Archivos mensuales: mayo 2017

El ministerio del futuro.

Existen ministerios para todos los gustos, algunos de toda la vida, como el de Defensa o el de Sanidad. Otros han ido variando con los tiempos: ¿quién no recuerda el ministerio de Igualdad, en la época de Zapatero? Por último, otros se pueden integrar (Medio Ambiente y Agricultura, por ejemplo). En fin, son diferentes estrategias de los gobernantes y cada uno de nosotros tendrá una opinión formada acerca de las posibilidades existentes en cada caso.
Lo que se propone en estas líneas es un ministerio consultivo, que sirva para adelantarse a los retos del futuro. Si los políticos toman las decisiones siempre pensando en las siguientes elecciones, ¿por qué no crear un Ministerio del Futuro que sirva para adelantarse a las nuevas tendencias sin incentivos partidistas? ¿No sería eso de gran utilidad? ¿Qué temas serían los más interesantes?
Podemos establecer 5 niveles para plantearnos el futuro que viene. El matiz es importante, ya que cada una de estas categorías contiene competencias particulares.
El nivel uno somos nosotros mismos como personas. ¿Qué retos vamos a afrontar para el futuro? En un mundo cambiante, ¿es mi puesto de trabajo seguro? ¿Cómo poder mantener un desarrollo personal (con todo lo que ello implica a nivel social y profesional) sostenible? ¿Tengo hábitos que me puedan crear malestar futuro?
El nivel dos estaría formado por las instituciones asociadas a la Comunidad Autónoma, las más renombradas, el Gobierno y los Ayuntamientos. ¿Están fomentando la convivencia social? ¿Está la formación educativa ofertada en consonancia con nuestro tejido industrial? ¿Qué empresas compiten a nivel mundial, cuáles sólo a nivel comarcal? ¿Qué sectores estratégicos existen? ¿Cómo lograr que se invierta en ellos?
El nivel tres es el de las instituciones asociadas al Gobierno Central. Existen muchos retos. Uno: pensiones. Simplemente, están quebradas. ¿Cómo afrontar ese problema? Dos: sanidad. ¿Cómo encajar el tema de que las personas viven cada vez más años aunque eso les suponga, lo cual es pura biología, más dependencia? Relacionados con los dos ejemplos anteriores estaría el tema de la demografía. Tres: energía. ¿Qué podemos hacer? A medio plazo es posible que alguna energía renovable sea la más eficiente. ¿Cuál será? ¿Qué estrategia se debe plantear? Cuatro: educación. Aquí, el equilibrio político y competencial es prioritario. Cinco: trabajo. ¿Qué se va a demandar en el futuro? Está de moda el STEM (acrónimo inglés que acoge las palabras ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas como las ramas con más posibilidades en el futuro). Seis: sostenibilidad territorial y medioambiental. Se analizan dos aspectos: evitar zonas despobladas de gran extensión, buscar equilibrio ecológico. Y no se trata sólo del cambio climático: asuntos como la biodiversidad deben ser también tenidos en cuenta.
El nivel cuatro llegaría a la Unión Europea. Aquí existen muchos aspectos a trabajar: el tema de los refugiados, regulación de la economía digital, la posibilidad de tener una política fiscal común, la creación de un superministerio de finanzas, cómo llevar la defensa conjunta de todos los países, la gestión del Brexit y las relaciones con la nueva administración norteamericana…todo se resume en un único objetivo: cerrar las competencias de la Unión Europea. ¿Por qué no hacer un gran congreso entre los países de la unión para lograrlo? Es necesario saber lo que se puede hacer y lo que no dejando claro cuándo el fracaso de una política es debido al Gobierno de turno o a Bruselas.
El nivel cinco sería global. Aquí nos encontramos con instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), la ONU, el Banco Mundial (BM) la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por cierto, las enfermedades que más matan en el mundo son la tuberculosis, el SIDA y la malaria. Pues bien, la OMS ha gastado más dinero en viajes antes que en erradicarlas. Estos organismos tienen un gran poder, y cada uno tiene su forma de gestión particular. Deberían redefinirse de cuando en cuando. Y la transparencia en su financiación y en su toma de decisiones es primordial.
¿Qué abarcaría un Ministerio del Futuro en Navarra?
Valoraría cuáles van a ser las infraestructuras que más nos van a interesar en el futuro. Tendría en cuenta el coste de oportunidad de las mismas (mejorar una vía de tren supone un dinero que se deja de gastar por otro lado). Pensaría en los estudios que se pueden implantar que generen empleabilidad. Buscaría la presión fiscal asociada al gasto público más eficiente para toda la comunidad. Llegaría a acuerdos con empresas estratégicas. Se implicaría en la vertebración territorial. Estudiaría la necesidad de potenciar las medianas empresas para no quedarnos dependiendo de unos pocos clusters.
Este Ministerio podría ser consultivo, con coste cero. Simplemente emitiría las recomendaciones que considerase pertinentes. Personas de todo tipo, destacando las de alto nivel cultural, empresarial o intelectual participarían en este órgano obteniendo a cambio una gran reputación.
Algunos países, como Suecia, ya tienen este Ministerio.
Y nosotros, ¿por qué no?

La nueva ruta de la seda.

La ruta de la seda nos evoca a los viajes de Marco Polo y al comienzo del comercio entre Oriente y Occidente. Nos recuerda viejas historias en las que los seres humanos no dejaban de disfrutar de nuevos descubrimientos, aventuras y experiencias. Hoy, en un mundo hiperconectado y con una tecnología que nos rodea allí donde vamos, poco parece que queda por descubrir. Y sin embargo, aunque parezca mentira, se está creando el germen de otra ruta de la seda. Y esta ruta puede alterar diversos aspectos relacionados con la economía mundial. Por lo tanto, debemos conocerla.
El presidente chino Xi Jinping está promocionando desde el año 2.013 la denominada “nueva ruta de la seda”. Con un fondo inicial de 40.000 millones de dólares, la idea es impulsar las infraestructuras en primera instancia de su país y posteriormente ramificarlas hacia Europa (como muestra el ejemplo de la posible conexión en tren entre Madrid y Yiwu) o a otros países asiáticos. Para que nos hagamos una idea de la magnitud del proyecto, participan 68 países, los cuales suman más de 4.000 millones de personas y acumulan el 40% del PIB mundial. Pekín espera realizar una inversión de 120.000 millones de euros por año durante el próximo lustro. El Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (BAII), con un capital fundacional de 100.000 millones de dólares, también influye de forma decisiva en este proyecto. Incluso dicho banco se plantea como futura competencia para dos de las entidades internacionales que más influyen en la economía mundial: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).
El fin de semana del 13 y 14 de mayo se reunieron en Pekín los países más involucrados en el proyecto. No faltó Vladimir Putin, y a nivel europeo, por diferentes razones, sólo estuvieron como mandatarios influyentes Mariano Rajoy por España, Alexis Tsripas por Grecia y Paolo Gentiloni por Italia. Desde luego, la potencia de algunas empresas españolas especializadas en infraestructuras les genera oportunidades de negocio: se necesitan carreteras, puertos, autovías, puentes, túneles, aeropuertos o conexiones de alta velocidad.
Si bien este proyecto es conocido desde hace años, sorprende la escasa relevancia con la que ha aparecido en los medios de comunicación. Y la gran implicación china nos lleva a posibles cambios influyentes en la arquitectura económica internacional. Vamos a valorarlos.
Primero, hoy en día el país que pregona el libre comercio es China. Es el mundo al revés. Países en teoría más abiertos como Gran Bretaña buscan apoyar leyes que penalicen a las empresas por contratar trabajadores extranjeros. Sólo pensar algo así hace poco nos habría parecido una discriminación insoportable. Ya no es así.
Segundo, la influencia del FMI y de BM va a disminuir. Los países que forman los BRICs (Brasil, Rusia, India y China) buscan no depender de entidades que perciben gobernadas por los “intereses occidentales”. En caso de apuro financiero es mejor depender de una entidad en la que tengo una participación activa.
Tercero, las infraestructuras favorecen la competitividad de las economías. Llevar un producto en un tiempo razonable de un lugar a otro hace que una empresa tenga más rivales en el mercado y que sólo sobrevivan las mejores. Los consumidores ganan, ya que compran más calidad a menos precio. Eso sí, se corre el riesgo de invertir más de lo debido. ¿Merece la pena un tren de alta velocidad si tiene una ocupación del 30%? Claro que no. Los estudios previos que analicen en profundidad la viabilidad de estos proyectos son imprescindibles y deben realizarse con el máximo rigor.
Cuarto, una apertura global siempre genera empresas o personas que se salen del mercado. Buscar mecanismos compensatorios para evitar desequilibrios sociales futuros es delicado y fundamental. En este contexto, no olvidemos un aspecto delicado: personas con unos privilegios enormes (estibadores) se unen con facilidad para defender sus intereses; personas en riesgo de exclusión (parados de larga duración) no tienen un foro o ámbito que les sirva para poder exigir sus demandas.
Todo esto nos está llevando el centro del mundo hacia Asia. Al paso que vamos, nosotros vamos a ser el “extremo occidente”. Esto genera unos retos enormes para la Unión Europea en general y cada país particular.
Primero y prioritario: se deben cerrar cuanto antes las competencias de las instituciones con más poder dentro de la Unión Europea. El recientemente elegido presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha pedido la creación de un superministro de finanzas europeo, a lo que Alemania ya ha dado su respuesta: no. Como sigamos así continuaremos de foro en foro hasta la irrelevancia total.
Segundo y como país, ¿nos interesa entrar en este proyecto? (Por cierto, España está entre los países fundadores del BAII). En caso afirmativo, ¿qué amenazas y oportunidades se deben tener en cuenta?
En un mundo que avanza a velocidad de vértigo, necesitamos más acciones y menos palabras. Marco Polo está al caer.

Geoeconomía.

Cómo podemos explicar la situación del mundo? ¿Se puede encajar de alguna forma la visión económica, política y social que nos rodea? Sí, se puede encajar mediante la denominada geoeconomía, “la cual aporta una visión global de las relaciones políticas internacionales, con especial énfasis en los factores económicos sin descuidar los actores no estatales” (de la introducción del libro “Los ejes del poder económico, de Eduardo Olier).
El análisis de las matemáticas enseña a desarrollar teorías a partir de unos axiomas determinados. Por ejemplo, los números naturales se definen a partir de unas reglas fijas, a partir de las cuales se generan propiedades y teoremas. Aunque parezca mentira, cada año aparecen más de 100.000 teoremas nuevos en diferentes áreas del conocimiento.
¿Por qué no intentar desarrollar unos axiomas en el área de la geoeconomía? Podrían ser los siguientes:
1.- “Los amigos y los enemigos varían, los intereses no” (palabras de un diplomático inglés a finales del siglo XIX).
2.- Vivimos en un único país: nuestro planeta. Sí, hay Estados con muchos años de antigüedad, pero otros llevan muy poco tiempo con nosotros. Hoy en día, existen entidades supranacionales que están encima: basta pensar en la Unión Europea. Muchas de las leyes a las que estamos sometidos emanan de Bruselas. A eso debemos añadir organismos como el FMI (Fondo Monetario Internacional) o los diferentes Bancos Centrales que tienen un poder enorme. Se podrá argumentar que somos un único país debido a la globalización, la cual ha generado, entre otras cosas, la denominada hiperconectividad. Pero nada más lejos de la realidad: independientemente de vivir en uno u otro país las personas siempre han podido relacionarse entre sí desde hace muchos años. Claro que hace 100 años los transportes no eran los de hoy, pero se podía viajar y comerciar con cualquier parte del mundo con la excepción lógica de las guerras o de los países con fronteras cerradas.
3.- La humanidad ha avanzado a partir de las ideas de las personas que la componen. En unos entornos es más fácil generar ideas que en otros. Desde luego, la clave consiste en traducir la idea a una tecnología, una forma de hacer las cosas, un producto o un servicio concreto.
4.- No existe ningún imperio eterno (aunque existe una gran bibliografía explicando el auge y la caída de los imperios).
5.- La duda no es una condición agradable, pero la certidumbre es un absurdo (Voltaire). En otras palabras: los tiempos cambian.
6.- Las personas responden a incentivos (esta regla explica el 90% de nuestras decisiones, según el escritor Rolf Dobelli). Parece una perogrullada, pero merece la pena tener esta regla enmarcada: el principal incentivo de un político, por ejemplo, es mantener su influencia y poder.
A partir de estos axiomas, podemos exponer las características especiales de los tiempos de hoy.
1.- Por primera vez, los imperios en forma de países se ven sustituidos por imperios en forma de empresas. No pueden pervivir durante mucho tiempo, pero sí a lo largo de varias generaciones humanas. Empresas como Google o Facebook tienen más poder que muchos países.
2.- El Estado del Bienestar ha llegado a su límite. La mayor esperanza de vida conlleva unos gastos en sanidad y en pensiones que son insostenibles a medio plazo. De manera asombrosa, la mayor parte de los Estados tienen unos desajustes en sus presupuestos públicos que están disparando la deuda llevando el sistema al colapso. Las otras posibilidades son que el crecimiento económico aumente o que el Estado de Bienestar baje sus prestaciones. No hay más.
3.- El cambio climático es una realidad demostrada a la que no le estamos aplicando las soluciones adecuadas por simple dejadez. El que venga detrás ya arreará.
4.- La mayor parte de los retos (desigualdad, mafias, terrorismo internacional, refugiados o desempleo estructural) son globales. También de manera asombrosa, muchos países se encierran en sí mismos para resolverlos.
5.- La economía digital y los avances tecnológicos nos llevan a escenarios para los que no estamos preparados debido a que las personas y a las instituciones nos cuesta adaptarnos a los cambios. Esto conlleva gran riesgo para los países que se quedan atrás.
6.- Ya no es necesario declarar una guerra para estar en guerra.
7.- Ya no sólo se lucha por territorios o recursos: la información es cada vez más valiosa.
Por último, podemos valorar cómo se están afrontando estos problemas.
1.- Búsqueda de chivos expiatorios como Bruselas, Madrid o Donald Trump.
2.- Discusiones estúpidas basadas en nacionalismos o cotilleos políticos.
3.- Aplicar teorías macroeconómicas adaptadas a un pasado que ya no existe.
4.- Populismo, autoritarismo, radicalismo.
5.- Científicos o investigadores que dedican su tiempo a buscar mejorar la vida de los demás (¿ya tienen las facilidades necesarias para ello?). También deberíamos incluir o trabajadores, funcionarios, empresarios o voluntarios sociales motivados con sus actividades.
Todos estos escenarios nos llevan a un escenario completamente impredecible.
Nada nuevo bajo el sol.