Neolengua

El concepto de Neolengua consiste en sustituir el lenguaje antiguo por otro que esté adaptado a la doctrina de un partido que ocupa el poder para evitar así formas de pensamiento que estén en contra de la doctrina que se desea imponer. Esta idea aparece en el célebre libro de 1.984, escrito por George Orwell después de la Segunda Guerra Mundial. El objeto de dicho libro es denunciar los totalitarismos mediante una distopía en la que se valora cuáles son los límites a los que podría llegar un dictador que esté gobernando un país concreto.

El título del célebre programa de televisión “Gran hermano” está basado en este libro, ya que existe un “gran ojo” (el gran hermano) que siempre está vigilando los movimientos de cada persona. En un artículo anterior (Numerati) ya valoré hasta qué punto se podían evaluar las pautas de comportamiento de una persona para poder predecir aspectos relevantes de su futuro; en especial, su voto. Ahora bien, ¿se pueden llegar a controlar los pensamientos de alguna forma? Aquí es donde aparece la neolengua. Supongamos que en los diccionarios desaparece la palabra “libertad”. Más aún: pronunciarla es delito. Pasado un tiempo, el concepto desaparece. Si la población no conoce lo que es la libertad, no va a reclamarla. Así pues, ¿cuál es la mejor forma de controlar a la población? Con un diccionario a medida. Se suprimen las palabras que no interesan, se añaden las que interesan. Fin de la historia.

¿Existe hoy en día la neolengua?

Rotundamente, sí. Ya se usa para describir conceptos dramáticos de forma más suave. Pensemos en la expresión “daño colateral”. Se da cuando en una guerra se destruyen objetivos o se matan personas por equivocación. Una guerra es siempre mala por definición, y lo que hacemos es desdramatizar el conflicto con esa expresión. En el reciente asalto a una comisaría en Cornellá por parte de Abdelouahab Taib la historia termina con el “terrorista abatido”. Es una expresión más suave que “asesinado” o “la policía lo mató”.

Aunque tiene sentido desdramatizar algunas noticias como la anterior, el problema es cuando se usa la neolengua con objetivos menos loables, como ganar influencia. Pensemos en dos palabras: machismo y feminismo. La primera está considerada un insulto, la segunda, una virtud. ¿Tiene sentido? Ninguno. Es triste pero hay que indicarlo: estar en contra del feminismo no es estar en contra de las mujeres. Es estar a favor de la igualdad, ni más ni menos. Una igualdad cuyos mayores problemas son dos. Primero, mujeres viudas con pensiones tan ridículas que necesitan ayudas de sus hijos y segundo, la dificultad de ascender en organigramas empresariales. Y es que esto del feminismo es como la solidaridad: es fácil reclamarla mientras no tenga que hacer ningún sacrificio por ella. El Presidente del Gobierno es feminista para todos los puestos menos para uno: el de Presidente del Gobierno.

El peor uso de la neolengua es el del engaño político. Los ejemplos abundan. “Vamos a subir los impuestos a los que más ganan”. Falso. Afecta a los trabajadores de altas nóminas, no a los que ganan mucho. Un empresario puede usar la ingeniería fiscal de muchas formas para evitar impuestos que considere abusivos. Un trabajador, no. Además, desincentiva el afán de mejorar a nivel laboral. Si yo gano 2000 euros en Navarra y por ir a Valencia me ofrecen 3000 es posible que el hachazo fiscal me deje tranquilito en mi casa ya que al hacer el balance ingresos/gastos (incluido el inconveniente del traslado) sale negativo.

Así, se sustituye la palabra “robo” por “okupación”. En caso de duda, consultar en el Palacio del Marqués de Rozalejo. ¿O se llamaba Gaztetxe Maravillas? ¿Qué suena mejor?

Los “parados” son ahora “desempleados”. Los “agrios debates” se convierten en “pequeños desencuentros”. Los “políticos presos” son “presos políticos”. Las personas de raza “negra” se denominan “de color” (no lo comprendo; ¿entonces las personas de raza blanca no tienen color?). Dejo a la imaginación del lector la búsqueda de expresiones usadas con el fin de manipularnos o de hacernos llevar a una conclusión predeterminada, como tema de conversación para una cena. Es más fascinante que el fútbol, la política o el corazón.

Uno de los usos más perversos de la neolengua es la mentira y falsedad económica. El tema más triste es el de las pensiones. Todos saben que están quebradas, pero no quieren decirlo. Prefieren hacer sucios pactos para mantener sus puestos. En el que firmaron el PP y el PNV sobre las pensiones (basado en postergar la aplicación del factor de sostenibilidad y de revalorización de las mismas, los cuales reducían la asignación económica) se estima, por parte de la AIReF (autoridad independiente de responsabilidad fiscal española) un coste de ¡¡400 millones de euros!! Pero como no es dinero de ellos, no les importa.

¿Decir la verdad? ¿Para qué?

Mejor usar la neolengua.

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