Archivos mensuales: septiembre 2017

Contra las elecciones.

Este es el original título de un libro publicado por el historiador belga David Van Reybrouck y cuya tesis principal es que la toma de decisiones global basada en las elecciones democráticas de toda la vida o en referéndums ya no sirve. El libro se ha publicado a comienzos de este año en su edición española (editorial Taurus) pero fue escrito en el año 2.013, antes de conocerse los dos resultados más sorprendentes de los últimos tiempos: el Brexit y la victoria de Donald Trump.
Pensemos, en primer lugar, la razón por la cual el sistema actual no es el más adecuado posible. Supongamos que se debate en un referéndum sobre la sanidad: ¿debe ser pública o privada? Es muy difícil saber la solución adecuada, ya que cada sistema tiene su inconveniente. Si es pública, los sanitarios tienen menos incentivos para hacer bien su trabajo (cuidado, se trata de un supuesto teórico: la mayor parte de los sanitarios encuentran más satisfacción intrínseca en realizar bien su labor más que en el salario que reciben) y la población tiene incentivos para acudir a urgencias a poco que sienta un mínimo malestar (dichos malestares bajan significativamente si coinciden con un acontecimiento deportivo de interés). Pero por otro lado la sanidad debe ser un derecho universal, ¿no? El tema es su coste y que no deja de crecer. Eso es debido al envejecimiento paulatino de la población y al aumento de la esperanza de vida. Entonces ya tenemos la solución: la sanidad privada. Los costes serán más razonables ya que la eficiencia de los centros aumentará. Pero eso nos lleva a que los sanitarios se encuentren en una situación de precariedad laboral. Eso, inevitablemente, afectará a su desempeño profesional. Además, si la sanidad es privada la desigualdad entre ricos y pobres aumenta. Los primeros pueden cubrir cualquier imprevisto, los segundos (aunque exista un mínimo asistencial para todos sufragado por el Estado) no. ¿Qué es mejor?
No parece un problema de fácil solución. Yo, personalmente, no sabría qué decir. Lo lógico sería consultar a los que entienden del tema y a partir de ahí que entre todos llegasen a un acuerdo para recomendar la política adecuada al Gobierno y a la oposición, si el asunto se considera de interés nacional. Es evidente que los expertos seleccionados deben estar propuestos, con proporcionalidad electoral, por todos los partidos con representación en el Congreso.
La propuesta de Van Reybrouck, ya ensayada en países como Irlanda, es más atrevida. Seleccionar por sorteo un grupo de personas y darles un tiempo adecuado (en el caso de la ley del aborto han seleccionado a 100 personas les han dado 8 meses) para buscar de todas las fuentes de conocimiento posibles y obtener una recomendación para el Gobierno.

Quizás estas soluciones serían útiles en el caso del Brexit, pero no sirven para los resultados electorales de Estados Unidos. Al fin y al cabo, ¿cómo saber si las políticas que más me convienen como elector norteamericano son las de Hillary Clinton o las de Donald Trump? No olvidemos lo que está pasando hoy en día: el político hábil focaliza uno o dos problemas a su interés y da algún remedio sencillo para resolverlos. Problema: el paro. Solución: control de la inmigración con un muro, aumento de aranceles para defender la industria nacional. Desde luego, las cosas no son tan sencillas, pero así es el mensaje que nos venden.
Una solución atrevida y viable tecnológicamente es que cada persona conteste una encuesta sobre diversos temas de interés. Puede responder sólo a las preguntas que más le importen. Un algoritmo le dice a quién debe votar. Punto. ¿Absurdo? Claro que no. El algoritmo más famoso del mundo es Google, y lo manejamos diariamente. Eso sí, debemos indicar que esta solución se puede ajustar. Si un ciudadano se siente muy de derechas, de izquierdas o simpatiza con un determinado líder no puede tener el voto más claro. Pero para el resto de personas sería útil.
Existen más opciones que ayudan a delimitar el voto que se han ensayado en otros países. Por ejemplo, un consejo independiente decide hasta qué punto las promesas que hacen los partidos son creíbles. Normal, no se pueden subir las ayudas a los parados sin aumentar los impuestos o las cotizaciones, quitar de otra partida o aumentar la deuda. Otra posibilidad que mejora la democracia es el cumplimiento por objetivos y la rendición de cuentas. Es decir, si no llego a una cifra macroeconómica, a la calle. Si una política (ese rescate bancario…) lleva a la ruina a muchas personas, que quien la haya realizado pague por ellas.
En consecuencia, según todas estas tesis ya tenemos una nueva solución. No votar. Además, esta solución es útil. Sirve para todo, evita enfrentamientos y populismos.
Sí, la solución es extrema. Pero un aspecto es indudable: la democracia de ayer no sirve para el mundo de hoy.

Entidades intersubjetivas.

Una entidad intersubjetiva, en palabras del intelectual Yuval Noah Harari, es una “red de leyes, fuerzas o lugares que sólo existen en nuestra imaginación”. Según esta tesis, un país en sí mismo no existe. Está sólo en la imaginación de las personas. Pensemos en la caída de la URSS: una persona podía pasar, de la noche a la mañana, a convertirse de soviética a ucraniana, por ejemplo. ¿Cambiaba eso los sentimientos de la identidad de dicha persona ese factor? Claro que no. La clave, como ocurre a menudo, viene dada por la educación. Y en este aspecto es más importante la familia que el colegio, aunque sin duda, todo pesa. Supongamos un niño que ha tenido una educación en casa y cuando acude a clase observa que todos los demás piensan lo contrario que él. Lo más lógico es que siga la marea de lo que le cuentan el resto de compañeros. De hecho, existe un experimento que corrobora esta idea realizado en adultos.
La idea es la siguiente. Tenemos cinco personas. Cuatro son actores, la quinta no. Se les dan dos palillos y se les pregunta cuál es más largo de los dos. Aunque tienen la misma longitud, los actores dicen que los palillos no miden lo mismo. La quinta persona, la cual es la víctima, ante el sonrojo que supone quedar mal con los demás, dice que la longitud es distinta aunque ve clarísimo que no lo es. En otras palabras, muchas veces renunciamos a lo que vemos o a nuestras ideas (a no ser que tengamos un principio muy arraigado) por simple aceptación social. Ni que decir tiene que se pueden manipular cerebros con técnicas asociadas a esta idea.
Esto nos enseña algo fundamental: es bueno replantearse ideas de manera constante. El caso más impactante lo recuerdo de un obispo alemán: cuando era sacerdote, observó que era católico debido a que esa era la educación que había recibido. Si hubiese nacido en una aldea perdida de Afganistán, pensó que sería musulmán. Eso le llevó a investigar de la forma más profunda posible todas las religiones para descubrir si existía alguna verdadera. Finalmente, sus convicciones quedaron más firmes. Por supuesto, esta historia tiene su reverso. En economía del comportamiento, se llama “efecto de San Manuel” al siguiente caso. Una persona tiene unas ideas muy profundas; tan profundas que las difunde con gran entusiasmo. Cuando tiene muchos convencidos, se hace una prospección interior y descubre que sus ideas son falsas. ¿Cómo debe comportarse a partir de ahora?
También son entidades intersubjetivas marcas comerciales o algunas entidades deportivas. Pensemos en Osasuna. Si se derrumba el campo de fútbol o el equipo tiene un accidente sigue existiendo: se juega en otro lado, se hacen fichajes. Eso es debido a que está en la imaginación (¡y el sentimiento!) de muchas personas.

El efecto más positivo de las entidades intersubjetivas es que nos permiten colaborar con desconocidos. Así se han logrado avances científicos y sociales enormes. El efecto más negativo, la gran cantidad de guerras y muertes que han generado.
En fin, ya hemos llegado al caso de moda. Hola, Cataluña. ¿Será un adiós? Todo indica que no, ya que las implicaciones jurídicas que encierra son enormes. Pero como vemos es un patrón que se ha repetido muchas veces a lo largo de la humanidad: una lucha por algo que sólo existe en la imaginación de las personas. Curioso, ¿verdad?
En el procés se pueden destacar tres cosas. Uno, el tema del incumplimiento de la ley. No parece justo que por aparcar su vehículo diez minutos adicionales en la zona azul alguien deba pagar una multa enorme, ¿verdad? ¿Por qué ellos pueden incumplir las leyes “injustas” y nosotros no? Además, ¿nos podemos fiar de un gobierno que se salta las leyes?
Dos, el papel de la CUP. Para ellos, su objetivo final es un Estado Marxista. El medio para ello es la independencia (tiene otro objetivo: destruir Convergencia, el partido de la “burguesía catalana”; la verdad, eso lo está haciendo muy bien).
Tres, el tema del derecho a decidir. Es lógico que existan posiciones a favor y en contra, pero hay un problema. ¿En qué nivel parar? Supongamos que gana la independencia pero que en Tarragona el 70% ha votado en contra. ¿Es justo que siga dentro de Cataluña? A lo mejor Reus ha votado en un 80% a favor de la independencia. ¿Es justo que siga en España? Puede ocurrir que un barrio de Reus haya votado en un 75% a favor de seguir en España. Sucesivamente, continuando de forma indefinida con esta lógica, terminamos en cada persona particular. Y a su sentimiento de identidad. En el mismo, lo más importante es el sentido de pertenencia (incluido su club de fútbol o asociación de tiempo libre), el religioso (puede no existir), y sus valores personales.
Así, surge una pregunta.
¿Se debe imponer a alguien su identidad por ley?

El efecto Juana Rivas.

Sin duda, el caso de la custodia de los hijos de Juana Rivas y Francesco Arcuri ha terminado generando un fenómeno social de alta magnitud que ha proporcionado muchos y variados debates relacionados con la igualdad, los malos tratos y la efectividad de la justicia para lograr una solución lo más equitativa posible en estos casos sin olvidar lo que obviamente es más importante: los niños.
Los debates, debates son. En ese caso, es complejo aportar ideas a quien está previamente convencido de algo. Pero se pueden ver otros enfoques relacionados con el tema de la igualdad de hombres y mujeres.
Primero, se ha aprobado un paquete de mil millones de euros de cara a fortalecer la igualdad de género. Sin duda, es sorprendente que en este caso todos los partidos políticos se hayan puesto de acuerdo. ¿Por qué no se da eso en ámbitos tan fundamentales como la educación? Muy fácil. Estamos gobernados por modas (la violencia machista) e interés partidista (interesa más un enfrentamiento por algo que un acuerdo del que pueda apropiarse el gobierno de turno, sea el que sea). Además, ¿a dónde va a parar todo ese dinero? Por desgracia, a veces da la sensación de que existen muchos organismos públicos cuya aportación al objetivo buscado es escasa. No veo cómo a un salvaje que acaba con la vida de otra persona, sea en un arrebato o en un plan minuciosamente calculado, le puede afectar un cartel a la entrada de una ciudad.
Segundo, cuidado con la discriminación positiva. En una encuesta reciente y sorprendente, había más hombres que se sentían discriminados por su género (vía judicial en separaciones matrimoniales o vía empresarial) que mujeres.
Tercero, para discriminación, la de los suicidios. Por cada mujer que se quita la vida, lo hacen tres hombres. ¿Se puede trabajar en igualar esa tasa?
Cuatro, un juego de palabras. Pensemos en lo que supone la expresión “yo soy machista” superpuesta con la expresión “soy feminista”. Es obvio el matiz negativo de una y positivo de otra.
Quinto, aunque sea una perogrullada. De la misma forma que la mayor parte de las personas deseamos que no haya hambre o guerras en el mundo, salvo casos extremos lo mismo ocurre con la igualdad entre hombres y mujeres, ¿no?
Es el momento de volver a Juana Rivas. Absurdo es dar la razón a uno u otro, ya que en la mayor parte de los casos el asunto termina en creer a uno o de los dos (llegarán los tiempos en los que los matrimonios se grabarán discusiones o peleas para usarlas como pruebas en caso de extrema necesidad). Se trata de otra idea.
Juana Rivas tuvo la solidaridad de todo su pueblo, la cual queda refrendada por los famosos carteles de “Juana está en mi casa”. No obstante, Juana estaba actuando fuera de la ley. Debía entregar a sus hijos a la justicia, y no lo hizo en el momento adecuado. De acuerdo al orden jurídico que nos obliga a todos, debe pagar por ello. Y aquí es donde viene el problema. Tanta solidaridad y apoyo (incluido, por subirse a la ola de la demagogia fácil, políticos de varios partidos) le ha hecho tomar una decisión equivocada. Los que le han apoyado nada tienen que pagar. Sin embargo, ella sí. Pasado el tiempo y el chaparrón mediático, Juana se encontrará con las consecuencias de sus hechos. Pues bien, a los casos en los que tomamos decisiones que no nos convienen apoyados por una causa superior se le puede denominar el “efecto Juana Rivas”.
Vamos a ilustrarlo con otro ejemplo. Algunos políticos en Cataluña van a impulsar el referéndum del día 1 de octubre. Por supuesto, van a encontrar un gran apoyo en la calle y en algunos medios de comunicación. Sin embargo, corren el riesgo de perder parte de su patrimonio debido a los costes de dicho referéndum. Por lo tanto, cuidado. Muchas veces tomamos decisiones en caliente espoleados por otras personas sin tener en cuenta que la mayor parte de las consecuencias puede recaer en nosotros mismos.
Los autores de los atentados de Barcelona también han sido víctimas de este efecto. Su coste ha sido mayor: han pagado con su vida. Sí, también falleció el tristemente famoso Imán de Ripoll. Pero no es lo habitual. Además, los que ganan son los ideólogos del ISIS, que incrementan su poder e influencia a cambio de sangre. En este caso, la causa superior no es ni la igualdad, ni la independencia. Es preservar el Islam puro. No importa: el efecto es el mismo.
De lo que se trata es de presionar a una persona para que haga algo a cambio de un ideal o un beneficio para otros. ¿Y quién es ésta persona?
La que pone el cascabel al gato

NOVEDADES.

Estimados socios y seguidores:
Aunque vamos un poco más despacio de lo previsto, estamos preparando un acontecimiento muy novedoso para comienzos de otoño, ya que entendemos que el mundo nuevo que nos toca vivir exige respuestas por parte de la sociedad civil.
Para ser más fuertes, necesitamos personas comprometidas. Por favor, los interesados pueden entrar en el correo de la web o escribirme (javi.otazu.ojer@gmail.com). Si me dejáis el teléfono, os llamaría lo antes posible.
Creemos que se debe fomentar el desarrollo personal individual, ya que no hay otra forma de mejorar el conjunto de la sociedad.
Muchas gracias.
Javier Otazu.

Talento.

¿Qué es el talento? ¿De dónde viene? ¿Vivimos realmente en una economía del talento, de manera que aquellos que tienen más, ganan más? Este un debate que sirve para obtener conclusiones prácticas.
Podemos definir el talento como una capacidad innata para realizar una actividad determinada como un deporte particular, el arte o algún tipo de disciplina profesional.
¿A qué personas asociamos la palabra talento? El compositor Wolfang Amadeus Mozart puede ser el primero de la lista. Pintores como Picasso, cantantes como Frank Sinatra, escritoras como Ana María Matute, actores como Robert de Niro, deportistas como el recientemente retirado Usain Bolt o Michael Jordan están también asociados al talento. Sin embargo, cuanto analizamos estos casos comienzan a surgir diferentes sombras. Ya Malcolm Gladwell demostró, con su célebre “regla de las 10.000 horas” que para ser hábil en cualquier tipo de disciplina se debe trabajar durante todo ese tiempo. Es mucho, sí. Ello nos lleva a una primera conclusión: más importante que el talento es el trabajo y el esfuerzo. Esta idea debería estar implantada desde los primeros cursos escolares; muchos niños que son buenos para cierta actividad se duermen en los laureles y no terminan de desarrollar todo su potencial. Una pena enorme, ¿verdad?
Así pues, ya sabemos que un talento específico sin un esfuerzo asociado sirve de poco. Ahora bien, ¿de dónde viene el talento de una persona? Claro que tiene componente genético, pero primero se debe detectar y después se debe desarrollar en un entorno adecuado. Pongamos una persona con una habilidad especial para la pelota que haya nacido en Indonesia: no se podrá detectar el talento ya que esa actividad no se realiza en su país de origen y como consecuencia de ello su entorno no es el adecuado para desarrollarse. Eso nos lleva a la idea de que se deben buscar mecanismos educativos para conocer el talento de los niños que acuden a la escuela.
Es posible que un estímulo adecuado sirva para desarrollar un talento. Un niño que tenga un talento especial para jugar al ajedrez (curiosamente, el tercer deporte en licencias mundiales después del fútbol y del atletismo) no puede profundizar en el mismo si no conoce las reglas del juego. Pero es que además se debe tener pasión, curiosidad y ganas de jugar partidas, y ahí es donde el entorno tiene una importancia enorme. Ello pasa por establecer los incentivos adecuados para los hijos y los padres: torneos atractivos para todos (muchos restaurantes tienen éxito al tener zonas especiales de juego para niños; es un ejemplo claro de entorno adecuado) en los que los padres tengan algún entretenimiento adicional además de ver las partidas y en el que los hijos aspiren no sólo al primer puesto. Disfrutar de cada partida, del viaje, de la compañía de otros niños con la misma afición o de una comida conjunta es un buen estímulo para ir a jugar torneos de ajedrez.
La intuición nos dice que es más fácil desarrollar un talento especial con dos aspectos que nos ayudan a llevar una vida más serena y feliz: la pasión y la curiosidad. ¿Quién conoce alguna persona feliz que no haga las cosas con entusiasmo o que no tenga interés por conocer más del mundo que le rodea?
Una forma útil de desarrollar el talento es no focalizarse en un único tema: en un mundo que avanza dentro de un marco global en el que las diferentes disciplinas del saber se integran entre sí, la capacidad de detectar patrones ocultos es fundamental. En otras palabras, si una persona se dedica a la astronomía no le va mal aprender algo de música o de baile. ¿Acaso no podemos considerar el Universo como algo armónico lleno de constelaciones que “bailan” en esas noches de verano estrelladas que tanto nos gustan? Es posible que saber algo de un tema sirva para explicar algo de otros. Por ejemplo, en un reciente artículo de prensa un doctor en física aplicaba sus conocimientos para explicar la situación del mercado laboral en España. Sorprendente, ¿verdad?
Por último, ¿premia la economía al talento? ¿O se necesita padrino?
Primero, si alguien tiene un talento especial que no está valorado en el mercado, claro que no. Por ejemplo, el campeón mundial de lanzamiento de azadas no aspira a obtener una gran cantidad de dinero. Se debe conformar con un trofeo y un jamón.
Segundo, un padrino ayuda muchísimo. En caso contrario, se trata de abrirse un pequeño hueco y saber abrirlo poco a poco. En el mundo de hoy, existen muchas personas con un talento especial que no lo han explotado por no haber sabido venderse. Y es que la palabra vendedor (que asociamos a las viejas enciclopedias) no está bien valorada en la sociedad. Sin embargo, todos estamos vendiéndonos constantemente.
En fin, conviene aprovechar la época veraniega para reflexionar, pensar en nuestros talentos, desarrollarlos y aprovecharlos.