Archivos mensuales: junio 2017

Gobernar.

Hemos acudido a una reciente moción de censura por parte de Podemos en contra del Gobierno de Mariano Rajoy. Se pueden sacar las conclusiones que se deseen: es razonable criticar a Iglesias ya que estaba cantado el resultado, y es razonable criticar a Rajoy en tanto no parece dar la sensación de hacer todo lo que puede contra la lacra de la corrupción. De lo que se trata es de valorar la estrategia de la moción en sí misma: ¿a quién beneficia?
Habrá que esperar hasta que pase un tiempo suficiente, aunque ya se sabe: si Podemos sube en las encuestas, la estrategia ha sido un éxito. En caso contrario, no. Sea como fuere, se han ganado unas páginas de periódico. Y es que quizás hacer oposición sea esto: lograr salir en los medios.
La alta política ha pasado de ser un medio para lograr un fin (gobernar a los miembros de una comunidad buscando el mayor beneficio conjunto) a ser un fin en sí mismo (tener el poder por el hecho de tenerlo). No es difícil observar muchos gobiernos en los que las políticas que se llevan nos dejan completamente sorprendidos ya que no son coherentes con las ideologías teóricas que dábamos como seguras. Por tener el poder, cualquier promesa se convierte en agua de borrajas en aras de un bien superior que siempre comprende tener cierto puesto.
Los puestos, los cargos. A menudo escuchamos en casos en los que existe sospecha fundada de corrupción la frase “pongo la mano en el fuego por Fulanito”. Propongo cambiar la frase por “pongo mi puesto en el aire por Fulanito”. ¿Quién lo hace? Nadie. El coste de abandonar un puesto a nivel de reputación y de pérdida de influencia es tan grande que sólo se hace por razones de fuerza mayor.
Hoy en día, vemos una competencia feroz entre los partidos, de manera que cada uno vende su relato, y mientras las ideas brillan por su ausencia. Un desastre. Y es que en el mercado de la política ocurre algo que no es válido en ningún otro: se puede mentir impunemente y se puede soltar cualquier tipo de insulto hacia otra persona u organización política (si una empresa miente acerca de las características del producto que vende o insulta a otra tiene los días contados; existe un respeto que debería ser llevado a todos los órdenes de la vida). Eso sólo tiene una explicación: la política es un mercado podrido que no cumple las condiciones teóricas de eficiencia. ¿Cómo sería la calidad de los productos que consumimos si fuese legítimo mentir acerca de los mismos? Simplemente las empresas compiten, intentan sacar bienes de más calidad a menor precio, y las que lo hacen mejor y saben adaptarse a los tiempos sobreviven, de forma que con ello logran crear un mundo que progresa. No ocurre eso con los gobiernos, ¿verdad?
Sí: gobernar es vender un relato puede ser real o ser una ficción. Pero no importa mientras suene bien. Así, “los otros” son unos corruptos, unos populistas, una izquierda o derecha rancia y trasnochada, unos nacionalistas o unos inútiles. No importa. Al final, el menos malo gana.
Esta estructura de incentivos existentes en los partidos no presagia nada positivo para el bien común, pues no es eso lo que piensan los buscadores de rentas que suelen ocupar los puestos más altos. Saben que si su jefe se va, ellos están en el mismo carro. Y los que pueden cambiar esa estructura de incentivos no lo van a hacer debido a una razón obvia y sencilla: no les interesa.
Hasta ahora se ha valorado qué es gobernar. ¿Por qué no valorar lo que debería ser gobernar?
La definición más sencilla es la siguiente: crear reglas de convivencia en las que prime la meritocracia a partir de una igualdad de oportunidades real (tristemente, el factor que mejor explica la riqueza futura de los jóvenes es la riqueza presente de los padres) de manera que nadie se quede atrás: todas las personas de la comunidad debe tener un mínimo bienestar.
Sí, lo más difícil es el cómo. ¿Por qué no intentar unas reglas?
Uno.- Respetar los aspectos más personales de cada sujeto, los cuales suelen ser la religión y la identidad. Salvo circunstancias inevitables, no se debe legislar acerca de las mismas ya que pertenecen a la esfera individual de cada individuo.
Dos.- No mentir. No es lo mismo que decir siempre la verdad.
Tres.- Ser transparente: cuentas claras. Indicar de dónde se van a obtener recursos para cumplir promesas. De hecho, en algunos países existen organismos independientes que verifican el cumplimiento de promesas a priori. Basta hacer números.
Cuatro.- Afrontar los problemas que llegarán a medio plazo sin rodeos, indicando los posibles sacrificios que se deberán afrontar para hacerlos más llevaderos.
Cinco.- No confundir el Congreso, el Parlamento o el Consistorio con un Teatro.

Dataísmo.

Hasta hace poco, los países más influyentes eran los que tenían más recursos energéticos, en especial gas y petróleo. Sin embargo, estamos asistiendo a un cambio que está revolucionando las relaciones entre las personas y por extensión, entre los países. Hoy en día, el principal activo de la economía digital son los datos. El volumen de información en circulación aumenta a un ritmo del 40% anual. Eso quiere decir que en tan sólo 20 años dicho volumen se habría multiplicado por 836,68 (matemáticamente, 1,4 elevado a 20). Otras estimaciones nos llevan a decir que en año 2020 el almacenamiento de datos será equivalente a 10 veces el número de estrellas observables en el Universo. Son cifras tan excesivas que escapan a nuestra comprensión. ¿Qué implicaciones tiene todo ello?
A nivel de relaciones internacionales, la información es poder. Y cuidado, hay muchos posibles tipos de información, no sólo la relacionada con asuntos de corrupción o interferencias externas que se hayan realizado en diferentes campañas electorales. Por ejemplo, saber cómo se produce un medicamento, tener la música de un disco que va a salir próximamente a la venta, una película que va a estrenarse (recientemente han robado una película a Disney), la fabricación de un aparato electrónico, o incluso la composición de un algoritmo.
Toda esta información está conectada en la nube, y eso nos genera una duda razonable: ¿es posible que algún malévolo terrorista pueda crear un caos en asuntos tan sensibles como las centrales nucleares, la gestión de hospitales o las cuentas bancarias? Es muy complicado, ya que existen muchos cortafuegos que avisan los centros de procesamiento para que en el caso de tener algún imprevisto se corte el flujo de información. Después de los ciberataques recibidos en muchas empresas de diferentes países, surgen dudas. Por este lado, poco más que confiar en los gestores de estos centros tan delicados para nuestros equilibrios sociales es lo que podemos hacer.
A nivel de personas, también el manejo de datos (recordemos el concepto de Big Data, el cual expresa la capacidad de procesar y manejar ingentes cantidades de datos sabiendo obtener de ellos la información más relevante) tiene un peso gigantesco. El aspecto publicitario va a cambiar cada vez más, y la evolución del marketing es un claro ejemplo de ello. Inicialmente la publicidad era genérica: “busque, compare y si encuentra algo mejor cómprelo”. Después pasó a denominarse por “targets” o segmentos de mercado particulares; por ejemplo, solteros entre 40 y 50 años con poder adquisitivo medio que vivan en ciudades. Hoy estamos en una transición a una publicidad que será completamente personalizada: según las páginas webs en las que navegamos, los “me gusta” que pinchamos en las redes sociales, los lugares a los que solemos ir y las cosas que compramos a menudo se puede predecir lo que vamos a desear en el futuro. Por esa razón muchas veces nos sorprende recibir ofertas de bienes o servicios que nos atraen sobremanera.
Por supuesto, hay más posibilidades. La salud es muy importante, cada vez existe más conciencia acerca de ella, y el manejo de datos relacionados con nosotros mismos (lo que comemos, lo que bebemos, nuestro tipo de trabajo, el tipo de deporte y el tiempo que realizamos haciéndolo, nuestros genes y otros indicadores relacionados con nuestro cuerpo) sirve para predecir la posibilidad de desarrollar una determinada enfermedad. Así, la prevención irá ganando cada vez más terreno.
Los datos relacionados con nuestras finanzas, en particular con el manejo del teléfono móvil, el coche, o los aparatos electrónicos de casa nos harán ser cada vez más eficientes en su manejo. Sabremos si por una carretera hay un atasco, o la hora a la que nos merece la pena poner en marcha la lavadora. Incluso existen aplicaciones que enseñan a ahorrar una cantidad determinada de dinero al mes, de manera que nos pueden echar la “bronca” por tomar un café de más.
No se vayan todavía, falta lo mejor. El imprescindible libro de Homo Deus (Yuval Noah Harari; Editorial Debate) nos lleva a un futuro en el que todas las ciencias se funden en una: el dataísmo. Y es que en todas las ciencias se procesa información. Se trata de unificarla. Incluso cada vez se relacionan más aspectos tan separados como la biología y la tecnología. Si se desarrollan los ordenadores cuánticos, el flujo de información alcanzará magnitudes exponenciales. Por otro lado, aparatos como el marcapasos son comunes para las personas. Los humanos podemos funcionar mejor con silicio, el silicio puede funcionar mejor con carbono.
Hoy en día, es capital seleccionar correctamente la información que recibimos. Aprender es ya más importante que el conocimiento, ya que éste lo llevamos en el móvil. Y gestionar el futuro al que nos llevan estas tendencias, comenzando por la gestión de las personas que no encontrarán su sitio en este nuevo mundo, el mayor reto al que nos enfrentamos.