Archivos mensuales: marzo 2017

Políticas macroeconómicas.

Una de las labores principales de un gobierno consiste en elegir las políticas macroeconómicas necesarias para mejorar los indicadores de “salud” de un país. En estos tiempos de alto desempleo e incierto porvenir, ¿cuáles son las políticas más adecuadas? ¿Qué instrumentos tiene un gobierno para lograr este objetivo?
Hasta hace poco, había dos posibilidades. Por un lado las políticas denominadas clásicas, las cuales consisten en estimular la oferta de bienes y servicios que se producen dentro de un país. Para ello se buscan medidas que beneficien la innovación o que reduzcan el coste de producción de las empresas (impuestos más bajos o facilidades regulatorias) ya que si todo lo que consumimos es más barato, todos ganamos. El caso estándar es el teléfono móvil: han mejorado muchísimo las prestaciones con precios semejantes a los de hace años e incluso más bajos. El problema de este tipo de políticas es que sus efectos tardan en ser visibles. Además, se busca equilibrar las cuentas del Estado para no gastar recursos adicionales en pagos de intereses debidos a la deuda.
Por otro lado están las políticas keynesianas, las cuales consisten en estimular la demanda de bienes y servicios dentro de un país. Para ello, el gobierno suele gastar dinero y endeudarse. A corto plazo son efectivas, ya que la economía se activa. A medio o largo plazo depende: puede ocurrir que el crecimiento sea suficiente para pagar los intereses de la deuda generada y en ese caso estas políticas han cumplido su cometido. Pero también puede ocurrir que después del estímulo las cosas queden como estaban…¡con una deuda superior!
No se puede olvidar que las políticas clásicas están más relacionadas con gobiernos de derechas (la prioridad es generar riqueza) y que en el segundo están más relacionadas con gobiernos de izquierdas (la prioridad es repartir la riqueza).
Por desgracia, la aplicación de estas políticas en Europa nos ha generado la peor consecuencia posible en cada caso. Las recetas clásicas (Alemania) han generado más desigualdad y las recetas keynesianas (casi todos los países han gastado más de lo que ingresaban) más deuda.
¿Qué se puede hacer, entonces? ¿Existe alguna combinación de estas políticas que pueda ser efectiva? Diferentes gobiernos han probado combinaciones de estas políticas (incluyendo aspectos comerciales).Vamos a ver varios casos.
Uno, Japón. La política ha sido expansiva a nivel monetario (el BoJ, Banco de Japón, ha introducido mucho dinero en el sistema), a nivel fiscal (más gasto público) y liberalizadora (reducción de trabas para la actividad económica). El nombre de esta política es “Abenomics” ya que la ha realizado el gobierno del primer ministro japonés, Shinzo Abe. Los resultados han sido positivos, aunque no podemos olvidar el problema demográfico del país. Y está el largo plazo, que siempre llega.
Dos, Estados Unidos. La política que va a impulsar el nuevo gobierno tiene tres ejes: un gran plan de infraestructuras, bajada generalizada de impuestos y proteccionismo económico. El nombre de esta política es “Trumpnomics”, ya que la va a realizar el gobierno de Donald Trump. Los resultados están por determinar, aunque la bolsa ha saludado estas medidas con amplias subidas (¿será una burbuja?).
Tres, países escandinavos. Se combinan las facilidades para crear riqueza por parte de las empresas con altos impuestos una vez que se ha generado dicha riqueza. Es la denominada por el analista Víctor Lapuente de forma original como “Política Bisexual”, ya que aplica fundamentos clásicos y keynesianos. Los resultados han sido muy positivos, aunque en economía siempre existen matices. Sin duda, recuerdan a la célebre “Tercera Vía” de Tony Blair en Gran Bretaña.
Cuatro, populismos de izquierdas que ofrecen limpiar la corrupción de la política de “toda la vida” y más intervencionismo por parte del Estado para evitar los desmanes que se generan en empresas de interés general (en especial en áreas relacionadas con la sanidad, la educación, la energía o la banca) debido que sólo tiene un objetivo: ganar dinero al coste que sea.
Ninguno de los dos candidatos franceses que ha pasado a la segunda vuelta está en el modelo tradicional: Fillon (derecha) y Hamon (izquierda) no superaron el corte. Marine Lepen encaja en el modelo de Estados Unidos y Emmanuel Macron encaja en el de los países escandinavos. ¿Será una tendencia global?
Se puede observar que la derecha de siempre sigue manteniendo amplia influencia general. Sin embargo, la izquierda de toda la vida, ¿dónde está? El descalabro en Francia ha sido impresionante. Su debilidad en Gran Bretaña ha generado el sorprendente adelanto electoral de Theresa May. En España, Podemos discute la hegemonía del PSOE. La izquierda necesita un nuevo relato, y lo necesita ya.
Eso sí, es posible que no sea suficiente con un nuevo relato. La ciudadanía debería percibir que el objetivo de la política es el bien común, y lo que se percibe es la búsqueda del poder y de la influencia personal.
Mal asunto.

Carl Sagan y las estrellas.

Pocas veces la ciencia ocupa las portadas de los periódicos. Sin embargo, el descubrimiento en la constelación Acuario  de una estrella enana llamada Trappist – 1, del tamaño de Júpiter, con siete planetas orbitando frente a ella  semejantes al nuestro  y de los cuales tres son especialmente prometedores para albergar vida ha merecido la atención mundial.

Antes que nada, una pequeña apreciación. Este descubrimiento ha sido realizado por un equipo internacional de astrónomos. Eso nos recuerda una evidencia: si colaboramos, podemos ser capaces de lo mejor. Si no lo hacemos y nos enfrentamos, ya se sabe lo que pasa. En una época en la que florecen populismos poco integradores que se dedican a demonizar algún grupo humano, merece la pena recordarlo.

Carl Sagan (Estados Unidos, 1934-1996) está considerado el astrónomo más famoso de la historia. Su serie de televisión “Cosmos” fue un fenómeno mundial y generó múltiples halagos. Por primera vez logró que la ciencia fuese popular; y es que  durante los años 80 muchas personas quedaron embrujadas con los misterios que encerraba el Universo. Por desgracia, cada nueva certeza científica generaba incertidumbres adicionales. Pero es la única forma que tenemos de avanzar.

Existe una cautivadora biografía de Sagan realizada por William Poundstone (Editorial Akal) donde se exponen los aspectos más humanos de su vida. Entre ellos, se pueden destacar varios. El primero y principal: Sagan tenía muy claro su propósito vital. Se trataba, simplemente, de buscar vida en otros mundos.

¿Era una locura? ¿Cómo una persona tan inteligente (el célebre escritor de ciencia ficción Isaac Asimov afirmó que sólo encontró dos personas más inteligentes que él; Carl Sagan y Marvin Minsky, investigador de inteligencia artificial fallecido en enero del año 2016)  podía volcar todo su tiempo y aptitudes a semejante idea?

La clave estaba en la ecuación de Drake, que tiene en cuenta, a partir de todas las estrellas y galaxias (la Vía Láctea es una de los dos billones, con b de barbaridad,  de galaxias estimadas en el Universo), cuántas podrían ser las civilizaciones existentes. Si bien estas estimaciones son muy complejas, científicos como Michael Shermer piensan que podrían existir 5000. Por desgracia, existen muchas dificultades para establecer contacto con extraterrestres. El primero y principal, la distancia. Trappist – 1 se encuentra a 40 años luz, aunque si la teoría de los agujeros de gusano es cierta se podría acortar el tiempo del viaje. Además, recordemos que en un viaje de este estilo el tiempo del astronauta transcurre con más lentitud de manera que a su regreso a la tierra sus familiares podrían haber fallecido. Por otro lado, puede ocurrir que otras civilizaciones estén tratando de contactar con nosotros mediante frecuencias de onda indetectables.

Cuando a Sagan le decían que  fuera de nosotros no existía vida respondía con su célebre frase, “ausencia de prueba no es prueba de ausencia”. Es decir, que no hayamos encontrado pruebas de vida extraterrestre no quiere decir que no existan. Por cierto, las dos hipótesis producen desconcierto. Si estamos solos en el Universo, ¿a qué viene tanto desperdicio? Si no estamos solos, ¿cómo son nuestros “compañeros”?

Por otro lado, en el ámbito de la investigación y en tantos otros existe un riesgo claro: se puede fracasar. ¿No es descorazonador dedicar la vida a algo que resulta no ser cierto? Pues no, ya que la recomendación de Sagan sería semejante a ésta: “si se comprueba que una teoría no sirve, cosa que ocurre a menudo, una persona se puede venir abajo. Eso es un suicidio científico: persona y teoría no son lo mismo”. De la misma forma, muchas veces confundimos un presidente de un gobierno o de una corporación con la persona. Y no, no son lo mismo. No lo olvidemos: una persona ocupa un puesto. No es el puesto. Una persona no es su dinero, ni sus posesiones, ni sus proyectos. Son cosas que cuesta disociar.

Para desarrollar ciencia e ideas la creatividad es fundamental: “con imaginación podemos llegar a sitios que no existen, sin imaginación no podemos llegar a ningún lado”. Respecto de lo que decían los líderes, lo tenía claro: “debemos cuestionar todo”. No se trata de desconfiar, se trata de tener espíritu crítico y constructivo.

Una nave espacial sacó una foto, a miles de kilómetros, de nuestro querido planeta. Sagan la valoró así. “Tal vez no haya mayor demostración de la locura de la soberbia humana que esta distante imagen de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amable y compasivamente, y de preservar y querer ese punto azul pálido, el único hogar que siempre hemos conocido”.

En un mundo en el que vivimos hiperconectados y acelerados, sería conveniente, de vez en cuando, parar y escuchar señales.

En especial, aquellas que vienen de los mundos más lejanos y de nuestro ser más profundo.