Archivos mensuales: febrero 2017

Odebrecht, Banco de España y justicia.

Odebrecht es un conglomerado de empresas de ingeniería, construcción y energía. Esta empresa brasileña ha saltado recientemente a la fama por protagonizar el mayor escándalo de sobornos de la historia: ha admitido pagos de 788 millones de dólares a los partidos entre los años 2.001 y 2.016. La cifra es sobrecogedora. Asusta. Antiguos dirigentes como el expresidente de Perú, Alejandro Toledo, están acusados de cobrar cifras de unos 20 millones de dólares. Al parecer, existen muchos países implicados, en especial en América Latina. Mientras, son conocidos por todos los múltiples casos de corrupción existentes en España. Mientras tanto, recordemos que asuntos como los “papeles de Panamá” o las plataformas de ingeniería fiscal creados por los asesores financieros de las máximas estrellas del deporte siguen estando ahí. Por desgracia, han pasado al olvido.
¿En qué mundo vivimos? Cuesta comprender cómo unas personas que ya tienen todo el reconocimiento social se arriesgan a perder toda su reputación de por vida a cambio de muchos platos de lentejas.
Esto nos lleva a conclusiones importantes. Primero, todas las investigaciones en neurociencia han demostrado que el poder cambia la forma del cerebro de las personas, con lo cual la percepción que tienen del mundo que les rodea es diferente a la real. En muchos casos, se sienten autorizados para cobrar mordidas (que suelen ser para el partido) que se usan para legitimar diferentes obras públicas. Después de abandonar el cargo, cobran pastizales por conferencias donde cuentan evidencias. Segundo, de la misma forma que existe la ONU, la OMC o el FMI ya va siendo hora de crear una gran institución internacional que vele por la seguridad financiera mundial para controlar la gran cantidad de dinero que se mueve en la sombra. Y no se trata sólo de sobornos, ya que hay dos puntos más fundamentales. Uno, la regulación financiera. Si se cumplen los peores presagios Estados Unidos (ya ha dimitido el miembro del Consejo de la Reserva Federal dedicado a la regulación financiera, Daniel Tarullo) puede volver a tener una legislación semejante a la existente antes de la crisis financiera del año 2.008. No lo olvidemos: los incentivos, incentivos son. Dos, los paraísos fiscales son problemas de magnitud mundial. De la misma forma que existen guerras de divisas, pueden existir guerras fiscales para lograr que en un territorio determinado se creen empresas. Si todos los países hacen lo mismo, el Estado del bienestar se derrumbará.
¿Podemos confiar en que se va a crear una institución de este estilo? La respuesta nos la ha dado Transparencia Internacional: el 30% de los eurodiputados, al dejar el cargo, trabajan en grupos de presión (lobbies) de empresas que buscan lograr regulaciones favorables para sus intereses. Está claro, ¿no?

En nuestro país se supone que el Banco de España era la institución que se dedicaba a supervisar las diferentes actividades financieras que se realizan en la economía. Sin embargo, como es conocido, parte de la anterior ejecutiva ya está siendo investigada para saber si cumplió correctamente su papel en el caso de Bankia. Además, la unión entre los trabajadores es admirable: una recogida de firmas a favor de los altos cargos imputados, según el organismo, es algo que merece “comprensión”. ¿Para cuándo una recogida de firmas apoyando a Jordi Pujol o a Iñaki Urdangarín?
Al menos, cuando ocurren cosas de estas siempre está la justicia. Que se lo digan a Pedro Antonio Sánchez, presidente de Murcia. La fiscalía debía debatir si se le imputaba por su participación en la operación Púnica. La cuestión es que Sánchez conoció la decisión de no investigarle por parte de la Fiscalía General ¡antes! de que se haría pública. De hecho, lo adelantó él mismo en una cadena de radio. ¿Cómo puede ser? Es algo inadmisible y deplorable.
Tenemos tres problemas de arquitectura institucional gravísimos. El primero es mundial: se trata de un desequilibrio financiero (si caen los grandes bancos pagamos todos) y fiscal (las rentas medias pagan sus impuestos, las grandes fortunas declaran sus ganancias en otros lugares) enorme. Para arreglarlo, es necesaria una gran institución financiera global con más poder que el BPI (Banco de Pagos Internacional). Por desgracia, la élite que nos gobierna no parece estar interesada en solucionarlo. No podemos olvidarlo: históricamente los grandes cambios han venido dados por grandes descubrimientos científicos o por exigencias sociales (voto de las mujeres o derechos laborales). Segundo y relacionado con el asunto del Banco de España: el gran corporativismo existente en instituciones nacionales e internacionales. Eso crea ineficiencias enormes: si alguien actúa de forma inadecuada, sus compañeros le defienden rápidamente. Tercero, el tema judicial. Sí, claro que Montesquieu, en palabras de Alfonso Guerra, está muerto. Pero a veces ya da la sensación de que no se preocupan ni de disimular. Que un posible imputado adelante él mismo la decisión de la fiscalía es el colmo de los colmos.

El tren.

No, no me refiero al tren de alta velocidad que tanta controversia ha generado en nuestra comunidad. Ese es un debate muy difícil en el cual es complicado eliminar la carga ideológica que tan a menudo, para nuestra desgracia, impregna tantas cosas. A veces da la sensación de que en asuntos como este un punto de vista determinado te lleva o a un lado o al otro. Y más aún cuando tener juicio propio es complejo: si nos preguntan cómo se debe gestionar la sanidad o el canal de Navarra lo más lógico es dejar el asunto a los entendidos. Posiblemente sería útil la creación de comisiones de expertos con un nivel de transversalidad que permitiese generar una opinión vinculante, pero eso es otra historia y otro debate.

Uno de los aspectos más destacables acerca de Tony Judt, uno de los intelectuales más lúcidos de los últimos años (por desgracia, murió debido a una esclerosis lateral amiotrófica en el año 2.010 a la edad de 62 años), era la fascinación que tenía por los trenes, ya que le parecían que servían para indicar muchas metáforas asociadas a la vida real. Sin duda, la más sencilla es la que asocia  la vida a un tren en el que estamos viajando, observando nuevos paisajes, realizando paradas en lugares que nos invitan a tener otras experiencias o a detenernos para poder conocerlos, incluso dialogando con los distintos pasajeros que nos encontramos en el tren o en aquellos sitios que deseamos conocer con más profundidad. Siguiendo la metáfora, se trataría de evitar el peligro que supone tener un tren girando de forma reiterada en un círculo vicioso para volver siempre al mismo lugar como forma de indicar que estamos dejando de progresar.

Se habla de que perdemos el tren del progreso cuando una comunidad (región, provincia, país) parece no seguir el ritmo de avance técnico, económico o social de comunidades cercanas a la dada. ¿Está perdiendo España en general y Navarra en particular el este tren? Ese sí es un debate válido para el día de hoy. ¿Qué tipo de empresas o regiones podrán mantener su nivel de vida de aquí a 50 años por ejemplo? Las empresas turísticas o las dedicadas al sector agroalimentario posiblemente sí.  El resto, depende de cómo se reinventen y se adapten a los tiempos. Para ello se torna inexcusable un contraste de ideas entre las instituciones públicas y las empresas (y no sólo las grandes, las cuales son las que de forma reiterada acuden a esas reuniones para buscar la “competitividad” de un país: todas) para valorar las políticas educativas y los incentivos fiscales o jurídicos que permitan un desarrollo más amplio, profundo y perdurable en el tiempo.

Cuando perdemos una oportunidad la vemos alejarse como si fuese un tren. Un ministro israelí decía que los palestinos “no perdían la oportunidad de perder una oportunidad”. Desde luego, lo que nos importa aquí es la idea, no su aplicación al enquistado problema entre los israelíes y los palestinos. ¿Cuántas veces nos arrepentimos de haber perdido una oportunidad? Los proverbios chinos, con sabiduría, nos recuerdan que “hay tres cosas que nunca vuelven: la palabra dada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida”.

 

Por otro lado, de muchas personas decimos que llevan un “tren de vida” muy alto. Eso se asocia a un alto consumo, el cual puede estar por encima de sus posibilidades (en cuyo caso en un futuro va a pagar por ello) o acorde con las mismas (en cuyo caso se deberá valorar si podrá mantener los recursos que le permiten mantener su actual ritmo de gasto). No obstante, es una trampa del lenguaje, ya que sólo se habla de mantenimiento económico, no energético (valorada así la salud de una persona) o familiar. Un ritmo de vida muy alto nos puede generar problemas de salud futuros y de convivencia presentes: es difícil que todas las personas más cercanas a nosotros estén de acuerdo con lo que hacemos y de cómo vivimos.

Continuando con la metáfora de Judt, deseamos la mejor compañía posible para todo nuestro viaje. El 14 de febrero es un día en el que recordamos, a nuestra compañía más cercana, todo nuestro amor y afecto. Sin embargo John Gottman no recomienda eso. Este experto ha estudiado el modo de vida de muchas parejas y es capaz de predecir, con una fiabilidad del 93%, si van a seguir juntas en los próximos diez años. La clave no está en las grandes celebraciones, son los pequeños detalles. Por ejemplo, dejar el móvil cuando nuestra pareja llega a casa y preguntarle por las experiencias que ha tenido a lo largo del día.

Esas pequeñas experiencias son las que hacen que nuestro viaje merezca la pena.

Suena la campana. Fin de la parada y del artículo.

De nuevo, partimos.

Educación.

La educación es un concepto que está en permanente debate, desde la época de la antigua Grecia, en la que se pensaba que “los jóvenes son unos maleducados y como sigan así no tienen ningún tipo de futuro”. En todo caso, el patrón no es del todo cierto. Como observó el escritor japonés Yukio Mishima, al menos los jóvenes deben preocuparse por tener un futuro. El problema, para él, eran los mayores: alcanzada una edad y cierta comodidad social, ya no tenían nada por lo que luchar. Boris Berezovsky, una de las personas más poderosas de la Rusia de Boris Yeltsin y multimillonaria, lo recordaba meses antes de su muerte: “mi vida ya  no tiene sentido, no me falta nada por hacer”.

Eso sí, actualmente se detectan tres cuestiones muy importantes, consecuencia de los nuevos tiempos, para las que debemos tomar medidas adicionales. Primero, los cambios sociales han hecho que ahora los chavales pueden venir de familias más desestructuradas. Eso dificulta la educación, ¿quién y cómo responde por el niño? Como decía un profesor italiano, ¿son los padres los nuevos sindicalistas? Segundo, los casos  de acoso escolar se han amplificado. ¿Asumen los centros educativos y los compañeros de los acosados la actitud adecuada? Tercero, las nuevas tecnologías y en particular el uso del teléfono móvil hacen que capacidades que deberíamos adquirir como consecuencia de la educación se las delegamos a nuestro aparato. ¿Para qué recordar una fecha de cumpleaños o un número de teléfono? Está en el móvil. ¿Para qué conocer el nombre de la capital de Mongolia? Está en el móvil. Concedemos al teléfono móvil capacidades de nuestro cerebro; por ejemplo, la memoria o el cálculo básico.

Es evidente que debería existir un Pacto Educativo. Por desgracia las estrategias electorales han demostrado ser, hasta ahora, un obstáculo insalvable. No obstante, hay más caminos. Algunos países tienen organismos en los cuales empresarios, técnicos y educadores se plantean cuáles pueden ser las profesiones del futuro para comenzar a formar a los jóvenes para ello lo antes posible. Eso implica adecuaciones constantes de la formación profesional  o los centros universitarios. Incluso en Estados Unidos cada universidad indica el total de personas que ha logrado colocar en el mercado laboral. Se trata de elegir, si los recursos y posibilidades lo permiten, el centro con mayor empleabilidad en la carrera de interés.

Hoy en día cada experto tiene “su” método y   existe competencia para vender el propio producto educativo. Se puede defender el modelo tradicional. Se puede “aprender haciendo”. Se puede mandar la teoría para casa y la práctica para clase. Se puede jugar con la transversalidad del conocimiento y mezclar asignaturas. Por haber, existen muchas opciones y la mayor parte de las veces no son excluyentes entre sí. Eso se lo podemos dejar a la libre elección de cada centro.

 

 

Otra cosa es elegir el centro. Ahí los poderes públicos no deberían influir: para unos padres pocas decisiones son más importantes que elegir la educación de sus hijos. Tienen incentivos suficientes para obtener la información más adecuada que les permita decantarse por una opción determinada. Lo ideal sería elegir el centro según su metodología educativa. Pero las ideologías pesan demasiado. Pensemos por ejemplo en los colegios concertados, la enseñanza pública, las ikastolas o el modelo D. No es difícil asociar un partido político concreto a cada una de estas posibilidades.

A menudo se olvida que la mayor parte de la educación no es del colegio: es del entorno familiar. En un estudio asombroso realizado en Estados Unidos entre niños inmigrantes en California, se comprobó que los hijos de asiáticos obtenían resultados académicos mucho mejores que los hijos de inmigrantes latinos estudiando en la misma clase. Sí, la responsabilidad de los padres es capital.

¿Existe algún principio con el que podamos educar a los niños siempre?

Aunque esta respuesta es subjetiva, se pueden tomar tres.

Primero, aprender durante toda la vida. La inversión en conocimiento es la que da mayor interés. Pero cada vez nos despistamos más: según el Centro Nacional de Información Biotecnológica norteamericano, en el año 2.013 el período medio de atención de la raza humana pasó a ser de sólo 8 segundos (en el año 2.000 era de 12). El período medio de atención de un pez es de 9 segundos.

Segundo, comprender que no se puede recibir sin dar. Es una regla de convivencia humana y se llama reciprocidad. Conforme los niños van creciendo deben ir aportando más a la unidad familiar con pequeñas tareas como barrer, recoger la mesa o sacar a pasear el perro.

Tercero, en la vida se pierde más de lo que se gana. En otras palabras, la vida es injusta y además trae más desgracias de las que esperamos. Pensar cuáles pueden ser nos prepara para afrontar mejor todas las circunstancias adversas.

Por último, aprender que hay dos muertes. Una es la física, y la otra se da cuando perdemos pasión por las cosas que hacemos.

Sólo una es inevitable.

Sociedad líquida, dinero gaseoso.

La reciente muerte de Zygmunt Bauman, uno de los filósofos más influyentes de nuestro tiempo, ha servido para recordar algunos de sus conceptos más famosos, los cuales nos ayudan a comprender mejor el mundo en el que vivimos.

La idea principal es la “modernidad líquida”, una expresión que nos dice que todo lo que nos sujetaba (en especial Estado, trabajo, familia y religión) ya no es seguro. El Estado ya no cubre todas las necesidades sociales y debe priorizar. El trabajo, si tenemos la suerte de tenerlo, cambia de un día para otro. Las familias desestructuradas están a la orden del día y la religión ya no es el centro del debate ni de la vida de muchas personas. Así, nos encontramos llenos de incertidumbre.

Aportó otras ideas como el interregno: lo viejo no acaba de desaparecer, lo nuevo no acaba de llegar. También es interesante el concepto de la adiaforización: la indiferencia ante lo éticamente incorrecto. Criticó el excesivo consumismo al vivir en un sistema que identifica felicidad con dinero: lo que tienes es lo que eres.

Si pensamos conceptos para explicar la situación actual de nuestro mundo los vencedores son tres: la sociedad líquida de Bauman, el mundo plano (todo está interrelacionado)  de Thomas Friedman y nuestro planeta patria (en el fondo, todos los seres humanos viajamos en el mismo barco y debemos cuidarlo) de Edgar Morin.

Asumiendo por lo tanto que la sociedad líquida, ¿existe algún concepto importante que esté en estado gaseoso? Sí. El dinero.

Es tan gaseoso que ante sucesos escandalosos relacionados con el mismo nos quedamos relativamente indiferentes. Los dos principales son el reciente rescate de los bancos, que de momento ha costado a las arcas públicas 41.487 millones de euros, y el rescate de las autopistas, con un desembolso estimado entre 4.000 y 5.000 millones de euros. En el caso de los bancos algunas personas si están siendo juzgadas, pero en el de las autopistas todavía la cosa está en trámites de solucionarse.

Todo ello es debido a dos problemas que son vergonzosos en los tiempos en los que nos toca vivir. Primero, es incomprensible que exista un negocio como el bancario en el cual si una empresa es “demasiado grande para caer” es rescatada por los gobiernos. ¿Cómo se puede permitir eso? Segundo, la posibilidad existente, en el caso de las autopistas, de existir negocios en los que la ganancia es privada y la pérdida pública. ¿Cómo puede ser? ¿Por qué no aparecen los responsables de todo ese desaguisado y pagan con su patrimonio por ello? Es un principio muy simple, y es que no tomamos las mismas decisiones si nos jugamos nuestro dinero. Como tantas cosas en la vida, una cosa es lo que debería ser, otra lo que es. Deberíamos tener un sistema económico más justo, y sin embargo parece que las reglas benefician más a unos que a otros.

Existen más argumentaciones a favor del dinero gaseoso. Es una tendencia indiscutible el hecho de que cada vez se paga menos con monedas y billetes y más con dinero electrónico. Pagamos con un simple bit, y muy pronto sólo con el móvil (la parte más importante de nuestro cuerpo junto con el bolsillo). Así, se convierte en una posibilidad razonable la inexistencia de dinero en el futuro.

Estos avances tecnológicos permiten que cada vez sea más fácil tributar en otros lugares para las personas que ganan mucho dinero, y los casos de famosos abundan. Incluso se agradece la claridad de Alex Crivillé, piloto retirado de motociclismo: “el deportista español que no tributa fuera es un burro”. Sí: teniendo en cuenta que vivimos en el mundo plano de Friedman, solucionar el problema de la tributación global será uno de los mayores retos del futuro. En caso contrario, las desigualdades serán cada vez mayores.

Todavía hay más: el Banco Central Europeo está inyectando cada mes una cantidad sideral de dinero en la compra de diversos activos financieros destacando entre ellos la deuda pública. Dejando de lado la burbuja monetaria (alta inflación futura) y de deuda (los países no tienen incentivos para hacer las reformas estructurales pendientes), cada mes se introduce de la nada en el sistema la cantidad de 80.000 millones de euros. Con lo que cuesta ganar mil euros al mes, la magnitud de estas cifras da vértigo.

Y dejamos lo mejor para el final. ¿Qué es antes, el huevo o la gallina? Aplicado a nuestro caso, ¿qué es antes, la riqueza o el dinero? En las civilizaciones antiguas, primero se creaba la riqueza en forma de cosechas del campo y usando como referencia el grano de trigo después se generaba el dinero. Hoy en día es al revés: se crea dinero a partir de un bit, y posteriormente el valor de la riqueza global depende de la cantidad de dinero existente en el sistema.