Confianza.

Uno de los ingredientes más importantes para que funcione de forma adecuada la convivencia entre los individuos de una sociedad es la confianza. De hecho, un estudio famoso para comprender las razones por las cuales el norte de Italia es mucho más rico que el sur dio a entender que la característica fundamental era la confianza entre las personas. Y es cierto: una pareja, el consejo de administración de una empresa o una cuadrilla de amigos funcionan mejor con el pegamento que nos proporciona saber que podemos confiar en el otro.

¿Cómo generar pues, esa confianza? ¿Cuándo es necesaria? ¿Cuándo no?

En las operaciones de compra venta de bienes en los que se observan claramente las características del producto que adquirimos no hay problema alguno. Sí, puede que una manzana tenga algún gusano dentro, pero eso no es habitual. Lo único, se debe tener cuidado con el intercambio monetario. No es grave que nos devuelvan de más, pero si nos devuelven de menos nos enfadamos. Si bien estos desajustes se deben a errores, sea en uno u otro sentido, una operación económica en la que los números no son acordes a lo pactado (y a sabiendas) se convierte en un simple robo.

Existen bienes que vamos a usar durante un largo período de tiempo que pueden no cumplir las características pactadas, como por ejemplo un coche (en especial de segunda mano). Ese problema se arregla con el uso de garantías. En este sentido, mucho cuidado con los seguros que nos venden en los teléfonos móviles; cubren pocas cosas, y muchas de ellas ya están dentro de la garantía. Los contratos de telefonía móvil se pueden considerar de “suministro” ya que pagamos una cantidad fija o variable, según nos parezca más conveniente, al mes. Cabe reprochar el funcionamiento de algunos servicios de atención al cliente, los cuales parecen tener la intención de hacernos desistir a no ser que estemos muy molestos por algo que no funciona.

En el ámbito de los servicios un tema delicado son los viajes: ¿y si el hotel de destino está más  lejos de lo que pensábamos de la playa? Aquí Internet es una ayuda fundamental: podemos comprobar la ubicación exacta, incluso se pueden estudiar las valoraciones de los diferentes clientes que hayan tenido una experiencia semejante a la que deseamos vivir.

Las operaciones empresariales con otros países son más delicadas. El papel de organismos públicos o privados como papel de intermediarios se antoja fundamental para evitar estafas o desajustes debidos a diferencias culturales.

¿Cómo está la confianza entre la sociedad y los partidos políticos? No existe. Pedro Sánchez prometió elecciones inmediatas y lo que ha hecho es montar en un mes el mayor aparato de altos cargos en la historia de la Moncloa (“El Mundo”, 8 de julio). Eso sí que ha sido inmediato.

Este es un tema que a nivel social genera hartazgo y peor todavía, impotencia y resignación. ¿Para cuándo medidas que penalicen este tipo de promesas?

Para confianza nula, la que tienen los partidos entre sí. Que se lo pregunten al PP con el PNV, que nada más aprobar los presupuestos del Estado decide dar la “patada” al gobierno de Rajoy con la famosa moción de censura. Lo que enseña esta historia que incluso la “noble palabra vasca” tiene su precio. Y que todo son estrategias. No hace falta irse muy lejos: basta analizar el último ajuste del ayuntamiento de Pamplona. Es lo que hay: cuando falta un año para las elecciones municipales y autonómicas, lo que se hace es campaña electoral.  La gestión, que es lo importante para los ciudadanos, pasa a un segundo plano.

A nivel internacional, la última cumbre de Trump y Putin en Helsinki ha dado mucho que hablar. Lo que son las palabras: para el presidente norteamericano Europa pasa a ser el “enemigo” (comercial, menos mal) y Rusia “un buen competidor”. En este contexto, Angela Merkel piensa que “ya no se puede confiar en Estados Unidos”. Sí, vienen nuevos tiempos para la diplomacia. Pero en este ámbito, nada ha cambiado. La única ley que funciona es la de la selva: el más fuerte es el que gana. Si algún contrato no me gusta, como el de Irán, lo tiro al vertedero. Viva el libre comercio siempre que cumpla una condición: que sea en mi beneficio. En fin, el mundo es así. Las personas somos así. Nos importan nuestros intereses.

En términos europeos y con un Brexit que conlleva una dificultad extrema, la única solución es crear mecanismos institucionales más fuertes que permitan una Unión más sólida. Pero aquí aparecen los intereses particulares de los gobernantes europeos, interesados en buscar relatos que culpen a otros de las dificultades económicas que tienen.

La realidad es que la única forma de funcionar es buscar incentivos que fomenten la confianza cuándo ésta no sale por sí sola. Así podemos evitar una característica muy curiosa de la confianza.

Sólo se pierde una vez.

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