Archivos mensuales: junio 2018

VERANO, KAIZEN.

Ante la llegada del verano, promovemos ideas de mejora continua para todos recordando, previamente, las siguientes novedades:

1.- Hemos creado reuniones periódicas para comentar asuntos de interés en grupos transversales, de los que posteriormente se sacarán las conclusiones pertinentes. El jueves 28 de junio hablaremos del DESPOTISMO BLANDO.

2.- Después del éxito de la primera cita del “Ministerio del Futuro: ¿dónde emprender?” se va a abordar el tema de la posible SANIDAD SOSTENIBLE (es un asunto entroncado con las pensiones, la demografía en incluso la despoblación de los pueblos) en una charla que se hará entre septiembre y mayo. Informaremos de todo lo que vayamos a hacer.

3.- Nos comprometemos a restaurar la publicación en la web de todos LOS ARTÍCULOS DE DIVULGACIÓN que miembros de la asociación han ido publicando en diferentes medios.

4.- Recordamos la responsabilidad individual que tenemos todos en la creación de un mundo mejor ya que “Tras la conducta de cada uno está el destino de todos” (Alejandro Magno).

5.- Recordamos también la posibilidad de establecer un contacto directo mediante el correo javi.otazu.ojer@gmail.com

Kaizen es un concepto japonés llamado “mejora continua” aplicado, en un principio, a la gestión empresarial. Sin embargo, la idea fue cogiendo fuerza hasta desarrollarse en diferentes ámbitos, en particular, en el personal. Es decir, en la mejora continua de los seres humanos. Eso nos permite contestar a la típica pregunta de cortesía “¿cómo estás?” con “peor que mañana” en lugar de con la respuesta habitual: “bien sin entrar en detalles”.

            ¿Qué conceptos de kaizen podemos aplicar a nuestra vida cotidiana? Una respuesta divertida puede ser resumir este tipo de sabiduría en aforismos de manera que cada cual pueda elegir el que más le guste. Además, no olvidemos otra cosa: la mejora personal continua revierte en todo nuestro microcosmos: la familia, los amigos, la empresa donde trabajamos u otro tipo de relaciones sociales.

            Comenzamos por John Milton: “el que domina sus pasiones, sus deseos y sus temores es más que un rey”. En sí mismo, el autocontrol parece fundamental ya que nos predispone a no dar lo peor de nosotros mismos. Buen inicio.

            Para poder progresar, debemos conocer la influencia de nuestras costumbres: “primero hacemos nuestros hábitos y después nuestros hábitos nos hacen a nosotros mismos” (John Dryden). Así, es muy útil aplicar el gran consejo del reputado científico, ya fallecido, Stephen Jay Gould: “cambiar imperceptiblemente los acontecimientos iniciales, tan imperceptiblemente que pueda parecer de momento que no tiene la mínima importancia y la evolución se desarrollará en una dirección totalmente diferente”. La idea es válida para personas, empresas y todo lo relacionado con el cambio climático.

            Si bien los hábitos tienen un toque de elección personal, los de Charles Dickens son muy valiosos: “nunca hubiera podido hacer lo que hice sin los hábitos de la puntualidad, el orden y la diligencia o sin la determinación de concentrarme en un solo tema a la vez”.

            No obstante, también es útil cambiar la perspectiva de las cosas: “el verdadero viaje del descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes si no en mirarlo todo con ojos nuevos (Marcel Proust). Además, no es lo mismo la realidad exterior que nuestra percepción de la misma: no es lo que pasa. Es lo que hacemos con lo que nos pasa. Refinando estas palabras, “según pienses, así serás” (Wayne Dyer).

            La imaginación es algo circunstancial al ser humano. En un mundo cada vez más enlatado por nuevas tecnologías hemos olvidado los sueños, los cuentos y las historias. Y es que nos lo recordaba el gran astrónomo Carl Sagan: “con imaginación podemos llegar a mundos que nunca existieron pero sin imaginación no podemos llegar a ninguna parte”. Sólo así se desarrollan ideas creativas que permiten avanzar en términos tecnológicos, humanos y sociales. Siempre me llama la atención el asunto de las ruedas de las maletas. Ahora es normal verlas en los aeropuertos, sin embargo hace años no era así. Costó tiempo generar la idea. Hacía falta imaginación, ver las cosas de otra forma, salir de nuestra zona de confort.

            En el camino que nos lleva a desarrollar todo nuestro potencial, es necesario dar lo mejor de nosotros mismos ya que “dar algo menos de ti es sacrificar el don”. No obstante, los resultados no son siempre los esperados. La sociedad no nos ha preparado para ello, ya que sólo vemos entrevistas en diferentes medios de comunicación a personas que han triunfado y siempre dan las mismas recetas: “trabaja, pelea, levántate cuando te caigas y seguro que se cumplirán tus sueños”. Sin duda, los de ellos se han cumplido. Otras personas que han trabajado como ellos quizás no han tenido esa suerte. Por eso, Martín Caparrós nos recomienda que “sería bueno separar la acción de los resultados de la acción. No hacer lo que quiero por la posibilidad del resultado; hacerlo por la necesidad de la acción, porque no me soporto si no lo hago”.

            Vivimos en un mundo cambiante al que cuesta adaptarse. El futuro no es el que era. Aparecen nuevas amenazas, nuevas oportunidades, nuevas posibilidades, nuevos retos. Comprender cómo funciona todo a nuestro alrededor es básico ya que como dijo Einstein, “primero debes aprender las reglas. Y después, jugar mejor que nadie”. Muchos consejos nos daba este gran científico, al cual podemos homenajear después del descubrimiento de las ondas gravitacionales: “la vida es como andar en bicicleta, si no pedaleas te caes”, “es de locos pensar que van a cambiar los resultados si seguimos haciendo lo mismo”  o “no podemos resolver los problemas existentes con el mismo enfoque mental que teníamos cuando los creamos”.

            Pero sea de una u otra forma, podemos resumir estas ideas, con una cita de una de las personas que más ha hecho por nuestra imaginación: J.R.Tolkien: “Sólo podemos decidir una cosa: qué hacer con el tiempo que se nos ha dado” (El Señor de los Anillos).

Costes sumergidos.

Guerra del Vietnam. Estados Unidos sabe que va a perder la contienda, ya que todos los indicadores de referencia así lo demuestran. Sin embargo, se siguen gastando de la forma más estúpida posible grandes cantidades de dinero sin parar y lo que es peor, se siguen perdiendo múltiples vidas humanas. Finalmente, la situación es tan desastrosa que la guerra termina. El coste es descomunal. La pregunta es, ¿cómo pudieron los estrategas norteamericanos perseverar con una situación de la que sabían que no tenían salida? Por un concepto que en Economía de la Conducta que se llama “costes sumergidos”. Tenemos este problema cuando hemos realizado una gran inversión económica, emocional o temporal y vemos que las cosas no salen como queríamos, pero perseveramos. Y por no retirarnos a tiempo, la pérdida es cada vez mayor. Gigantesca. Sideral. Un caso particular se daría cuando el hecho de no afrontar un problema presente debido al coste que tiene hace que lo posterguemos.

Vamos a ilustrarlo con ejemplos. Supongamos un empresario que hace una gran inversión para abrir una nueva línea de negocio. Observa que los resultados no son  los esperados, y claro, le cuesta admitir el error. Se sigue y se sigue hasta que la pérdida es descomunal. En algunos casos, incluso ruinosa.

En este contexto merece la pena resaltar el concepto del método “Lean Startup”, creado por Eric Ries. Aunque esta idea lleva entre nosotros ya diez años, compañías de gran renombre como Amazon han comenzado a aplicarla recientemente. En esencia, es una pequeña variación de la idea de “prueba y error”. Se trata de ir realizando experimentos sencillos hasta dar con aquello que realmente desea o necesita un cliente. Posteriormente, se buscan soluciones. Estas comienzan por sencillos prototipos que van evolucionando hasta llegar al lanzamiento del producto final. Así se evitan los grandes costes de campañas agresivas de marketing de las que se desconoce el resultado.

No obstante, volvamos a los costes sumergidos hasta llegar a nuestras vidas particulares. Puede ser que nuestra situación de pareja no nos guste, sin embargo, la inversión temporal y emocional es tan grande que pese a los problemas que podamos tener, seguimos adelante. Lo mismo ocurre en trabajos que no nos satisfacen. Como es la empresa de siempre y nos sabemos hacer otra cosa, nos da pereza cambiar.

Un ejemplo sencillo y trivial que ilustra esta idea es una simple película de cine. Si llevamos media hora de sesión y estamos aburridos, lo más racional sería irnos de la sala y tomar un café o el aire. No lo hacemos, ya que en nuestra contabilidad mental hemos pagado una entrada para un mínimo de hora y media. Pero eso es una forma de ver la realidad. En verdad, lo que hemos hecho es pagar por la opción de ver la película entera. Visto así, nos costaría menos irnos, ¿verdad?

El caso del procés catalán se asocia claramente a este modelo. Indudablemente, el gobierno central jamás pensó que la cosa llegaría a estos límites. Pero los nacionalistas más moderados, tampoco. Para cuando sea dieron cuenta, habían ido demasiado lejos. Volver atrás era quitar el sentido a una estrategia que había durado muchos años. Ahora Cataluña se encuentra en una situación política estancada.

Estos días se habla de la posible moción de censura al gobierno de Rajoy o de la necesidad de realizar elecciones anticipadas. Está claro: cuando un político está amortizado para la opinión pública y  para los principales medios de comunicación, lo que debe hacer es una evidencia. Les criticamos con razón por que no se van, pero existe una componente humana: muchos puestos de personas de confianza dependen de ellos. Y en su mayoría, irían a la calle. Así está montado el tinglado.

Qué ha pasado? El PP ha tenido un problema asociado a los costes sumergidos. En lugar de combatir una estructura que fomentaba casos de corrupción, se han dedicado a dar patadas y más patadas hacia delante. Lo más sencillo era haber realizado una limpia y lavar la cara del partido, y no se hizo. Pasado el tiempo, el coste de afrontar la realidad es mayor. Cuando el presidente del Gobierno habla de “unos pocos casos aislados” o recordamos expresiones de políticos como Javier Arenas de que  “el PP y la corrupción son palabras incompatibles” nos reímos por no llorar. La imagen percibida por la sociedad es la de un partido que no está limpio en la que sus integrantes se dedican a mantener sus puestos y al sálvese quien pueda. Por supuesto, es injusto generalizar esta idea a todos los integrantes del PP, pero somos así.

La sentencia del caso Gurtel enseña lo que ocurre cuando no afrontamos los  costes sumergidos. Y es que ya lo decía la sabiduría popular: “llega Paco con las rebajas”.

Estimado lector, como persona que eres, puedes ocupar diferentes roles: padre, madre, hijo, trabajador, empresario, político….sea el tuyo el que sea, te vendrá bien realizar una introspección.

Todos tenemos algún coste sumergido en la vida.

 

Arboles, bosques.

Dice el dicho popular aquello de que “no dejes que los árboles te impidan ver  el bosque”. Esta frase tiene muchas interpretaciones; por ejemplo, podemos estar pasando un momento difícil y estar tan preocupados por un hecho concreto que no vemos los aspectos positivos en nuestra vida. De hecho, existe un método muy sencillo para aliviar preocupaciones. Basta ir hacia atrás y realizar al siguiente reflexión: ¿qué nos preocupaba hace diez años? A no ser que hayamos tenido un problema muy grave, ni lo recordamos. Es la vida: cuando recordamos nuestro pasado, creemos ser más felices de lo que realmente éramos ya que no tenemos en cuenta la incertidumbre de esos momentos.

En la vida real, existen muchos árboles que nos impiden tener una percepción más correcta de la realidad, que sería el bosque en el que vivimos. A nivel informativo, siempre hay algún tema central y todos los debates o  comentarios de los medios de comunicación y de las personas más próximas a nosotros pivotan alrededor de dicho tema. Los ejemplos abundan: puede ser la final de Champions, la moción de censura, la posibilidad de adelantar las elecciones, la hipotética reunión de Donald Trump con su “amigo” coreano o la igualdad de género. Y cuando no se sabe de lo que hablar, siempre está el procés. ¿Es eso lo más importante? Pues seguramente no. ¿Por qué no lanzar un debate sobre los problemas más preocupantes a los que nos enfrentamos como sociedad a medio o largo plazo?

Las posibilidades serían las siguientes: a medio plazo, la sostenibilidad demográfica ( en tres ámbitos fundamentales: las pensiones, la sanidad y la despoblación del medio rural) y el desempleo (muy relacionado con el sistema educativo y las estrategias público-privados que nos permitan competir en el mundo global del que formamos parte). A largo plazo, el cambio climático y cómo afrontar una situación en la que ya no hará falta que todo el mundo trabaje. ¿Cuál será el nuevo contrato social que necesitaremos? Lógicamente, no es esto lo que esperamos de nuestros representantes políticos. La mayor parte de las estrategias buscan traducirse en votos. No hay más.

Ahora bien, ¿por qué no volver a los bosques y a los árboles, pero a los de verdad? Podríamos comenzar por una paradoja: se están repoblando. Claro que en el Amazonas, que es lo primero que nos aparece en el imaginario colectivo, persisten los problemas de siempre. Pero  según las últimas estadísticas, las cosas están mejorando. Sorprendente, ¿no?

Hoy en día, nos hemos acostumbrado a estar conectados todas las horas del día. Y no me refiero sólo al móvil: en la vida familiar no es anómalo que cada uno esté “enganchado” a su pantalla particular: tablet, ordenador o televisión están siempre delante de nosotros. Lo decía el escritor  recientemente fallecido Philip Roth: “las pantallas han ganado”. Tiene razón: vayamos a una sala de espera y comparemos el número de personas pendientes del teléfono móvil con aquellos que están leyendo un libro, una revista o un periódico. Preocupante, ¿verdad?

Y sin embargo, nos alertan de que el estrés o las enfermedades mentales van a ser cada vez más comunes en nuestras vidas. Algo estamos haciendo mal. Y podemos aplicar los remedios habituales para estar bien: comer sano, hacer deporte, no fumar….ya se sabe, esas cosas que se repiten un día sí y otro también.  Es uno de los mayores absurdos: ¿cómo puede existir un mercado tan gigante asociado al bienestar cuando todos sabemos lo se debe hacer y no lo hacemos? Buda tenía razón: peor que no tener conocimiento es tener conocimiento y no aplicarlo.

En todo caso, ha aparecido una nueva solución para el estrés. Y algo tendrá, ya que las empresas están financiando estas terapias para sus trabajadores. Para comprender esta técnica, pensemos en un lugar donde se trabaje mucho. Un sitio donde incluso existe un nombre para las muertes por exceso de trabajo: Karoshi. Sí. Es el  país del sol naciente.

El Shinrin-Yoku es una técnica japonesa para poder estar mejor con nosotros mismos. Literalmente significa “baños de bosque”. No es muy difícil adivinar en qué consiste. Se trata de perderse entre los árboles, dejar flotar la mente, volar y por supuesto, desconectar el móvil  Se han comprobado estadísticamente aspectos que nos parecen intuitivos, por ejemplo, las personas que son tratadas en los hospitales se curan mucho mejor si  tienen vistas a los árboles en lugar de un bonito hormigón exterior.

Cuando paseamos y dejamos volar la mente, surgen pensamientos. Se nos ocurren ideas nuevas. Sonreímos. Nos recargamos de energía. Fluimos con lo que somos: naturaleza. Cambiamos de un mundo de pantallas otro de colores, verde y azul.

Bosques y árboles.

Cuidarlos es cuidarnos a nosotros mismos.

El gobierno verdadero

¡Por fin hay nuevo gobierno! ¡Un nuevo cambio se nos viene encima, por fin va a ser todo precioso y maravilloso! Para ver que todo va a ser diferente, comencemos por las pensiones. Se igualan a la inflación y ya está (aunque según el Tribunal de Cuentas las cuentas de la Seguridad Social estén quebradas pero bueno, eso son detalles sin importancia).

¿Es para tanto? No, claro que  no. Un indicador que evalúa la tendencia por adelantado de una economía es la prima de riesgo, es decir, la diferencia existente entre el tipo de interés de un país y el alemán, ya que está considerado el más seguro. Y en España, ha cambiado muy poco. En otras palabras, según los mercados financieros todo va a seguir igual. Simplemente hemos visto un pequeño cambio de cara, nada más que eso. Sí, claro que habrá alguna pequeña reforma, pero será cosmética. Al fin y al cabo, no hay dinero para más. Además, las paradojas son múltiples: el PSOE defendiendo el presupuesto de Montoro es la más curiosa. Cuando gobernaba el PP,  el adelanto de las elecciones era algo urgente. Para lo que mandan, resulta que  ahora ya no lo es. Aspectos que desde la oposición de ven de una forma, se ven de otra al llegar al poder. Es muy triste, ya que debido a eso la confianza en las palabras de los políticos es cero. En este contexto,  es pertinente recordar un artículo de Ignacio Marco Gardoqui (Diario de Navarra del 28 de marzo): “el discurso de Pedro Sánchez es increíble. Asegura que cumplirá con Bruselas, eliminará recortes, atenderá todas las demandas sociales y promoverá la actividad económica. Si no le dan el Premio Nobel de Economía y el Oscar a la Magia es que no hay justicia”. El texto se comenta por sí solo.

Además, el margen de acción desde el Gobierno Central es muy bajo: la mayor parte de los gastos están comprometidos. Lo más influyente es el Gobierno regional (en Navarra tenemos un buen ejemplo de ello: la subida de impuestos, el plan de “amabilización”, los criterios para superar oposiciones o las obras de Pïo XII afectan a muchas personas) y Bruselas. Ahí donde se encuentran esos “hombres de negro” que vigilan de forma inmisericorde el cumplimiento de las cuentas.

En el mundo empresarial, es habitual endeudarse al comienzo de la actividad económica o cuando se va a realizar una inversión. Se espera que los retornos futuros compensen el gasto adicional actual. En este sentido, el papel de las finanzas en el mundo ha sido fundamental: esa es una de las claves del gran desarrollo del capitalismo, tener la posibilidad de comprar algo sin tener recursos económicos presentes para ello.

Según la teoría económica, los gobiernos deben gastan más de lo que ingresan cuando la economía va mal. Así se impulsa actividad y dinamismo a la economía compensando el gasto público realizado y además se suavizan los efectos de una hipotética recesión. Es el llamado “efecto multiplicador” Por otro lado, cuando la economía va bien lo adecuado es gastar menos de lo que se ingresa. Así ahorramos para cuando lleguen tiempos peores. Las vacas flacas y las vacas gordas.

Pero eso es la teoría. Hoy en día, las necesidades sociales son tan enormes que si la economía va bien los gobiernos gastan mucho, y si va mal gustan muchísimo. No es una perspectiva sostenible en el tiempo, pero claro, ¿quién va a ser el gobernante que vaya a contar la verdad si su puesto depende de la percepción que tenga el votante de la economía?

Antes de entrar en el euro, España también tenía desequilibrios presupuestarios. Pero siempre se arreglaban devaluando la peseta. Hay una forma muy sencilla de hacerlo: aumentando el gasto público o la cantidad de dinero en circulación. Así logramos introducir inflación en el sistema (explicaba recientemente en otro artículo  mi compañero Carlos Medrano como eso reduce la deuda), lo cual nos lleva a una devaluación inmediata. En esa época había ministros navarros en el Gobierno: recordemos las célebres devaluaciones de Carlos Solchaga (1.992).

En esos tiempos éramos muy pobres en términos relativos: no se podía salir de vacaciones fuera (hoy nos podemos ir tranquilamente un fin de semana a Berlín) y los productos importados eran mucho más caros (con lo cual la alta tecnología o los bienes de grandes prestaciones no eran accesibles para la clase media; hoy todos tenemos teléfonos móviles alucinantes).

Como bien lo saben en Grecia, se trata de una elección. Primera posibilidad, salirnos del euro. Consecuencia inmediata, devaluación de la moneda, y ya hemos analizado lo que pasa. Segunda posibilidad, cumplir unos mínimos rigores presupuestarios, aunque eso suponga dar una patada constante hacia adelante al entrar en una dinámica de déficit perpetuo y obedecer a quien realmente manda, al gobierno verdadero.

Es una simple moneda.

Es el gobierno del Euro.