Archivos mensuales: octubre 2015

El bipartidismo y el mensaje del miedo

Sobre aquellos brotes verdes de pueril ocurrencia y evidente desconocimiento económico, crecen ahora los esperanzados augurios de la recuperación financiera. En una arriesgada profecía milagrera, síntoma del temor a las urnas, el Gobierno hace repicar las campanas anticrisis pretendiendo que el ruido de su triunfalismo sea mayor que las nueces de nuestra realidad. Con cuestionables argumentos como la revalorización de las pensiones y la subida del salario mínimo, Rajoy y sus discípulos autonómicos intentan maquillar la imagen de una nefasta legislatura, ante el riesgo de un descalabro electoral. Y hacen redoblar los tambores del miedo con las baquetas del bipartidismo que, por mediación de los dioses, se acaba de convertir en el único y lenitivo engranaje que dará estabilidad a nuestra nación. La rotunda defensa que el Gobierno hace de esta opción política “con la que vive mejor” (sic) ha llevado a nuestro presidente a ensimismarse y a tomar ejemplo de países como Alemania, Francia, etc., donde, según sus palabras, el centro derecha y el centro izquierda se han alternado normalmente en el poder, favoreciendo la estabilidad política (y, por lo tanto económica).
Habrá que recordarle al presidente y a los economistas que le han asesorado que , según datos de Eurostat, Francia, segunda economía de la zona Euro, no ha obtenido un solo superávit presupuestario en su sector público en 20 años, observando unos ingresos fiscales inferiores a sus gastos durante ese tiempo. Su deuda supera el 90% del PIB (hace 20 años era aproximadamente del 55%).
Por otra parte, Alemania, la locomotora de Europa, ha sufrido nada menos que catorce déficits públicos en estos últimos años por tan solo cuatro superávits presupuestarios, dos de ellos por tan sólo el 0.1% del PIB. La deuda germana se encuentra en la actualidad próxima al 80% de su PIB. En 1995 suponía el 54,6%. España, cuarta economía de la Zona Euro (la tercera es Italia) consiguió tres superávits en el periodo 2005-2007. Pero en los diez años posteriores anotaron nueves déficits públicos. Nuestro país consignó el mayor déficit público de la Eurozona en el segundo trimestre del 2014. Todas las previsiones indican que el nuevo déficit iniciado en 2008 permanecerá hasta 2018. La deuda pública española roza actualmente el 100% del PIB. Sin comentarios.
Evidentemente, el miedo a que otras formaciones políticas irrumpan en el escenario ciudadano tras estos datos económicos demuestra la inseguridad de unos gobiernos, centrales y autonómicos, que no han sabido solventar ni uno solo de los problemas sociales que ahogan a nuestros territorios.
Igualmente, y por lo que respecta a Navarra, el bipartidismo ya se ha demostrado agotado e ineficaz para cimentar las bases que pudieran hacer germinar un equilibrio económico y social futuro. Ni siquiera las grandes formaciones políticas navarras, directoras de los sucesivos gobiernos autonómicos, se han mostrado capaces de establecer acuerdos y pactos para otorgar una posible estabilidad a nuestra tierra. En una legislatura plagada de desencuentros, escasa altura de miras y pobre visión política futura, han sido escasas las dulzuras que tenemos que agradecer a la herencia recibida del parlamento, a no ser un legado con miles de navarros en las listas del paro, escasa iniciativa para I+D, empleos precarios y problemas de financiación en muchas partidas sociales (mientras que en otros asuntos menos prioritarios se invertía de forma inexplicable). Todo ello sin mencionar las bolsa de ciudadanos en el umbras de la pobreza y una industrialización estancada, o tendiendo a la quiebra, en comarcas anteriormente estables.
Pero curiosamente, la euforia económica en nuestra comunidad también parece haberse contagiado del discurso de la recuperación y ya se empieza a hablar de fuegos artificiales para 2015. Sin embargo, nadie explica cómo va a suceder el milagro. nos cuesta crees que quienes no han sido capaces de mitigar durante 4 años de legislatura el desempleo miserable que impera en Navarra (termómetro infalible de la recuperación) puedan ahora catalizar nuevas ideas para salir de la crisis. Y, es que, algunos seguirán siempre utilizando criterios (¿?) y discursos basados en la política de la propaganda, sin internarse en la procedencia profunda de esos discursos ni probablemente en la ética que los debería sustentar. Quizá es que ahora, a elecciones próximas, a muchos les convenga cambiar la perspectiva real para que se ajuste a sus criterios particulares, es decir, al criterio que interesa políticamente en este momento. Buscando la victoria verbal (sólo verbal). Como casi siempre.

Félix Zubiri – Médico de Familia

Volviendo de Siracusa

Cuentan que el filósofo griego Platón, viendo cómo se gestionaban los problemas de su comunidad, decidió entrar en política. Pensaba que desde dentro se podrían arreglar las cosas y encontrar mejores soluciones para su pueblo. Pero volvió rápidamente a su puesto de trabajo, escarmentado y defraudado. Desde entonces, cada vez que alguien entra en política y vuelve desencantado, se le pregunta: ¿qué tal tu viaje por Siracusa?

Este es el viaje que suelen vivir muchas personas. ¿Merece la pena? Todo lo que se hace de acuerdo a nuestros valores y propósitos la merece; todo lo que se intenta bajo el halo de la coherencia es legítimo. Aunque el desenlace no sea el esperado. No podemos olvidar que vivimos en una sociedad donde mandan los resultados, bien sea en términos de puestos de trabajo, salarios o reputación social. Aunque esta máxima se ha convertido en algo común (haciendo ley), somos partidarios de modificar el escenario, intentando que el discurso honesto lleve a la acción, y no al contrario. Socialmente admiramos a las personas que tienen una posición de prestigio. Sin embargo, en muchos casos, desconocemos los medios y el esfuerzo que han empleado para llegar a cumplir sus objetivos. ¿Qué es más admirable? ¿Alguien que renuncia a un puesto muy goloso debido a su ética personal o alguien que lo consigue y lo acepta por cualquier medio sin merecerlo?. Un buen principio para poder ser fieles a nuestros valores sería el suscrito por el primer ministro ruso Yegor Gaidar: “Haz lo que tengas que hacer y lo que tenga que ser será”.

¿Cuáles son los incentivos que hacen que una persona se dedique a la política?

La respuesta está en el pensamiento de cada ciudadano y puede ser variada. Pero, desafortunadamente, la corrupción que hemos visto en algunos políticos recientemente nos ha llevado a pensar que todo se resume finalmente a posibles favores futuros. Es una actuación lógica para la mente de muchas personas. A pesar de todo, hay quienes siguen entrando en política por razones más altruistas, más coherentes, más honestas. Por eso nos preguntamos con ingenuidad: ¿qué es la política para muchos, un fin o un medio?

Algunos piensan que la política es un fin en sí mismo. Un fin buscado bajo premisas utilitaristas en una sociedad donde las normas morales vigentes no son más que formalismos de la cultura dominante. Una cultura que no les permite un nivel razonable de ingresos y reputación personal.  A partir de ahí, los que así piensan tratarán de dar algunas ideas en los medios repitiendo los mensajes ya conocidos por todos: “la sanidad debe ser universal”, “las tasas de desempleo son impresentables”, “educación de calidad para todos” y buscarán inmediatamente servirse de su puesto político. Ahora bien, ¿quién no quiere estas mejoras? No obstante,  eso supone subir impuestos, endeudarse o quitar presupuesto de otro lado. Las cosas que queremos son muy nítidas. Pero, ¿cómo las llevamos a la práctica?

 

 

Otros, por el contrario, piensan que la política puede ser  un medio para poder lograr un mundo mejor, un buen altavoz para aportar ideas donde, además, participen personas con vocación de trabajo por la comunidad, aspecto ya gratificante de por sí. Por desgracia, es difícil lograr ese objetivo en muchas ocasiones. Se impone pues, en aras de la autenticidad, la reconsideración de la política, la revisión radical que permita distinguir las incongruencias que los desfiguran y la vuelta a un orden jerárquico de valores por el que tradicionalmente se ha regido la sociedad, tal como lo hemos observado en el reciente caso de Nepal, donde el mundo se ha unido para ayudar a los necesitados. Sin embargo, no siempre ocurre así. En numerosas ocasiones el mundo de los políticos da la espalda a numerosos conflictos ¿Tiene esto solución?

La evidencia ha demostrado que los mensajes actuales y los que se están aportando en la presente campaña electoral no sirven. Se necesita algo nuevo y rompedor. Cuando le preguntaron a Henry Ford qué demandaba el pueblo, su respuesta fue: “un caballo más rápido”. Por fortuna, Ford tomó una solución disruptiva: el coche.

¿Qué necesita, pues, nuestra sociedad? Necesita esperanza. Necesita pasión. Necesita creer que un mundo mejor es posible. Un propósito de mejora continua, denominado en japonés “Kaizen”. Necesitamos que esa mejora llegue a cada persona para que cuando le preguntemos ¿qué tal estás? su respuesta no sea: “bien, sin entrar en detalles”.

Queremos poder decir a cada ser humano, como expresa Carlo Fabretti, “Estás en el mejor momento de tu vida porque es el resultado de todos los anteriores. Estás mejor cada día, porque cada día eres mejor”. No queremos ser más que los demás. Queremos ser más con los demás. Y lograr una sociedad más humana. Quizá ha llegado el momento de ponernos a ello.

1.- En cuanto volvamos de Siracusa. Que será muy pronto.

2.- Por eso ya estamos volviendo de Siracusa.

Javier Otazu. Profesor de la UNED de Tudela.

Félix Zubiri. Médico de Familia