Entidades intersubjetivas.

Una entidad intersubjetiva, en palabras del intelectual Yuval Noah Harari, es una “red de leyes, fuerzas o lugares que sólo existen en nuestra imaginación”. Según esta tesis, un país en sí mismo no existe. Está sólo en la imaginación de las personas. Pensemos en la caída de la URSS: una persona podía pasar, de la noche a la mañana, a convertirse de soviética a ucraniana, por ejemplo. ¿Cambiaba eso los sentimientos de la identidad de dicha persona ese factor? Claro que no. La clave, como ocurre a menudo, viene dada por la educación. Y en este aspecto es más importante la familia que el colegio, aunque sin duda, todo pesa. Supongamos un niño que ha tenido una educación en casa y cuando acude a clase observa que todos los demás piensan lo contrario que él. Lo más lógico es que siga la marea de lo que le cuentan el resto de compañeros. De hecho, existe un experimento que corrobora esta idea realizado en adultos.
La idea es la siguiente. Tenemos cinco personas. Cuatro son actores, la quinta no. Se les dan dos palillos y se les pregunta cuál es más largo de los dos. Aunque tienen la misma longitud, los actores dicen que los palillos no miden lo mismo. La quinta persona, la cual es la víctima, ante el sonrojo que supone quedar mal con los demás, dice que la longitud es distinta aunque ve clarísimo que no lo es. En otras palabras, muchas veces renunciamos a lo que vemos o a nuestras ideas (a no ser que tengamos un principio muy arraigado) por simple aceptación social. Ni que decir tiene que se pueden manipular cerebros con técnicas asociadas a esta idea.
Esto nos enseña algo fundamental: es bueno replantearse ideas de manera constante. El caso más impactante lo recuerdo de un obispo alemán: cuando era sacerdote, observó que era católico debido a que esa era la educación que había recibido. Si hubiese nacido en una aldea perdida de Afganistán, pensó que sería musulmán. Eso le llevó a investigar de la forma más profunda posible todas las religiones para descubrir si existía alguna verdadera. Finalmente, sus convicciones quedaron más firmes. Por supuesto, esta historia tiene su reverso. En economía del comportamiento, se llama “efecto de San Manuel” al siguiente caso. Una persona tiene unas ideas muy profundas; tan profundas que las difunde con gran entusiasmo. Cuando tiene muchos convencidos, se hace una prospección interior y descubre que sus ideas son falsas. ¿Cómo debe comportarse a partir de ahora?
También son entidades intersubjetivas marcas comerciales o algunas entidades deportivas. Pensemos en Osasuna. Si se derrumba el campo de fútbol o el equipo tiene un accidente sigue existiendo: se juega en otro lado, se hacen fichajes. Eso es debido a que está en la imaginación (¡y el sentimiento!) de muchas personas.

El efecto más positivo de las entidades intersubjetivas es que nos permiten colaborar con desconocidos. Así se han logrado avances científicos y sociales enormes. El efecto más negativo, la gran cantidad de guerras y muertes que han generado.
En fin, ya hemos llegado al caso de moda. Hola, Cataluña. ¿Será un adiós? Todo indica que no, ya que las implicaciones jurídicas que encierra son enormes. Pero como vemos es un patrón que se ha repetido muchas veces a lo largo de la humanidad: una lucha por algo que sólo existe en la imaginación de las personas. Curioso, ¿verdad?
En el procés se pueden destacar tres cosas. Uno, el tema del incumplimiento de la ley. No parece justo que por aparcar su vehículo diez minutos adicionales en la zona azul alguien deba pagar una multa enorme, ¿verdad? ¿Por qué ellos pueden incumplir las leyes “injustas” y nosotros no? Además, ¿nos podemos fiar de un gobierno que se salta las leyes?
Dos, el papel de la CUP. Para ellos, su objetivo final es un Estado Marxista. El medio para ello es la independencia (tiene otro objetivo: destruir Convergencia, el partido de la “burguesía catalana”; la verdad, eso lo está haciendo muy bien).
Tres, el tema del derecho a decidir. Es lógico que existan posiciones a favor y en contra, pero hay un problema. ¿En qué nivel parar? Supongamos que gana la independencia pero que en Tarragona el 70% ha votado en contra. ¿Es justo que siga dentro de Cataluña? A lo mejor Reus ha votado en un 80% a favor de la independencia. ¿Es justo que siga en España? Puede ocurrir que un barrio de Reus haya votado en un 75% a favor de seguir en España. Sucesivamente, continuando de forma indefinida con esta lógica, terminamos en cada persona particular. Y a su sentimiento de identidad. En el mismo, lo más importante es el sentido de pertenencia (incluido su club de fútbol o asociación de tiempo libre), el religioso (puede no existir), y sus valores personales.
Así, surge una pregunta.
¿Se debe imponer a alguien su identidad por ley?

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