Archivos mensuales: diciembre 2016

Navarra, balance 2016.

El día de Navarra siempre es buen balance para valorar el camino que lleva nuestra tierra, sus amenazas y sus oportunidades.

Para empezar, podríamos definir qué es Navarra. Para Yuval Noah Harari, es una entidad intersubjetiva. Harari es uno de los intelectuales de referencia de nuestro tiempo, autor del superventas “De animales a dioses. Breve historia de la humanidad”. Ahora ha amplificado su teoría  con el reciente “Homo Deus”. Su tesis es asombrosa. Según él, la clave del desarrollo de nuestra especie es el uso de las entidades intersubjetivas, definidas como “red de leyes, fuerzas o lugares que sólo existen en la imaginación común”. Gracias a estas entidades o “realidades imaginadas” en las que todos creen avanzamos ya que nos ayudan a colaborar entre nosotros. Como ejemplos posibles  tenemos la ONU, los derechos humanos, las religiones o empresas como Peugeot (ejemplo de referencia del libro). La idea es sencilla: ¿cómo podrían desaparecer estas entidades? Es claro que si desaparecen todas las fábricas de  Peugeot, la marca sigue existiendo. Peugeot no es un ente sólido: está en nuestra imaginación.

Creamos o no en esta teoría, estas entidades han moldeado la historia del ser humano. Incluso nos sentimos más unidos a una persona que pertenezca a nuestra entidad subjetiva: si es de nuestro equipo de fútbol, de nuestra religión o le gusta cierta marca de coches. Ello genera cauces de colaboración y de confianza.

Desde este punto de vista, Navarra es también una entidad intersubjetiva, ya que en ella conviven personas que no se sienten como navarros. Por eso la legislación en el ámbito  de las entidades intersubjetivas es muy delicada: al estar en la imaginación de las personas y en lo más hondo de sus sentimientos pueden generar enfrentamientos. Así ha sido la historia de la humanidad.

No obstante, eso no impide valorar los retos que tiene nuestra tierra. Para ello, debemos contextualizarnos en el mundo. Y eso pasa por un debate en el que recientemente entró Guy Ryder, presidente de la OIT (organización internacional del trabajo) cuando comentó el dilema existente en el organismo: ¿se debe insistir en las políticas tradicionales o el mundo ha cambiado para siempre y por lo tanto debemos buscar caminos nuevos?

Posiblemente lo más correcto sea lo segundo por cuatro razones fundamentales. Uno, hiperconexión. Existen dos niveles: vía información (Internet) e interrelación entre agentes económicos (una empresa textil española compite con otra empresa china). En consecuencia y en términos prácticos vivimos en un único país: nuestro planeta, con lo cual muchos problemas son mundiales. Y cuando precisamente por ello son necesarias instituciones globales, los países optan por cerrarse en sí mismos. Paciencia.  Dos, los cambios en el mercado de trabajo debido a la mecanización de las fábricas y a las mejoras tecnológicas. Trump tenía razón cuando prometió que volvería a industrializar Estados Unidos. Omitió un detalle: las personas ya no iban a ser necesarias. Tres, la enorme fuerza que tienen empresas que por naturaleza son monopolio y es difícil que dejen de serlo. Es un modelo nuevo llamado GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple). Cuatro, el Estado de Bienestar ya no cubre las necesidades que demandan las clases medias y eso genera frustración, la cual desemboca en populismos.

¿Qué puede hacer Navarra ante estas circunstancias? Este cambio genera los siguientes retos. Primero, cómo competir dentro del mundo global. ¿Tenemos suficientemente desarrolladas las industrias 4.0? ¿Debemos profundizar por allí? Segundo, cómo afrontar los cambios demográficos que conlleva este cambio, ya que genera el llamado “voto con los pies”: las personas tienen menos hijos y muchos jóvenes emigran. Tercero, cómo mantener el equilibrio territorial. Hoy en día la mayor parte de la población y riqueza está concentrada en la cuenca de Pamplona (incluyendo los lugares con fácil conexión mediante autovía) y eso origina zonas despobladas o en decadencia, las cuales van perdiendo influencia poco a poco. Tan poco a poco que no somos conscientes de ello.

Para afrontar estos retos, deberemos tener en cuenta las siguientes claves. Primero, profundizar y mejorar lo que ya tenemos. En este aspecto, los dos polos principales de riqueza son la Volkswagen y la Universidad de Navarra (vía enseñanza, investigación y medicina) aunque existen otros con posibilidades de mejora como el sector agroindustrial en la Ribera. Dos, evitar los enfrentamientos inútiles cuando estamos hablando de retos formidables. En este contexto, mantener ciertas reglas de convivencia es imprescindible. Tercero, en economía no se sabe lo que se debe hacer, pero sí se sabe lo que no se debe hacer. Los ajustes impositivos son necesarios ya que el Estado de Bienestar no da para más, pero con cuidado, no sea que espanten empresas. Es evidente: sin empresas no hay riqueza.

Un mundo nuevo, que genera unos enormes retos que se deben afrontar a partir de ciertas claves para que esta entidad subjetiva, esa ficción legal a la que tanto queremos y que denominamos Navarra pueda prosperar en una época llena de incertidumbre, recordando que  siempre existirán nuevas oportunidades.

Feliz búsqueda.

 

Somatización.

La reciente muerte de Rita Barberá ha planteado un debate crucial: unos dicen que ha sido muerte natural y otros dicen que  la han matado, como se dice en el lenguaje popular, “a disgustos”. ¿Quién tiene razón? Como siempre, posiblemente todos tengan una parte. Pero el asunto nos lleva  a una cuestión infravalorada en nuestra sociedad: la somatización. ¿Qué es? ¿A qué corresponde?

Una persona sufre una somatización cuando un problema o preocupación grave se traslada a su estado de salud. Y es una cuestión muy seria. Fotos de políticos como Barack Obama o José Luis Rodríguez Zapatero fueron usadas como prueba para comprobar los estragos que hacía el ejercicio del poder en su cara. Sí, muchas personas ambicionan poder. Pero luego ese poder, las batallas internas y externas con las que se debe lidiar un día sí y otro día también pueden terminar pasando factura. Claro que es cierto aquel dicho de que “el poder desgasta, pero la oposición desgasta más”. Pero las luchas internas de partido a veces son más duras: como decía Konrad Adenhauer, “hay enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido”.

La verdad es que podemos sacar conclusiones erróneas: muchas veces creemos que unas personas han terminado más desgastadas debido a que han sufrido por decisiones duras que debían tomar y otras no lo han hecho debido a que no tenían escrúpulos. Eso no es necesariamente así; es posible que esté más preparada una persona que en cierta forma sepa controlar el peligroso concepto de la somatización.

Muchos de los problemas que podemos tener en nuestra vida, mal llevados, pueden terminar afectando a nuestra salud y a nuestros hábitos. Las personas que pese a todos sus esfuerzos no encuentran trabajo puede que se acostumbren a dormir más, lo cual les lleva a perder energía y a tener una baja motivación para realizar otras actividades que antes le entusiasmaban : pensemos en los mayores de 45 años: las estadísticas recientes de parados de larga duración son desoladoras. Personas traumatizadas por diferentes hechos como rupturas matrimoniales (suyas o de personas cercanas, no lo olvidemos: una ruptura no afecta sólo a la pareja y a sus hijos: afecta a todo el microcosmos de dicha familia), un cambio grave en el estado de salud de sus padres, una nueva situación de incertidumbre ante la situación laboral que antes no teníamos o los resultados académicos de un hijo que se puede estar estancando. Sí, muchos sucesos que nos aparecen en la vida y que la mayor parte de las veces son completamente inesperados nos pueden terminar afectando de una manera enorme. ¿Cuántas veces no hemos oído de alguien que “ha perdido la chispa” o que “después de ese disgusto ha envejecido cinco años de golpe”?

Por supuesto, se dan casos en los que alguien ha hecho algo por lo que posteriormente se siente incómodo ya que está muy arrepentido de ello. Es la temida disonancia cognitiva, que consiste en el desequilibrio interno que tenemos con nosotros mismos cuando hacemos lo que no queremos debido a la dejadez o cuando cumplimos órdenes con las que no estamos de acuerdo ya que no tenemos otro remedio. También el disgusto se acumula.

Todo ello son las cosas de la cabeza. Más aún, del cerebro. Pese a todos los avances que se puedan realizar en neurociencia siempre mantendrá una capacidad impresionante: es el único órgano del cuerpo humano que tiene la capacidad de autodestruirse.

Volviendo al tema principal, ¿cómo evitar la somatización interna? ¿Cómo hacer que una preocupación o problema no termine devorándonos por dentro?

Respecto a las preocupaciones, se trata de relativizarlas. Cuando se cumple el evento al que tanto tememos las cosas no son tan malas como creíamos a priori (por cierto, lo mismo ocurre si nos toca la lotería: pasadas las copas de champán y unos pocos días seguimos como siempre). De hecho, la mayor parte de las personas, antes de morir, se arrepienten de haberse preocupado demasiado a lo largo de su vida.

Otro asunto son los problemas. Nos cuesta verlos como inherentes a la vida, en la misma categoría que el amanecer, la puesta del sol, la pobreza o la corrupción. Así pues, como son inevitables, mejor afrontarlos de manera directa aunque muchas veces lo más cómodo sea darles una buena patada hacia adelante.

Lo que está claro es que sólo hay una forma de minimizar la somatización: tener la conciencia tranquila. Hacer lo que pensamos que debemos hacer con la información de la que disponemos en ese momento. Es la mejor forma de mantener una buena cara y una mejor salud. Ya lo decía George Orwell: “ a los 50 años una persona tiene la cara que merece”.

Sanidad.

Los dos aspectos más importantes que afectan a los Presupuestos Generales del Estado son siempre la sanidad y la educación. En el primer caso, existe cierto consenso para llegar a un acuerdo entre los partidos políticos, pero no así en el segundo. Se repite de forma reiterada que debería alcanzarse un pacto global para la educación. Sin embargo, no creemos que se vaya a llevar a cabo por los motivos partidistas de siempre. Esta dicotomía constata una conclusión destacable: allí donde no hay divergencias políticas, las cosas funcionan mejor.

Ahora bien, la sanidad siempre ha originado controversia en cualquier lugar donde nos encontremos. Sólo en Estados Unidos la reciente victoria de Trump ha logrado que al siguiente día, más de 100.000 personas hayan intentado acogerse al plan de Obama. Y, en este sentido, nos cuesta comprender los problemas norteamericanos debido a las diferencias culturales existentes. Como hemos nacido con una sanidad pública, pensamos que debe seguir así ya que “nos la hemos ganado”. En EE.UU, sin embargo, la idea es distinta: tu sanidad te la generas tú, con la riqueza que creas. Y en caso de extrema necesidad, existe el Medicare o Medicaid.

Dos de los pensadores más influyentes en Estados Unidos son Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner. En una de sus conversaciones (narrada en el excelente libro “Piensa como un freak” de ambos autores) cuando David Cameron no era todavía Premier Británico, comentaron el funcionamiento del NHS (Servicio Nacional de Salud). El choque de ideas fue brutal: para los norteamericanos, es demencial este sistema ya que “cuando la gente no paga directamente, ni es consciente del coste de algo, tiende a consumirlo de manera ineficiente”. Por esa razón la palabra “copago” produce espanto en nuestro país, ya que nos han educado con el argumento de que “la sanidad es gratis”  sin que esta falacia haya sido desenmascarada.

El debate es viejo. Y sigue abierto. Quizá la autonomía de gestión sin políticos ni sesgos hacia ideologías partidistas, sea una solución viable. Por lo menos debería servir para intentar nuevos caminos que ayudasen a conllevar el problema, bajo las directrices de unos responsables elegidos en base a igualdad, mérito y capacidad. No obstante, analicemos cuestiones fundamentales asociadas al ámbito sanitario.

Primer debate: ¿sanidad pública o privada? Se trata de una elección con un aspecto diferenciador clave: la renta de cada persona. Pero no podemos obviar que se produce una injusticia: el que usa sanidad privada también está pagando la pública, ya que eso viene de sus impuestos. ¿Cómo gestionar este asunto? Muy sencillo: cobrar exenciones fiscales a las personas que adquieran seguros privados. Eso hará que más personas se acojan al sector privado liberando recursos para la sanidad pública.

Segundo debate: ¿cómo afrontar las enfermedades raras o de larga evolución? La falta de presupuesto hace que esos pacientes tengan una vida más difícil. Solución: ¿no estamos en Europa? Aprovechando las diferentes economías de los países miembros se podrían crear centros especializados en cada país y en cada área. Ello reforzaría el sentimiento europeo. Eso es lo que sucede en Estados Unidos. Es dar otro sentido a la especialización.

 

Tercer debate: pese a todo, el sistema puede quebrar. Las personas viven cada vez más tiempo. Por otra parte, el dinero escasea. Solución: supongamos que una persona ingresada en el hospital cobra un salario o subsidio público. Esta persona no va a hacer en su casa ningún gasto de energía ni de alimentación. ¿Por qué no detraer cinco euros al día por su ingreso?  Sabemos que la medida es antipopular y que va a originar muchas críticas. Pero no es un cobro: simplemente el dinero que ya no gasto en cubrir mis necesidades más básicas lo dejo en el hospital para poder ayudar a cubrir los inmensos gastos que mi ingreso ocasiona.

Cuarto debate: con las nuevas tecnologías de hoy ya se puede lograr en algunos casos que las personas estén hospitalizadas en su casa. En San Francisco existe una farmacia gestionada por un robot. No se equivoca en las recetas. Y los farmacéuticos lo hacen muy bien: sólo se confunden el 1,7% de las veces. Por desgracia, en Estados Unidos eso supone millones de recetas confundidas. El desarrollo de asistentes virtuales podría servir para ahorrar costes y reducir ineficiencias. Aquí no hay política posible. Llegaremos a este escenario mediante una simple evolución.

Quinto debate: enfermedades degenerativas. ¿Qué hacer con las personas que mentalmente ya no están en este mundo? Una persona afectada de ELA comentaba: “mi perro va a tener una muerte más digna que yo”. ¿Cómo solucionar la atención a estos enfermos? ¿Cuáles son los aspectos éticos, deontológicos y sociales que acarrea su cuidado? Es preciso abrir un debate relacionado con su asistencia. Si no, el problema nos sobrepasará.

Sanidad pública, privada. Enfermedades raras. Sostenibilidad del sistema. Nuevas tecnologías. Enfermedades degenerativas. Problemas difíciles, soluciones complejas. Quizá por eso hay que mirarlos de frente.