Mente

Entre consulta y consulta a las pantallas que son prolongaciones de nuestro cuerpo merece la pena realizar alguna pequeña reflexión, ya que el verano es la mejor época del año para tal fin. Ya se sabe, las vacaciones. Esa época playera, de monte y sofá en la que “siempre se está bien” aunque falla un pequeño detalle: la cuarta parte de las separaciones se dan cuando termina el período de descanso. Tiene cierta lógica: todo día en común hace que aproximadamente el 80% de las decisiones deban ser consensuadas (las parejas que viven en casas separadas acuerdan el 20% de sus decisiones personales).

La reflexión trata de la mente. ¿Qué nos queda de ella? ¿Cómo podemos usarla? ¿Merece la pena externalizar capacidades de nuestro cerebro en el teléfono móvil?

Para empezar, quizás sería más adecuado decir que el teléfono móvil es una prolongación de la mente, ¿no? Al menos, evita memorizar fechas de cumpleaños, números de teléfono, el río que pasa por Sevilla o los goles que marcó Cristiano Ronaldo cuando jugaba en el Manchester United.

Podemos continuar con la definición de John Milton, según la cual “una mente es su propio lugar, y por sí sola puede hacer un cielo del infierno y un infierno del cielo”. Cuando pensamos en usar el cerebro queremos adquirir conocimientos que nos permitan adaptarnos correctamente al mundo en el que vivimos con idea (en general) de buscar un puesto de trabajo acorde a nuestras habilidades, competencias y personalidad. Pero eso, con ser importante, es algo secundario. Lo principal es adaptarnos al medio y en ese sentido el aforismo de Milton es pertinente. Existen problemas como el paro juvenil, la inmigración o el cambio climático. Ocupan, con todo merecimiento, las portadas de los medios. Sin embargo, comenzamos por un aspecto positivo que sólo recordamos cuando nos falla la salud: estamos aquí ahora. Parece poco. Es mucho.

Sí, esa idea es muy simple. Aparece en todos los libros de autoayuda. Pero para comprender su fuerza podemos usar un ejemplo revelador. Tenemos dos grupos de personas. A uno le ha tocado la lotería. Otro está formado por personas que han tenido un accidente grave y están parapléjicos. Pasado un tiempo prudencial, ¿cuál de los dos grupos es más feliz?

 

 

 

 

Parece la típica pregunta estúpida que debe tener truco, ¿no? La contestación es evidente: aquellos a los que les ha tocado la lotería. Pues no. La felicidad es la misma: cada individuo, pasado un tiempo, se adapta a lo que tiene y vuelve al nivel que en Economía de la Conducta se llama de “adaptación hedónica” (uno de los mayores expertos mundiales en este campo es Dan Ariely; a partir de sus estudios se pueden encontrar diferentes referencias para confirmar esta hipótesis y otras igual de sorprendentes). En definitiva, el principal uso de la mente es adaptarnos de la forma más adecuada a nuestros intereses. Es así: “según pienses, así serás”.

¿Cómo adaptarnos bien al mundo? Recibimos noticias y más noticias sin parar. ¿Son verdaderas o falsas? Los políticos dan mensajes, desde luego, con una orientación acusada hacia sus intereses. Lo mismo hacen los empresarios, sindicatos, grupos sociales y nosotros mismos. Así, ¿qué? Dos sugerencias. Uno, pensar en interés que tiene cada individuo. No hace falta ir muy lejos: suele estar en el bolsillo. “Es muy difícil que alguien entienda algo si su sueldo depende de que no lo entienda” (Upton Sinclair). Dos, ser observador. Está el lenguaje corporal, aspectos en los que deliberadamente no se entra, posibles incoherencias….

Un ejemplo. Muchas veces se comenta que “no se debe hablar de política”. Eso es falso, es una trampa del lenguaje. Usemos la mente: está bien debatir si es conveniente subir o bajar impuestos. Es difícil perder amistades por ello. Otra cosa es el tema de la identidad, tan emocional. Un sentimiento vasco, navarro o español no se puede cambiar de golpe. Ser de izquierdas o derechas tampoco. ¿Cómo nos comen la cabeza los políticos o las sectas? A partir de un relato entre buenos y malos. No hay más.

El móvil debe ser un complemento de la mente y un instrumento de consulta (nos ayuda a orientarnos en la carretera, a saber el tiempo, a seguir las noticias o incluso a ayudarnos en el trabajo). También es útil su aspecto lúdico: nos permite múltiples opciones de entretenimiento. Pero ahí es donde debe quedar; en caso contrario, terminaremos al revés: la prolongación del móvil seremos nosotros.

De ahí se deduce que las capacidades de nuestro cerebro a externalizar son  las referidas en el párrafo anterior. Y punto. Como todo órgano o máquina, lo que no se usa tiende a oxidarse o romperse. Y no podemos permitirnos perder capacidades como la imaginación, creatividad, trabajo en grupo, vida social, sentido del humor o nivel espiritual.

Aprovechemos el verano para trabajarlas. En todas ellas es donde están incluidos los trabajos del futuro.

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