El gobierno verdadero

¡Por fin hay nuevo gobierno! ¡Un nuevo cambio se nos viene encima, por fin va a ser todo precioso y maravilloso! Para ver que todo va a ser diferente, comencemos por las pensiones. Se igualan a la inflación y ya está (aunque según el Tribunal de Cuentas las cuentas de la Seguridad Social estén quebradas pero bueno, eso son detalles sin importancia).

¿Es para tanto? No, claro que  no. Un indicador que evalúa la tendencia por adelantado de una economía es la prima de riesgo, es decir, la diferencia existente entre el tipo de interés de un país y el alemán, ya que está considerado el más seguro. Y en España, ha cambiado muy poco. En otras palabras, según los mercados financieros todo va a seguir igual. Simplemente hemos visto un pequeño cambio de cara, nada más que eso. Sí, claro que habrá alguna pequeña reforma, pero será cosmética. Al fin y al cabo, no hay dinero para más. Además, las paradojas son múltiples: el PSOE defendiendo el presupuesto de Montoro es la más curiosa. Cuando gobernaba el PP,  el adelanto de las elecciones era algo urgente. Para lo que mandan, resulta que  ahora ya no lo es. Aspectos que desde la oposición de ven de una forma, se ven de otra al llegar al poder. Es muy triste, ya que debido a eso la confianza en las palabras de los políticos es cero. En este contexto,  es pertinente recordar un artículo de Ignacio Marco Gardoqui (Diario de Navarra del 28 de marzo): “el discurso de Pedro Sánchez es increíble. Asegura que cumplirá con Bruselas, eliminará recortes, atenderá todas las demandas sociales y promoverá la actividad económica. Si no le dan el Premio Nobel de Economía y el Oscar a la Magia es que no hay justicia”. El texto se comenta por sí solo.

Además, el margen de acción desde el Gobierno Central es muy bajo: la mayor parte de los gastos están comprometidos. Lo más influyente es el Gobierno regional (en Navarra tenemos un buen ejemplo de ello: la subida de impuestos, el plan de “amabilización”, los criterios para superar oposiciones o las obras de Pïo XII afectan a muchas personas) y Bruselas. Ahí donde se encuentran esos “hombres de negro” que vigilan de forma inmisericorde el cumplimiento de las cuentas.

En el mundo empresarial, es habitual endeudarse al comienzo de la actividad económica o cuando se va a realizar una inversión. Se espera que los retornos futuros compensen el gasto adicional actual. En este sentido, el papel de las finanzas en el mundo ha sido fundamental: esa es una de las claves del gran desarrollo del capitalismo, tener la posibilidad de comprar algo sin tener recursos económicos presentes para ello.

Según la teoría económica, los gobiernos deben gastan más de lo que ingresan cuando la economía va mal. Así se impulsa actividad y dinamismo a la economía compensando el gasto público realizado y además se suavizan los efectos de una hipotética recesión. Es el llamado “efecto multiplicador” Por otro lado, cuando la economía va bien lo adecuado es gastar menos de lo que se ingresa. Así ahorramos para cuando lleguen tiempos peores. Las vacas flacas y las vacas gordas.

Pero eso es la teoría. Hoy en día, las necesidades sociales son tan enormes que si la economía va bien los gobiernos gastan mucho, y si va mal gustan muchísimo. No es una perspectiva sostenible en el tiempo, pero claro, ¿quién va a ser el gobernante que vaya a contar la verdad si su puesto depende de la percepción que tenga el votante de la economía?

Antes de entrar en el euro, España también tenía desequilibrios presupuestarios. Pero siempre se arreglaban devaluando la peseta. Hay una forma muy sencilla de hacerlo: aumentando el gasto público o la cantidad de dinero en circulación. Así logramos introducir inflación en el sistema (explicaba recientemente en otro artículo  mi compañero Carlos Medrano como eso reduce la deuda), lo cual nos lleva a una devaluación inmediata. En esa época había ministros navarros en el Gobierno: recordemos las célebres devaluaciones de Carlos Solchaga (1.992).

En esos tiempos éramos muy pobres en términos relativos: no se podía salir de vacaciones fuera (hoy nos podemos ir tranquilamente un fin de semana a Berlín) y los productos importados eran mucho más caros (con lo cual la alta tecnología o los bienes de grandes prestaciones no eran accesibles para la clase media; hoy todos tenemos teléfonos móviles alucinantes).

Como bien lo saben en Grecia, se trata de una elección. Primera posibilidad, salirnos del euro. Consecuencia inmediata, devaluación de la moneda, y ya hemos analizado lo que pasa. Segunda posibilidad, cumplir unos mínimos rigores presupuestarios, aunque eso suponga dar una patada constante hacia adelante al entrar en una dinámica de déficit perpetuo y obedecer a quien realmente manda, al gobierno verdadero.

Es una simple moneda.

Es el gobierno del Euro.

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