Terrorismo.

¿Qué conclusiones se pueden sacar del reciente atentado en Barcelona? En circunstancias de tanto dolor, y cuando las emociones están a flor de piel, es difícil valorar la situación como un observador externo que se limita a valorar los hechos. No obstante, ¿por qué no intentarlo?
Se ha valorado de forma positiva la colaboración ciudadana y la espontánea ola de solidaridad que ha surgido entre todas las personas. Bueno, es algo lógico y normal. Todos somos humanos, y la mayor parte de nosotros habríamos reaccionado así. No se puede sobrevalorar un comportamiento que en el caso de no tenerlo, genera un delito. Desde luego, lo razonable es, cuando empieza el atentado, escapar y reaccionar asustados. Cuando llega la tranquilidad, todos tendemos a ayudarnos. Eso sí, puede haber una excepción: los psicópatas, definidos como las personas que no tienen empatía por los demás. Se estima que son aproximadamente el 10% de la población. En el triste suceso del tren de Angrois (Galicia), la población de la zona fue aclamada por sus labores humanitarias. No tiene lógica: no ayudar a alguien que está desangrándose es una falta gravísima a nivel jurídico moral.
Se ha valorado de forma positiva la “unión de los políticos”. Es lógico y normal: es completamente estúpido e inmoral no estar en contra de los atentados. Lo difícil es que esta unión permanezca en el tiempo. Así, al PP se le acusará de aprovechar la situación para endurecer las libertades de todos. A Podemos, de no suscribir el pacto antiyihadista. Al PSOE, de lo que sea. A la CUP, de insolidaria por la exigencia de que el Rey o Rajoy no estén en la manifestación. Y así sucesivamente.
Se ha comentado que “no coartarán nuestra libertad”. Muchas veces un comentario expresa lo contrario de lo que dice. Es como cuando un equipo de fútbol dice que “el entrenador no corre peligro” o cuando un presidente dice que cierto ministro “tiene toda su confianza”. Pues bien, claro que coartan nuestra libertad. Y nos da más respeto acudir a lugares transitados. Un ejemplo muy sencillo que expresa esta idea viene dado por la estampida que hubo en Turín entre aficionados que se encontraban en una plaza animando a su equipo, la Juventus. Si no existiese temor hacia un atentado, es muy difícil que hubiese ocurrido semejante suceso.
Las concentraciones y protestas de repulsa se han sentido a lo largo de muchas ciudades, y bien está que sea así. Pero no ejercen una labor que presione al autor del atentado, como ocurrió a lo largo de los tristes tiempos en los que ETA se dedicaba a “socializar el sufrimiento”. Al Estado Islámico o a todos que actúan inspirados por el mismo (es fundamental conocer si existía algún tipo de conexión entre la célula de Ripoll y el IS) no les importa demasiado si a las protestas van 10 personas o 10 millones. Posiblemente prefieran el segundo escenario: eso quiere decir que su influencia es mayor.
No se puede olvidar que la probabilidad que tenemos de morir en atentado es ínfima. Lo que ocurre es que la perspectiva nos aterra ya que no tenemos ningún tipo de control sobre lo que puedan hacer los terroristas. Es mucho más fácil morir en accidente de coches o ahogados. De hecho, después de los atentados del 11S los muertos en carretera en Estados Unidos se dispararon. Eso era debido a que se usaba más el coche para realizar recorridos largos. Curiosamente, el medio de locomoción más seguro es el ascensor. Por desgracia Rocío, la chica que murió aplastada por un ascensor en un hospital de Sevilla, no puede decir lo mismo.
Los mecanismos de seguridad son cada vez más eficientes. Por desgracia, no podemos conocer la tasa de éxitos de los atentados abortados. Dos ideas. Uno, en opinión de muchos expertos, cuando se escucha algún discurso incendiario en alguna mezquita los propios musulmanes avisan a las autoridades. Dos, hoy en día se puede controlar las páginas web que visita cada usuario de Internet. Vamos, que no es tan sencillo bajarse un tutorial para hacerse una bomba casera, a no ser que uno no sea sospechoso. Sí, eso es lo que ocurrió en el caso que nos ocupa. Pero la falta de experiencia en el manejo de artefactos caseros provocó una explosión conocida por todos. Además, cada atentado estimula la colaboración entre los diferentes cuerpos policiales, sean nacionales o extranjeros. Sí, habrá más muertes. Pero los avances tecnológicos y el uso de diferentes cortafuegos para evitar muchos tipos de ataques nos hacen ser menos pesimistas.
Países como Israel, amenazado por muchos vecinos, han logrado reducir drásticamente los atentados que sufrían. ¿Por qué no aprender o conocer sus técnicas de prevención?
Para terminar, recordemos que la mayor parte de los atentados islamistas matan a musulmanes. Eso es debido a la guerra civil existente entre suníes y chiíes.
Ay, la guerra.

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