El efecto Juana Rivas.

Sin duda, el caso de la custodia de los hijos de Juana Rivas y Francesco Arcuri ha terminado generando un fenómeno social de alta magnitud que ha proporcionado muchos y variados debates relacionados con la igualdad, los malos tratos y la efectividad de la justicia para lograr una solución lo más equitativa posible en estos casos sin olvidar lo que obviamente es más importante: los niños.
Los debates, debates son. En ese caso, es complejo aportar ideas a quien está previamente convencido de algo. Pero se pueden ver otros enfoques relacionados con el tema de la igualdad de hombres y mujeres.
Primero, se ha aprobado un paquete de mil millones de euros de cara a fortalecer la igualdad de género. Sin duda, es sorprendente que en este caso todos los partidos políticos se hayan puesto de acuerdo. ¿Por qué no se da eso en ámbitos tan fundamentales como la educación? Muy fácil. Estamos gobernados por modas (la violencia machista) e interés partidista (interesa más un enfrentamiento por algo que un acuerdo del que pueda apropiarse el gobierno de turno, sea el que sea). Además, ¿a dónde va a parar todo ese dinero? Por desgracia, a veces da la sensación de que existen muchos organismos públicos cuya aportación al objetivo buscado es escasa. No veo cómo a un salvaje que acaba con la vida de otra persona, sea en un arrebato o en un plan minuciosamente calculado, le puede afectar un cartel a la entrada de una ciudad.
Segundo, cuidado con la discriminación positiva. En una encuesta reciente y sorprendente, había más hombres que se sentían discriminados por su género (vía judicial en separaciones matrimoniales o vía empresarial) que mujeres.
Tercero, para discriminación, la de los suicidios. Por cada mujer que se quita la vida, lo hacen tres hombres. ¿Se puede trabajar en igualar esa tasa?
Cuatro, un juego de palabras. Pensemos en lo que supone la expresión “yo soy machista” superpuesta con la expresión “soy feminista”. Es obvio el matiz negativo de una y positivo de otra.
Quinto, aunque sea una perogrullada. De la misma forma que la mayor parte de las personas deseamos que no haya hambre o guerras en el mundo, salvo casos extremos lo mismo ocurre con la igualdad entre hombres y mujeres, ¿no?
Es el momento de volver a Juana Rivas. Absurdo es dar la razón a uno u otro, ya que en la mayor parte de los casos el asunto termina en creer a uno o de los dos (llegarán los tiempos en los que los matrimonios se grabarán discusiones o peleas para usarlas como pruebas en caso de extrema necesidad). Se trata de otra idea.
Juana Rivas tuvo la solidaridad de todo su pueblo, la cual queda refrendada por los famosos carteles de “Juana está en mi casa”. No obstante, Juana estaba actuando fuera de la ley. Debía entregar a sus hijos a la justicia, y no lo hizo en el momento adecuado. De acuerdo al orden jurídico que nos obliga a todos, debe pagar por ello. Y aquí es donde viene el problema. Tanta solidaridad y apoyo (incluido, por subirse a la ola de la demagogia fácil, políticos de varios partidos) le ha hecho tomar una decisión equivocada. Los que le han apoyado nada tienen que pagar. Sin embargo, ella sí. Pasado el tiempo y el chaparrón mediático, Juana se encontrará con las consecuencias de sus hechos. Pues bien, a los casos en los que tomamos decisiones que no nos convienen apoyados por una causa superior se le puede denominar el “efecto Juana Rivas”.
Vamos a ilustrarlo con otro ejemplo. Algunos políticos en Cataluña van a impulsar el referéndum del día 1 de octubre. Por supuesto, van a encontrar un gran apoyo en la calle y en algunos medios de comunicación. Sin embargo, corren el riesgo de perder parte de su patrimonio debido a los costes de dicho referéndum. Por lo tanto, cuidado. Muchas veces tomamos decisiones en caliente espoleados por otras personas sin tener en cuenta que la mayor parte de las consecuencias puede recaer en nosotros mismos.
Los autores de los atentados de Barcelona también han sido víctimas de este efecto. Su coste ha sido mayor: han pagado con su vida. Sí, también falleció el tristemente famoso Imán de Ripoll. Pero no es lo habitual. Además, los que ganan son los ideólogos del ISIS, que incrementan su poder e influencia a cambio de sangre. En este caso, la causa superior no es ni la igualdad, ni la independencia. Es preservar el Islam puro. No importa: el efecto es el mismo.
De lo que se trata es de presionar a una persona para que haga algo a cambio de un ideal o un beneficio para otros. ¿Y quién es ésta persona?
La que pone el cascabel al gato

Deja un comentario