Oh, tempora. Oh, mores.

Esta famosa afirmación es del orador romano Marco Tulio Cicerón (siglo I a.c.), y se traduciría así: Oh, tiempos! Oh, costumbres! Con ella se refiere a la ascendencia de algunas influencias que se dejan sentir sobre la conducta humana.
Muchos comportamientos actuales se justifican debido a que estamos viviendo una época de cambios vertiginosos. Puede ser. Pero existe un ejercicio muy divertido que nos puede llevar a una reflexión: ¿qué influencias son atemporales? Es decir, independientemente del lugar y del tiempo en el que nos encontramos, ¿existen aspectos comunes que nos puedan enseñar claves de nuestra conducta para mejorarla? Esto nos permitiría lograr dos objetivos fundamentales. A nivel individual, el DPC (desarrollo personal continuo). A nivel global, adaptar reglas de convivencia para los nuevos tiempos (en el caso de la política) y razonar la provisión de bienes y servicios que mejor se adaptan a la comunidad (en el caso de las decisiones empresariales).
No es muy conocido el hecho de que desde las épocas más antiguas se decía que los jóvenes estaban malcriados y eran unos consentidos que no sabían lo que querían. Por supuesto, hoy en día se sigue comentando lo mismo. Lo asombroso es que la afirmación es falsa. La mayor parte de los jóvenes tienen un objetivo muy claro: crear su futuro, y buscar la manera de generar valor para el conjunto de la sociedad. Existen dos excepciones, ambas extremas. Por un lado, los jóvenes de familias sin ningún tipo de recurso que terminan en la vida callejera. En países como el nuestro eso es una excepción ya que el sistema público se dedica a paliar esa carencia, pero en las grandes urbes eso genera inestabilidad social. El otro extremo son los jóvenes que no tienen preocupación alguna debido al gran patrimonio que tienen sus padres. Aquí el riesgo es distinto: tarde o temprano, deberán gestionar ese patrimonio. Y si no se saben valorar correctamente las consecuencias de sus decisiones debido a la burbuja en la que se ha vivido pues ya se sabe lo que pasa.
Bien, vayamos a esos comportamientos, veamos la influencia que han tenido a lo largo de los tiempos y busquemos medidas para corregirlos.
Uno, la procrastinación. Consiste en dejar las cosas para más adelante, dejando para el olvido el célebre consejo: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. A nivel personal, esta costumbre es grave: siempre dejamos para más adelante la dieta, el ejercicio, o los arreglos pendientes en casa. A nivel público, las reformas siempre se dejan para el futuro. Hay una frase divertida que expresa esta idea: “Brasil es el país del futuro…y siempre lo será”. Los propios brasileños lo cuentan con humor. A nivel empresarial a veces se dejan las reformas para más adelante, pero no ocurre tan a menudo. Al fin y al cabo, un empresario se juega su dinero.
A nivel personal se puede evitar la procrastinación con reglas mentales al tipo “si-entonces”. Por ejemplo, “si no ahorro hoy mañana no tendré ningún recurso”. Estas reglas se deben repetir a menudo para convertirlas en un hábito. A nivel público, sólo hay una solución: unos incentivos que generen más concordancia entre el interés del político y el bien común.
Dos, la corrupción. Desde tiempos inmemoriales hemos estado preocupados por ella. ¿Por qué se da? Pérdida de control de la situación, ego, ansia de poder y dinero. ¿Cómo combatirla? Hay muchas posibilidades. Por ejemplo, devolución de la cantidad robada con un alto castigo impositivo o penalización en todos los ingresos futuros son medidas razonables. Eso sí, no sólo se arreglan las cosas a palos. A menudo, la zanahoria también está bien. Eso pasa por premiar a todos los denunciantes, y no sólo con dinero: con reconocimiento social. ¿Por qué no salen abriendo las noticias?
Tres, la lucha por los recursos. Desde tiempos inmemoriales los seres humanos siempre queremos más. Pensemos en el gran avance de la economía de mercado: en teoría, quien más tiene es debido a su mérito en el desempeño de un trabajo o a la provisión de un bien. ¿Es en la práctica así? Aunque falta mucho por avanzar, se trata de buscar los mecanismos que permitan erradicar privilegios. En éste ámbito, el fraude fiscal y las ingenierías financieras que drenan el pago de una gran cantidad de impuestos crean problemas para la viabilidad de nuestro sistema social a medio plazo.
Cuatro, la tragedia de los comunes. Se da cuando el incentivo de un agente económico va en contra del interés general. Si un país no firma el tratado contra el cambio climático, podrá producir bienes y servicios más baratos. Lo mismo ocurre si una empresa contamina y otros no lo hacen, o si un ganadero deja en el campo más vacas de las pactadas con sus compañeros de gremio. ¿Cómo arreglar esto? Investigando y divulgando las empresas o personas que se dedican a estas actividades.
Oh, tempora! Oh, mores!

Deja un comentario