Responsabilidad.

El pasado 6 de agosto aparecía en la sección “La frase” de este periódico la siguiente idea de Stanley Milgram: “La desaparición del sentido de responsabilidad es la mayor consecuencia de la sumisión a la autoridad”. Pensando en  asuntos tan candentes del verano como la inmigración, las políticas del nuevo gobierno de Sánchez o incluso la polémica relacionada con el máster de Pablo Casado, llegué a la conclusión de que, en efecto, vivimos con una sumisión total a la autoridad.

Antes de desarrollar esa idea, merece la pena resaltar la figura de Stanley Milgram. Fue un reputado científico social de la segunda mitad del siglo XX, que entre otras cosas se dedicaba a realizar experimentos sorprendentes que permitían comprender lo más profundo del comportamiento humano. El ejemplo más famoso es el de la obediencia a la autoridad. Entre otros objetivos, se trataba de comprender la razón por la que seguimos directrices que entran en colisión con nuestra conciencia.

En dicho experimento, existe un único participante, siendo el resto de las personas simples actores. A unos alumnos se les hacen preguntas sencillas de manera que si no saben la respuesta una autoridad ordena al “conejillo de indias” que aplique una pequeña descarga eléctrica para que en otra ocasión estén más espabilados. Por lo tanto, más preguntas sin respuesta implican más descargas eléctricas (en un sentido figurado: por mucho que grite el alumno es simple teatro ya que las descargas son falsas) las cuales podrían atentar muy gravemente a la salud de los alumnos incultos.

Supongamos que preguntan la capital de Francia y se contesta Moscú. Descarga eléctrica. Preguntan cuestiones como “en una playa hay 25 cocos y un mono se lleva todos menos 7. ¿Cuántos quedan?”. Si se contesta 18, nueva descarga (obviamente, se quedan 7 cocos). Y así sucesivamente.

Los resultados del experimento fueron desalentadores. El 65% de los participantes aplicaba descargas que en teoría podían incluso dejar sin vida a los alumnos. Además, replicaciones del experimento realizados en otros momentos del tiempo y en  lugares diferentes proporcionan porcentajes muy semejantes.

La idea original era comprender la razón por la que tantas personas participaron de forma activa en el holocausto nazi. En general, se trataba de una simple sumisión a la autoridad. ¿Razones? Aunque dejamos eso para los expertos, hay dos principales. Primero, la responsabilidad es de la autoridad, “yo me limito a seguir órdenes”. La segunda, cuando todos están haciendo lo mismo, “no puedo fallar a mis compañeros”. Bonito panorama, ¿no?

Milgram realizó tantos experimentos de este estilo que un 22 de noviembre del año 1.963 comentó a sus alumnos que habían asesinado a Kennedy. No le tomaron en serio; pensaron que era un invento más.

¿Podemos afirmar que hemos abandonado responsabilidades como ciudadanos debido a la sumisión a la autoridad? Rotundamente, sí. Otorgamos una fuerza inusitada al Estado en todos aspectos de la vida. Sobre todo para lo malo, muy poco para lo bueno. Así, no interiorizamos que podemos mejorar nuestra comunidad con pequeñas acciones. Existe un mar de ejemplos que sirve para simbolizar esta idea.

Pensiones: deben aumentar. Falso. No hay dinero, lo que deben hacer los gobiernos es decir que el sistema está quebrado para buscar mejoras soluciones en el ámbito público y por supuesto, privado.

Trabajo: deberían ofrecer más puestos. Falso. La responsabilidad del gobierno es equilibrar el sistema educativo con el mercado laboral y dotar a las empresas y trabajadores de un marco regulatorio que genere los incentivos adecuados. La responsabilidad de la persona es realizar una formación que le otorgue competencias en equilibrio con su personalidad, habilidades y deseos para generar valor a la sociedad.

Inmigración: es fácil decir que debemos ayudarlos. Pero que sea con el dinero del gobierno, ¿no? Eso está muy bien siempre y cuando el recorte no me afecte a mí. No puede ser. No obstante, se debe valorar la gran cantidad de voluntarios que ofrecen tiempo, dinero y hogares para ayudar a las personas que vienen aquí en busca de un futuro (no de un futuro mejor; ese concepto no existe en su tierra).

Incendios: la culpa es del gobierno, ya que no hay bomberos donde comienzan los focos. Por desgracia, los recursos son limitados. Y sí, es cierto que en este ámbito han existido recortes. Pero hay opciones jurídicas: la mejor, una multa sideral. Sin olvidar nuestro papel individual: debemos ser muy cuidadosos con nuestros actos.

Nuevas políticas, Máster de Casado: el gobierno de Sánchez ha batido el récord de nuevas colocaciones en personas sin capacitación para diversos puestos públicos aumentando, además, los gastos administrativos. Por otro lado, la universidad del famoso Máster daba facilidades a “personas públicas” (es una forma, triste, de vender un centro educativo: “aquí estudió Fulanito”). ¿Qué es más grave?

Lo más grave es que echamos las culpas a los gobiernos de lo que pasa y con eso nos abandonamos llegando a permitir privilegios inadmisibles a la “casta”.

Tampoco puede ser.

Es nuestra responsabilidad.

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