Carl Sagan y las estrellas.

Pocas veces la ciencia ocupa las portadas de los periódicos. Sin embargo, el descubrimiento en la constelación Acuario  de una estrella enana llamada Trappist – 1, del tamaño de Júpiter, con siete planetas orbitando frente a ella  semejantes al nuestro  y de los cuales tres son especialmente prometedores para albergar vida ha merecido la atención mundial.

Antes que nada, una pequeña apreciación. Este descubrimiento ha sido realizado por un equipo internacional de astrónomos. Eso nos recuerda una evidencia: si colaboramos, podemos ser capaces de lo mejor. Si no lo hacemos y nos enfrentamos, ya se sabe lo que pasa. En una época en la que florecen populismos poco integradores que se dedican a demonizar algún grupo humano, merece la pena recordarlo.

Carl Sagan (Estados Unidos, 1934-1996) está considerado el astrónomo más famoso de la historia. Su serie de televisión “Cosmos” fue un fenómeno mundial y generó múltiples halagos. Por primera vez logró que la ciencia fuese popular; y es que  durante los años 80 muchas personas quedaron embrujadas con los misterios que encerraba el Universo. Por desgracia, cada nueva certeza científica generaba incertidumbres adicionales. Pero es la única forma que tenemos de avanzar.

Existe una cautivadora biografía de Sagan realizada por William Poundstone (Editorial Akal) donde se exponen los aspectos más humanos de su vida. Entre ellos, se pueden destacar varios. El primero y principal: Sagan tenía muy claro su propósito vital. Se trataba, simplemente, de buscar vida en otros mundos.

¿Era una locura? ¿Cómo una persona tan inteligente (el célebre escritor de ciencia ficción Isaac Asimov afirmó que sólo encontró dos personas más inteligentes que él; Carl Sagan y Marvin Minsky, investigador de inteligencia artificial fallecido en enero del año 2016)  podía volcar todo su tiempo y aptitudes a semejante idea?

La clave estaba en la ecuación de Drake, que tiene en cuenta, a partir de todas las estrellas y galaxias (la Vía Láctea es una de los dos billones, con b de barbaridad,  de galaxias estimadas en el Universo), cuántas podrían ser las civilizaciones existentes. Si bien estas estimaciones son muy complejas, científicos como Michael Shermer piensan que podrían existir 5000. Por desgracia, existen muchas dificultades para establecer contacto con extraterrestres. El primero y principal, la distancia. Trappist – 1 se encuentra a 40 años luz, aunque si la teoría de los agujeros de gusano es cierta se podría acortar el tiempo del viaje. Además, recordemos que en un viaje de este estilo el tiempo del astronauta transcurre con más lentitud de manera que a su regreso a la tierra sus familiares podrían haber fallecido. Por otro lado, puede ocurrir que otras civilizaciones estén tratando de contactar con nosotros mediante frecuencias de onda indetectables.

Cuando a Sagan le decían que  fuera de nosotros no existía vida respondía con su célebre frase, “ausencia de prueba no es prueba de ausencia”. Es decir, que no hayamos encontrado pruebas de vida extraterrestre no quiere decir que no existan. Por cierto, las dos hipótesis producen desconcierto. Si estamos solos en el Universo, ¿a qué viene tanto desperdicio? Si no estamos solos, ¿cómo son nuestros “compañeros”?

Por otro lado, en el ámbito de la investigación y en tantos otros existe un riesgo claro: se puede fracasar. ¿No es descorazonador dedicar la vida a algo que resulta no ser cierto? Pues no, ya que la recomendación de Sagan sería semejante a ésta: “si se comprueba que una teoría no sirve, cosa que ocurre a menudo, una persona se puede venir abajo. Eso es un suicidio científico: persona y teoría no son lo mismo”. De la misma forma, muchas veces confundimos un presidente de un gobierno o de una corporación con la persona. Y no, no son lo mismo. No lo olvidemos: una persona ocupa un puesto. No es el puesto. Una persona no es su dinero, ni sus posesiones, ni sus proyectos. Son cosas que cuesta disociar.

Para desarrollar ciencia e ideas la creatividad es fundamental: “con imaginación podemos llegar a sitios que no existen, sin imaginación no podemos llegar a ningún lado”. Respecto de lo que decían los líderes, lo tenía claro: “debemos cuestionar todo”. No se trata de desconfiar, se trata de tener espíritu crítico y constructivo.

Una nave espacial sacó una foto, a miles de kilómetros, de nuestro querido planeta. Sagan la valoró así. “Tal vez no haya mayor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido”.

En un mundo en el que vivimos hiperconectados y acelerados, sería conveniente, de vez en cuando, parar y escuchar señales.

En especial, aquellas que vienen de los mundos más lejanos y de nuestro ser más profundo.

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