los algunos países que tenían el sistema quebrado? Bajar las pensiones en un 25%. Aunque los casos más conocidos son Grecia o Portugal, en Gran Bretaña pasó algo parecido. Jubilados con una vida desahogada en la playa mediterránea vieron como sus rentas se desplomaban. Los políticos siguen, a sabiendas o no, una idea de Maquiavelo: es mejor tomar las malas medidas de golpe. En otras palabras, entre bajar las pensiones un 25% o bajarlas 25 veces un 1%, lo que haría cualquier gobernante racional es lo primero. Como habrá protestas, mejor una bajada muy fuerte que 25 suaves. Además, si disminuimos las pensiones de forma brusca el mensaje es demoledor: “no hay”. Si lo hacemos de forma sencilla, el mensaje es “te quito un poquito”. El pensionista se queja: “lo que se da no se quita”. Y ya se ha montado el escándalo. Manifestaciones y sobre todo, votos. Muchos. Las consecuencias las sabemos hoy, pero de seguir así las de mañana están claras: una bajada sideral de prestaciones. De golpe.

La mayor parte de los problemas sociales son transversales, y no son sólo numéricos. Por desgracia, no es ese el trato a los asuntos del día a día. Por eso, merece la pena remarcar los siguientes aspectos.

Uno, el envejecimiento es un éxito. Además, es algo mundial. La esperanza de vida se ha disparado. Si antes hablábamos de la tercera edad (aquellos con más de 65 años) hoy en día ya se habla de la cuarta: los que tienen más de 80 años. Es necesario pues discriminar las políticas para nuestros mayores.

Dos, debemos distinguir el envejecimiento cronológico del biológico. El pasado 9 de noviembre venía en estas páginas un reportaje de un holandés llamado Emile Ratelband que acudió a los tribunales para quitarse dos décadas. Aduce que su edad biológica es de 45 años (así se lo han dicho los médicos), y sin embargo su edad cronológica es de 69. ¿Dependerá el cobro de las pensiones futuro de nuestra edad biológica?

Tres, nuestros comportamientos individuales influyen en la economía global. Estadísticamente el hecho de fumar disminuye 8 años la esperanza de vida. Los economistas discuten si el ahorro en pensiones compensa el mayor gasto en sanidad, ya que un fumador requiere más atención médica.

Cuatro, medidas relacionadas con la educación (primeros auxilios, vida saludable), tecnología (asistentes virtuales, mejoras diagnósticas), logística (hospitalización domiciliaria, mejoras de eficiencia) o económica (copagos, desgravaciones fiscales por usar la sanidad privada) van a aplicarse ya.

Cinco, existen modelos alternativos al estatal para la provisión material de bienestar a nuestros mayores. Dicho bienestar depende de la red de relaciones de cariño y amor, cosas que el Estado no puede dar. La creación de asociaciones de  bienestar y salud o la descentralización fiscal para apoyar iniciativas locales que conocen mejor la situación de campo sería mucho más efectiva.

En definitiva, ideas que nos sirven para ver el problema desde otra óptica y prepararnos mejor para el futuro.

Hoy es el mañana de ayer.

Conclusiones del foro realizado el pasado 8 de noviembre por la asociación Kratos con María Jesús Valdemoros (economía, pensiones), María Errea (economía de la salud) y David Thunder (filosofía social).